En los pasillos de las automotrices argentinas y de algunos sectores del Gobierno todavía resuena el eco de las declaraciones de Herlander Zola, presidente de Stellantis Sudamérica, realizadas a medios especializados brasileños el pasado martes en Sao Paulo, en los que puso en duda la continuidad de la operación industrial de la automotriz en Argentina si no cambian las condiciones de competitividad. Una de las frases más resonantes del ejecutivo brasileño fue la que señala la raíz de los problemas que enfrentan las plantas de Palomar y Ferreyra en las provincias de Buenos Aires y Córdoba, respectivamente. “El libre mercado en Argentina nos ha dejado fuera de juego, y cualquier cosa puede pasar. Podríamos cerrar una o ambas fábricas, o podríamos mantenerlas. Pero el costo de producción es muy alto allí; el costo de la mano de obra, por ejemplo, duplica el de Brasil.
El nuevo mapa del mercado automotor: qué marcas ganaron y cuáles perdieron con la apertura de las importaciones








