La expansión de los agentes de inteligencia artificial (IA) dentro de las empresas está abriendo una nueva puerta para los ciberdelincuentes. Investigaciones recientes muestran que un atacante puede manipular a uno de estos sistemas para que transmita instrucciones maliciosas a otros agentes de una misma organización y consiga acceso a información confidencial, bases de datos o recursos internos. El problema fue identificado durante los últimos cinco meses en organizaciones como JPMorgan Chase, Rapid7, Weaviate y organismos gubernamentales de Francia. Aunque estas entidades no tienen una relación directa, todas utilizan agentes de IA conectados entre sí para ejecutar tareas de manera automática. La técnica aprovecha una debilidad sencilla de explicar: un agente de IA puede confiar demasiado en otro agente. Si uno recibe una instrucción maliciosa y la transmite como si fuera una tarea legítima, el siguiente sistema puede ejecutarla sin comprobar suficientemente su origen.
El nuevo peligro de la IA: un agente puede engañar a otro para que robe información








