
El mandatario estadounidense dijo que contempla medidas severas si Moscú insiste en sus agresiones. “Es muy serio lo que tengo en mente, si llega a ser necesario”, afirmó
El presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin se miran durante una conferencia de prensa después de su reunión para negociar el fin de la guerra en Ucrania, en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson, en Anchorage, Alaska, EEUU, el 15 de agosto de 2025 (REUTERS/Kevin Lamarque/Foto de archivo)
En el ala este de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump lanzó este mates una advertencia clara: si el presidente ruso Vladímir Putin no acepta un alto el fuego en Ucrania, Estados Unidos impondrá sanciones económicas severas.
No será una guerra mundial, pero sí una guerra económica, y una guerra económica va a ser perjudicial. Va a ser perjudicial para Rusia, y no quiero eso”, ha declarado durante una reunión con miembros de su gabinete en la Casa Blanca.
El contexto de estas palabras no es nuevo. Desde julio Trump ha impulsado una política de presión económica directa: el 14 de ese mes amenazó con aranceles del 100% y sanciones secundarias a los países que importaran petróleo ruso, exigiendo un alto el fuego en el plazo de 50 días, aunque luego redujo ese plazo al 8 de agosto.
a medida es parte de una estrategia dual: usar tanto vetos financieros como incentivos comerciales para empujar hacia una solución diplomática. En efecto, recientes discusiones incluyen propuestas concretas de cooperación en el sector energético, como el posible regreso de Exxon Mobil al proyecto Sakhalin‑1 o ventas de equipos de gas natural licuado, así como la compra de rompehielos nucleares rusos por parte de EEUU.
Ese enfoque mixto refleja una diplomacia que busca combinar presión y concesiones. Por un lado, Trump habla de sanciones “muy graves”. Por otro, su administración explora caminos que permitan aliviar restricciones económicas si Rusia muestra disposición negociadora.
El senador Lindsey Graham, fuerte aliado republicano en el Congreso, refuerza esa política. Según información reciente, está dispuesto a respaldar sanciones que incluyan aranceles totales —hasta 500%— sobre países que compren energía rusa, si Putin no acepta sentarse con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky. Además, la Ley de Sanciones a Rusia de 2025, promovida por Graham, ya prevé esas medidas en el Congreso. Fue introducida en abril con respaldo bipartidista.
Esta línea firme se sostiene también sobre un historial reciente. El 15 de agosto, en una cumbre en Alaska, Trump se reunió con Putin y dejó abierta la posibilidad de un encuentro posterior que incluyera a Zelensky, siempre que hubiese avances. Días más tarde, el 22 de agosto, insistió ante los medios: “Vamos a saber en dos semanas si hay posibilidades; si no, decidiremos entre sanciones masivas, aranceles o hacer nada”.
Estados Unidos no actúa en solitario. Se ha planteado abrir canales de negociación de desnuclearización con Rusia y China como parte de una agenda mayor de seguridad global. Al mismo tiempo, el envío de su enviado especial Steve Witkoff a Moscú y las conversaciones con líderes europeos buscan articular una estrategia conjunta ante la escalada del conflicto en Ucrania.
