Un estudio de la Universidad de Washington en San Luis reveló cómo la dopamina modifica la forma en que el cerebro procesa los olores. La investigación comprobó que dos sustancias químicas opuestas regulan la intensidad con la que los animales responden a las señales olfativas, un hallazgo que explica la atracción por la comida. El equipo liderado por el docente Barani Raman analizó el comportamiento de la langosta (Schistocerca americana), un modelo biológico utilizado en neurociencia por la simplicidad de sus circuitos sensoriales. Las conclusiones, difundidas en la revista Journal of Neuroscience, mostraron que la dopamina y la octopamina alteran la actividad neuronal y redefinen la respuesta física ante aromas a hierba, limón, rosa y almendra. Durante los experimentos, la exposición a la dopamina volvió las redes neuronales olfativas más sensibles.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.








