El domingo a la noche Brasil tendrá un nuevo presidente. En un balotaje que se anticipa reñido, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se disputarán el poder de la principal economía de Sudamérica. Pero el resultado también tendrá repercusiones del otro lado de la frontera. A menos de un año de las elecciones presidenciales de 2027, Javier Milei y el peronismo siguen con especial atención una elección en la que tienen intereses contrapuestos. Lo que ocurra en las urnas brasileñas no solo definirá el futuro político del país vecino, sino también qué aliados tendrán el oficialismo y la oposición argentinos en la región.
Milei no ocultó su preferencia por Bolsonaro. Respaldó públicamente su candidatura, participó del lanzamiento de campaña y convirtió la elección brasileña en otra batalla contra la izquierda. Esta semana incluso insinuó que una derrota de Flávio podría deberse a un fraude electoral. La reacción de Brasil fue inmediata: la Cancillería acusó al Presidente de una injerencia en el proceso democrático brasileño y calificó sus declaraciones de “antidemocráticas” y “desequilibradas”.
Del otro lado, el kirchnerismo apuesta por la continuidad de Lula, con quien mantiene una relación histórica. Pero no es el único sector del peronismo que sigue de cerca la elección. Axel Kicillof, que busca proyectarse como una alternativa presidencial para 2027, también construyó un vínculo propio con el líder del Partido de los Trabajadores (PT). En la primera vuelta, Wado de Pedro, Victoria Tolosa Paz y otros dirigentes del PJ estuvieron en el búnker del mandatario brasileño.
La elección llega en un escenario de fuerte polarización. Las últimas encuestas muestran una disputa muy ajustada, con Bolsonaro ligeramente por delante en varios relevamientos. En Argentina, mientras tanto, la atención está puesta en qué consecuencias puede tener el resultado para el vínculo bilateral y para los armados políticos que ya empiezan a proyectarse hacia 2027.
Para Milei, un triunfo de Flávio Bolsonaro significaría mucho más que la llegada de un dirigente ideológicamente cercano al poder. Le permitiría contar con un aliado en el principal socio comercial de la Argentina y presentar el resultado como parte de un avance de las derechas en América Latina, en momentos en que busca su reelección.
El Presidente se involucró personalmente en la campaña. A fines de junio recibió al candidato brasileño en Buenos Aires y, semanas después, viajó a San Pablo para participar de la convención del Partido Liberal que oficializó su postulación. Allí cuestionó duramente a Lula, lo acusó de conducir a Brasil hacia una crisis económica y llamó a combatir el socialismo. El mandatario brasileño aprovechó esta confrontación y usó a Milei y su motosierra como eje de su campaña contra Bolsonaro.
Su respaldo a Bolsonaro profundizó una relación bilateral que ya atravesaba fuertes tensiones. En agosto, Brasil decidió retirar a su embajador en Buenos Aires y rebajar el nivel de representación diplomática a encargados de negocios, en respuesta a las reiteradas descalificaciones de Milei contra Lula.
Una victoria de Bolsonaro podría facilitar una recomposición del vínculo. La afinidad entre ambos dirigentes abriría la puerta a una mayor interlocución presidencial y a la búsqueda de posiciones comunes en política exterior.
Un exembajador argentino en Brasil, que vivió las dificultades de una relación bilateral atravesada por diferencias ideológicas, lo sintetizó así: “Yo sufrí en carne propia la falta de sintonía entre dos gobiernos que no estaban alineados ideológicamente. Es más fácil para ambos países cuando hay sintonía. Si gana Bolsonaro será más fácil restituir el vínculo”.
En el plano regional, Milei también podría sumar un socio de peso para fortalecer su alineamiento con Donald Trump y buscar acuerdos dentro del Mercosur. El Gobierno argentino impulsa una mayor apertura comercial y una flexibilización del bloque, aunque la coincidencia ideológica no garantiza que desaparezcan los intereses económicos contrapuestos.
Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas y un mercado fundamental para la industria automotriz. En 2025, el intercambio comercial bilateral superó los US$ 31.000 millones. Por eso, la relación entre ambos países excede ampliamente las afinidades personales de sus presidentes.
El exembajador argentino en Brasil Diego Guelar advirtió sobre los límites de esa cercanía ideológica. “Jerarquizar lo ideológico por sobre lo geopolítico es un error. No existe una vinculación ideológica como un dato central de la geopolítica. Es un error de visión. El problema de la derecha extrema es que tiene una visión nacionalista que desconoce la integración”, explicó.
Para Guelar, la campaña brasileña está más marcada por el rechazo a Lula que por el respaldo a Bolsonaro. Y planteó una contradicción entre las posiciones de la derecha dura y las necesidades de integración regional. “Sin la integración es muy difícil que puedas sacar algo bueno. El filtro ideológico es deformante, no ayuda. La agenda de la derecha dura no es proclive al Mercosur, que es integración. Milei hace giros pragmáticos y todo político está obligado a hacerlo”, sostuvo.
Si Lula consigue la reelección, Milei enfrentará un escenario más incómodo. Deberá convivir durante su propio año electoral con un presidente al que enfrentó públicamente y contra cuya candidatura hizo campaña. Además, perdería la oportunidad de exhibir una victoria de uno de sus principales aliados internacionales. ¿Y si es reelecto en 2027? Más incógnitas aún.
Para el peronismo, una reelección de Lula permitiría conservar un aliado regional de peso y mostrar que la izquierda todavía puede ganar elecciones frente al avance de las derechas. Pero también hay intereses propios dentro de un espacio que busca reorganizarse para enfrentar a Milei en 2027.
El vínculo del kirchnerismo con Lula tiene una historia que excede esta elección. El brasileño compartió con Néstor y Cristina Kirchner una etapa de gobiernos que impulsaron la integración regional y una mayor intervención del Estado en la economía.
La relación volvió a quedar expuesta en julio de 2025, cuando Lula aprovechó una visita a Buenos Aires por una cumbre del Mercosur para reunirse con Cristina Kirchner en el departamento de Constitución donde cumple prisión domiciliaria. Fue un gesto de fuerte respaldo político a la expresidenta, en medio de su enfrentamiento con la Justicia por la condena en la causa Vialidad.
La continuidad del PT sería una buena noticia para el sector más cercano a Cristina, que encontraría en una victoria de Lula un argumento para disputar la idea de que el avance de las derechas en la región es irreversible.
En el peronismo también siguen con atención las elecciones de medio término de Estados Unidos. Buscan identificar si emerge una figura opositora a Trump con capacidad de disputar el poder y estudiar qué elementos de ese perfil podrían servir para construir una alternativa a Milei en la Argentina.
Pero Lula también tiene un interlocutor propio en Axel Kicillof. El gobernador bonaerense, que busca ampliar su proyección nacional y posicionarse como una alternativa de cara a 2027, viene desarrollando una agenda internacional que lo acerca a dirigentes progresistas de la región.
En agosto de 2024 viajó a Brasilia y mantuvo una reunión de dos horas con Lula en el Palacio del Planalto. El encuentro estuvo centrado en la cooperación económica y productiva entre Brasil y la provincia de Buenos Aires, especialmente por la importancia del mercado brasileño para la industria bonaerense.
El vínculo tuvo un nuevo capítulo en abril de este año, cuando ambos volvieron a encontrarse en Barcelona durante una cumbre internacional de dirigentes progresistas. Allí coincidieron en la necesidad de construir alternativas políticas frente al avance de la derecha.
En el entorno del gobernador reconocen que siguen la elección brasileña con enorme expectativa y confían en que Lula pueda revertir los números de las encuestas. Pero también hacen una lectura más amplia sobre el comportamiento electoral en la región.
“El resultado marcará un hito que hay que atender: cómo las sociedades no encuentran representación y buscan en la alternancia política algo que mitigue su insatisfacción”, señalaron cerca de Kicillof.
En la oposición observan especialmente las dificultades que enfrentaron los oficialismos latinoamericanos para sostenerse en el poder. La sucesión de derrotas electorales de gobiernos de distinto signo político alimenta una expectativa en la oposición argentina: que el desgaste de la gestión también termine afectando a Milei en 2027.
Así, mientras el Presidente apuesta por una victoria de Bolsonaro para reforzar su posicionamiento regional, el peronismo mira a Lula por motivos que van más allá de la afinidad política. En ambos casos, la elección brasileña se transformó en una ventana para buscar señales sobre el escenario que podría abrirse en la Argentina en 2027.
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