La terminal de Punta Colorada concentra los tanques de almacenamiento y la infraestructura necesaria para cargar el petróleo de Vaca Muerta en buques que lo llevarán a los mercados internacionales. Foto gentileza YPF.
En un lugar donde el viento sopla con fuerza en Punta Colorada, Río Negro, se levanta la obra de infraestructura más grande de la industria petrolera nacional. Con un total de 2.600 trabajadores en campo que ponen el cuerpo a diario para cumplir con los ajustados plazos que exige el proyecto, el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) está cada vez más cerca de su objetivo: alcanzar una capacidad de exportación de 550 mil barriles de petróleo diarios. Una meta que, al ritmo del crecimiento de Vaca Muerta, se modifica constantemente y siempre apunta hacia arriba.
Durante una recorrida de Diario Río Negro por las instalaciones, Gustavo Gallino, vicepresidente de Infraestructura de YPF y presidente del consorcio VMOS, junto con Gustavo Chaab, CEO de VMOS, detallaron la importancia de los trabajos en marcha y las expectativas para los próximos meses. La visita también permitió conocer las distintas etapas de una obra que se extiende desde Allen hasta la costa rionegrina, en Punta Colorada.
Desde Allen hasta Punta Colorada, cada tramo responde a una misma lógica. Las bombas impulsan el petróleo, los ductos lo trasladan, los tanques permiten almacenarlo y las monoboyas harán posible cargarlo en los buques. Una cadena de infraestructura que se construye en Río Negro y que apunta a convertir el crecimiento productivo de Vaca Muerta en una mayor capacidad exportadora para la Argentina.
Durante una presentación, Gallino vinculó el proyecto con el plan 4×4 de YPF, orientado a impulsar el crecimiento de la actividad. «Buscamos que ninguna de las operadoras trabaje contra alguien, sino que acá lo que había que hacer era entre todos poner en valor a Vaca Muerta«, explicó.
«VMOS es un ejemplo de lo que se puede hacer en Argentina», resaltó. La obra lleva 18 meses de ejecución y supone una inversión cercana a los US$ 3.000 millones. Su construcción en un período acotado implica exigencias importantes en materia de ingeniería, provisión de equipos y cumplimiento de los plazos previstos.
En el predio, la cantidad de tareas resulta difícil de dimensionar para quien no conoce el lugar. Cada etapa tiene un responsable a cargo y una estrategia que se revisa de manera constante para avanzar con una obra que demanda precisión en cada uno de sus componentes.
Hasta la fecha, el proyecto registra un avance cercano al 85% en su parte terrestre. Según explicaron durante la visita, una parte del personal reside en el campamento y el resto se traslada desde localidades como Plaza Dorada, Sierra Grande y zonas cercanas.
El desarrollo económico y productivo que genera VMOS no se limita a la infraestructura. El movimiento de trabajadores, la contratación de servicios y la participación de proveedores también tienen un efecto en las localidades rionegrinas vinculadas con el proyecto.
De acuerdo con los datos compartidos por YPF, la obra ya implicó el pago de US$ 240 millones en salarios. Cerca del 30% del personal mejoró sus habilidades y avanzó en su categoría laboral durante la ejecución de los trabajos. A su vez, el proyecto dejó alrededor de US$300 millones en productos y servicios contratados a proveedores locales, además de US$ 100 millones destinados a empresas locales.
La distribución territorial de ese movimiento también permite dimensionar su alcance: cerca del 65% de la participación local corresponde al Valle Medio y el Alto Valle, mientras que el 35% restante se concentra en la zona atlántica.
Para Gallino, el impacto trasciende los números y alcanza a las comunidades que reciben el movimiento de una obra de esta escala. Durante una presentación, destacó las transformaciones que el proyecto está generando un crecimiento y en Sierra Grande, tanto en la ciudad como en sus habitantes.
«Todas estas grandes obras terminan modificando a la gente la vida», sostuvo. En esa línea, remarcó que el desarrollo no consiste solamente en dejar infraestructura, sino también en capacitar trabajadores, elevar la calidad de los profesionales del sector y mejorar los perfiles laborales de quienes participan de la construcción.
En Punta Colorada, la infraestructura de almacenamiento es uno de los puntos centrales del proyecto. Los tanques tienen una capacidad conjunta de 120.000 metros cúbicos y forman parte de un sistema preparado para recibir, almacenar y despachar el petróleo que llegará desde Vaca Muerta.
El diseño de estas estructuras requirió resolver desafíos de ingeniería y construcción. Durante un período, el montaje de los tanques representó uno de los principales cuellos de botella de la obra, pero los equipos lograron avanzar con una solución que, según explicaron, responde a criterios estructurales específicos. Actualmente son 6 los tanques previstos para esta primera etapa, de los cuales 3 ya están terminados. Sin embargo están evaluando construir 4 tanques más para aumentar la capacidad de exportación al millón de barriles.
«La forma responde a un beneficio estructural», explicó Gallino sobre el diseño de los tanques. La geometría de sus techos permite aprovechar el efecto bóveda, mientras que su construcción demandó trabajos de soldadura automática tanto en sentido vertical como horizontal. El montaje, destacó, contó con participación de mano de obra local.
Pero el funcionamiento de la terminal no depende únicamente de los tanques. La sala de control será el centro desde el que se supervisará la operación durante las 24 horas, con dos personas atentas al funcionamiento del sistema y a los movimientos que se produzcan en las instalaciones.
Entre sus principales tareas estarán el seguimiento de la apertura de los tanques, el caudal de crudo, la recepción, el almacenamiento y el despacho del petróleo, además de la supervisión de las operaciones de carga de los buques. El sistema también contará con tecnología para controlar y recibir información sobre la actividad de los ductos.
Aunque el crudo se produce en Vaca Muerta, el sistema de evacuación tiene su punto de partida operativo en Allen, donde se encuentra la cabecera de bombeo. Desde allí, el petróleo inicia un recorrido que continúa por Chelforó y se apoya en estaciones de bombeo para llegar a la terminal de Punta Colorada.
El esquema contempla nuevas instalaciones para acompañar el crecimiento de la producción. Una de las estaciones de bombeo se encuentra en construcción y otra está en evaluación, con el objetivo de ampliar la capacidad de transporte del sistema y acompañar las proyecciones de exportación.
Una vez que el petróleo llega a Punta Colorada, comienza la etapa de preparación para su despacho. El crudo pasa por los filtros y las unidades LACTs, que forman parte del sistema de medición y control del flujo, antes de continuar hacia la terminal marítima.
El circuito incluye también dispositivos que permiten inspeccionar el interior de los ductos. A través de un cilindro de control se podrán realizar verificaciones sobre las condiciones del caño, incluido su espesor, en el marco del seguimiento operativo del sistema.
En la terminal, uno de los tramos principales es el ducto onshore, de siete kilómetros de extensión y 68 pulgadas de diámetro, que ya se encuentra instalado. Desde allí, la conexión continúa hacia la infraestructura marítima, que permitirá transferir el petróleo a los buques.
El objetivo es que los barcos con capacidad para transportar un millón de barriles puedan completar su carga en un día. Para alcanzar esa dinámica, el funcionamiento coordinado de las bombas, los filtros, las unidades de medición, las cañerías y las instalaciones de carga será determinante.
La infraestructura que se extiende bajo el mar es otra de las piezas centrales del proyecto. La terminal marítima cuenta con un tramo de cañería enterrada de unos 200 metros para conectar con el sector submarino. El sistema incluye una conducción de aproximadamente 300 metros a 22 metros por debajo del lecho marino.
Para ejecutar esa parte de la obra se utiliza una técnica que consiste en perforar el terreno y ensanchar progresivamente el diámetro del agujero hasta alcanzar las dimensiones necesarias para instalar la cañería. El método evita abrir una zanja a cielo abierto y permite avanzar con una intervención más acotada sobre el entorno.
Los trabajos de perforación registraban un avance cercano al 75% al momento de la recorrida. Los equipos se encontraban preparando el último tramo de 54 pulgadas para completar el hueco y avanzar con la instalación de la cañería. Una vez finalizada la perforación, se introduce el conducto en el mar.
Según la información brindada durante la visita, ya se habían tendido ocho kilómetros de cañería submarina. Para noviembre se preveía unir el último tramo, de aproximadamente 1.500 metros, con el resto del sistema.
El otro paquete de trabajo corresponde a la instalación de las monoboyas, que permitirán conectar las instalaciones terrestres con los buques petroleros. La última etapa prevista para diciembre será la instalación de las mangueras flotantes y la realización de las pruebas necesarias para avanzar hacia el first oil, el primer ingreso de petróleo al sistema, previsto desde Allen.
El cronograma de VMOS tiene como horizonte el inicio de las operaciones en 2027. De acuerdo con las previsiones compartidas durante la recorrida, se espera que entre enero y febrero se concrete la primera carga, mientras que marzo aparece como una referencia para avanzar con la carga de dos buques.
El crecimiento de la producción de Vaca Muerta también modificó las proyecciones iniciales del proyecto. Según explicaron durante la visita, las estimaciones comenzaron con una expectativa de transporte de 180.000 barriles diarios, pero la aceleración de la actividad llevó a revisar el horizonte de capacidad.
Ahora se estudia la posibilidad de alcanzar exportaciones de hasta un millón de barriles diarios a medida que se amplíe la infraestructura. Para eso, el proyecto contempla la incorporación de nuevas estaciones de bombeo y el desarrollo de instalaciones que permitan acompañar la evolución de la producción.
Gustavo Chaab, CEO de VMOS explicó que las proyecciones operativas contemplan una capacidad de 750.000 barriles diarios con un ritmo de crecimiento que dependerá de la evolución del sistema y de la producción disponible.
Las características del golfo permiten operar con embarcaciones de gran porte, mientras que el esquema previsto contempla el uso de buques VLCC, capaces de transportar volúmenes significativamente mayores que los barcos de menor tamaño.
Esa capacidad de transporte representa una ventaja logística para la exportación de petróleo, ya que permite trasladar más crudo por viaje. A esto se suman las condiciones fiscales que, según señalaron durante la recorrida, contribuyen a generar un escenario favorable para el desarrollo del proyecto.
Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.












