La salida de Flávio Bolsonaro de Brasil con asistencia del gobierno argnetino abrió un nuevo frente de conflicto con Lula da Silva y aceleró una discusión que en la Casa Rosada había perdido centralidad, pero nunca desapareció: hasta dónde llevar la confrontación con el Mercosur. En el oficialismo empezaron a fogonear nuevamente un escenario que suele usar como amenaza retórica.
El Presidente amenazó varias veces con abandonar el Mercosur, pero nunca lo concretó y ahora sectores del oficialismo que abogan por esa salida se envalentonaron. Preparan una ofensiva política para instalar esos cuestionamientos contra el bloque regional, sin que haya una decisión tomada sobre una eventual ruptura.
A pesar de las amenazas de Milei, la posibilidad de abandonar el bloque regional no se tradujo nunca en una decisión formal ni en una instrucción para iniciar los procedimientos correspondientes. Pero la intención es instalar el debate hacia adentro y hacia afuera de la administración, con una estrategia que combine la discusión sobre la política comercial con el cuestionamiento político al resultado electoral brasileño. “Lo vamos a empujar. Ahora salir del Mercosur es viable. Nos vendría muy bien. La industria de Brasil nos está perjudicando”, deslizaron en el Gobierno, en referencia a las alternativas que se analizan. Evalúan el margen de confrontación que podría asumir la iniciativa.
La ofensiva tiene dos dimensiones. Por un lado, el Gobierno busca sostener públicamente las dudas sobre las elecciones brasileñas, aunque no prevé presentar una denuncia formal por fraude ni aportar una presentación institucional contra el resultado. Por otro, pretende aprovechar el deterioro de la relación bilateral para reabrir la discusión sobre las restricciones comerciales del Mercosur y la posibilidad de que la Argentina recupere autonomía para negociar acuerdos con terceros países.
La discusión no está saldada y tendría obvias consecuencias económicas que el Gobierno no puede perder de vista. El secretario de Comercio, Pablo Lavigne, que responde al ministro Luis Caputo, sostuvo que las relaciones comerciales entre la Argentina y Brasil, “de Estado a Estado”, se mantienen. Lo dijo en el marco de la cumbre de comercio de AmCham, en un intento por separar el conflicto político de los vínculos económicos entre ambos países.
La secuencia de la disputa con Brasil comenzó con la decisión de Javier Milei de no felicitar a Lula por su victoria en el balotaje, en el que se impuso con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de su rival. La Casa Rosada justificó su posición con cuestionamientos al proceso electoral, en sintonía con las críticas de Donald Trump, aunque dentro del propio oficialismo reconocen las dificultades para sostener una acusación concreta de fraude. “Lula puso muchísima guita. Hay manejos raros… Aunque la diferencia fue mucha y por eso es difícil hablar directamente de fraude”, dijo un dirigente de diálogo fluido con Milei.
La asistencia para facilitar la salida de Flávio Bolsonaro agregó un componente más al enfrentamiento bilateral. Mientras avanzaba el operativo de fuga del líder del PL del que, aseguraron fuentes oficiales, el Presidente participó directamente, Milei procuró mantenerse al margen en el ámbito público.
Mientras participaba de actividades políticas y económicas en Catamarca no hizo referencias públicas a Bolsonaro ni al resultado electoral brasileño. Tampoco hubo una explicación política del Presidente sobre la intervención de los organismos argentinos. Esto a pesar, incluso, de que bloques opositores preparaban pedidos de interpelación a los ministros Alejandra Monteoliva y Pablo Quirno para conocer el papel que tuvieron Migraciones, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la Administración Nacional de Aviación Civil y otros organismos.
El episodio también expuso diferencias dentro del oficialismo, con Patricia Bullrich reconociendo el triunfo de Lula, en contraste con la postura presidencia. También con los aliados, desde que el PRO felicitó al presidente brasileño y reclamó diálogo.
Por ahora, el Gobierno no tiene una decisión tomada sobre una salida efectiva del Mercosur ni prevé presentar una denuncia formal contra el resultado electoral brasileño. “Esa chance no existe desde que el Partido Liberal reconoció la derrota. No hay mucho más para hacer en ese sentido”, dijeron en Balcarce 50.












