“No huí de Brasil, salí por Brasil. Salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece”, sostuvo el derrotado candidato.
En un mensaje dirigido al pueblo brasileño y a la comunidad internacional, Flávio Bolsonaro se autroproclamó presidente de Brasil este miércoles, agradeció el respaldo de Javier Milei y Donald Trump y cuestionó la actuación delSupremo Tribunal Federal (STF) y del Tribunal Superior Electoral (TSE).También sostuvo que la extensión del horario de votación durante la segunda vuelta permitió una irregularidad que, según afirmó, justificaba la anulación de la fórmula de Lula y Geraldo Alckmin.
En el documento, Flávio aseguró que abandonó Brasil junto con su familia para evitar una persecución política y afirmó que se encuentra a salvo en Estados Unidos. Además, acusó a la Corte Suprema de instrumentalizar la Justicia para silenciar a la oposición y sostuvo que el proceso en su contra forma parte de una estrategia que, según denunció, podría derivar en su condena. En ese contexto, agradeció al Gobierno estadounidense por recibirlo y cuestionó lo que describió como un régimen de excepción en su país.
“No huí de Brasil, salí por Brasil. Salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece”, sostuvo Flávio Bolsonaro para justificar su salida del país hacia Estados Unidos. También pidió a la comunidad internacional que no normalice la situación política brasileña y llamó a senadores, diputados y gobernadores que integran su espacio a sostener la resistencia institucional.
En su mensaje, el dirigente describió a Estados Unidos como una “tierra de libertades” y destacó al mandatario republicano como “un gran defensor de la libertad de expresión”. En paralelo, acusó al oficialismo brasileño de utilizar recursos públicos para favorecer la reelección de Lula y sostuvo que las supuestas irregularidades electorales justificaban la anulación de la fórmula presidencial.
Flávio también apuntó contra el Poder Judicial brasileño y denunció una persecución política que, según afirmó, comenzó con su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a otros ciudadanos. En ese sentido, negó que exista una orden de arresto en su contra y calificó la situación como una “caza de brujas con motivaciones políticas”. Además, enumeró una serie de medidas que, según su interpretación, formarían parte de una estrategia para silenciarlo, entre ellas la incautación del pasaporte, la censura y una eventual condena judicial.
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Para reforzar su argumento, comparó su situación con la de dirigentes históricos que enfrentaron a los gobiernos de sus países desde el exilio, como Charles de Gaulle, José Martí y Rui Barbosa. También mencionó a referentes de la oposición venezolana, entre ellos María Corina Machado, Juan Guaidó y Edmundo González, a quienes presentó como ejemplos de resistencia política frente a gobiernos que cuestionaban.
Hacia el final de la carta, Flávio anunció que conducirá la oposición desde Estados Unidos y que buscará movilizar a sus seguidores por medios pacíficos y legítimos. Asimismo, convocó a los senadores, diputados y gobernadores de su espacio a sostener la actividad política y pidió a la comunidad internacional que no considere normal la situación de Brasil. “Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil”, afirmó.
La carta de Flávio Bolsonaro hacia el pueblo brasilero
Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente electo de Brasil.
Antes que nada, quiero agradecerle al presidente Javier Milei por su valentía, sentido de la justicia y legalidad; al presidente Donald Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que las buenas personas de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
El domingo por la noche, vi con estupor cómo se concretaba un fraude electoral ante mis ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta.
Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), adoptada por encima de las competencias del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió el horario de votación sobre el cierre de la jornada, y la orden solo llegó después de que terminara el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se limitó a defender la prórroga del horario y no hay ni una sola respuesta creíble. Sin embargo, las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico, así como utilización de la maquinaria pública en favor de la reelección. Se trata de hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente. Como si se tratara de un plan previamente elaborado, siete minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez, implicado en un enorme escándalo de corrupción, directamente mencionado en la investigación que utilizó para intentar secuestrar mis pasaportes y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido mi asunción, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar impedido desde el origen y ser completamente sospechoso para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.
No tenía intención de abandonar mi patria, pero sé exactamente adónde conduce esta situación. Este es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses tiene un único objetivo: silenciar a cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil a través de una Corte Suprema cooptada por la organización criminal petista.
Para que quede claro, no existe ninguna orden de arresto en mi contra porque no cometí ningún delito. Lo que existe es una caza de brujas con motivaciones políticas, cuyo objetivo era convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos de la Corte Suprema frente a un juicio político. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, juicio simulado y, finalmente, condena política.
No voy a someter a mi familia a eso, y mi país no merece volver a pasar por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco una vez más al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por recibirnos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil. Salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque, silenciado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y quedaríamos sometidos al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por una Corte Suprema repleta de servidores del régimen.
No soy el primero que tiene que luchar por su país desde fuera de él. Rui Barbosa se exilió por enfrentarse al autoritarismo de Floriano Peixoto y desde allí siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró a la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, a pesar de la persecución, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.
Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de votantes, sino a todo el pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio, no los voy a abandonar: seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un llamado: esta locura tiene que terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar de esta manera. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes y devolverles a los brasileños la confianza que perdieron.
A la comunidad internacional le pido que no normalice lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como si lo fuera.
A los senadores, diputados y gobernadores que ayudé a elegir, y en especial a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho, les digo: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente la actividad política. Por eso, lideraré a la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes no pueden decir desde allí y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a vos, que votaste por mí y soñás con un cambio, te digo: no estamos derrotados ni estamos solos. Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. En los próximos días me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al enorme apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Les pido a todos que se mantengan firmes y nunca se rindan.
Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.
Que Dios bendiga a Brasil.
Flávio Bolsonaro
LMM
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