
El ex ministro de Economía se metió en la negociación legislativa para frenar los capítulos de extranjerización de tierras y manejo del fuego del Gobierno. El reclamo para lograr un acuerdo amplio y el peso de la ex presidenta en la construcción.
El peronismo sintió, y corroboró en el momento que se puso a votación el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, que había ganado una batalla difícil en el Senado. El proyecto ideal del oficialismo se desmembró. El PJ se lo comió por dentro. Fue una votación que se trabajó tras bambalinas entre legisladores, referentes del peronismo y gobernadores. Teléfonos abiertos, pedidos, convencimientos, cuentas rápidas y equilibrio en el juego de la política.
De esas conversaciones participó Sergio Massa, en su rol de hombre fuerte del peronismo, con base en sus oficinas de Avenida Libertador y siempre inmiscuido en las negociaciones cruzadas de peso específico en la discusión legislativa. El líder del Frente Renovador estuvo en contacto con algunos senadores del espacio durante el día previo a la sesión y durante todo su desarrollo. Teléfono en mano, se volcó al campo de la negociación parlamentaria para frenar la ley.
La senadora nacional Juliana Di Tullio lo dejó a la vista en un mensaje encriptado en sus redes sociales. Escribió: “El pueblo argentino logró lo impoSible: que este gobierno enTreguista tenga que bajar dos capítulos claves del proyecto de inviolabilidad.La ley de tierras y la ley de Manejo del fuego siguen vigentes”. Fue una forma de saludar en código a Sergio Tomás Massa, con el que estuvo en contacto durante todo el jueves. Las casualidades casi nunca existen.
Massa se inmiscuyó en la negociación opositora para intentar frenar el capítulo de extranjerización de tierras, que había despertado un fuerte rechazo social, masificado por la exposición pública de algunos artistas como Lali Espósito, Tini Stoessel, Catriel o Emilia Mernes, que tienen miles de seguidores en sus redes. El líder del Frente Renovador se comunicó con distintos gobernadores para operar la caída de los votos que el oficialismo contaba para sostener el proyecto inicial. Puso sus cartas arriba del tablero y jugó a su forma.
Tuvo contacto, vía llamados y mensajes directos con los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Hugo Passalaqua (Misiones) y Rolando “Rolo” Figueroa (Neuquén) para convencerlos de que no tenían que acompañar al Gobierno. Les dijo que si seguían ese camino terminarían votando una ley que iba a dejar el camino abierto para que pierdan territorios importantes en sus provincias y que era un sinsentido del Gobierno la iniciativa. Una apuesta sin sustento en la política ni en la gente.
