Gustavo Moya y Fernando Peiretti comenzaron en 2019 a experimentar con una pequeña máquina en un departamento de Quilmes. Después de varios errores, un incendio y años de reinversión, construyeron una empresa que ahora busca multiplicar por diez su producción.
Dos amigos viajaron a Colombia y Brasil, descubrieron un negocio inesperado y hoy facturan $700 millones al año








