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    Día 1054: Con Bolsonaro en el avión a huír a Brasil

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    Día 1054: Con Bolsonaro en el avión a huír a Brasil

    De las provocaciones en los debates a los exabruptos judiciales y el ataque a la prensa. Tras la derrota bolsonarista y las derivadas de la causa $Libra en Argentina, el límite entre el pragmatismo, el espectáculo y el desgaste del poder empieza a ponerse a prueba.

    El auge de personajes como los Mileiy los Bolsonaro nos interpela: ¿son realmente unos genios que interpretaron los vientos de época para conquistar la sociopolítica, o unos meros “loquitos” que estuvieron en el lugar y el momento correcto para meter el gol? Personas “no muy inteligentes”, como dijo la excanciller Diana Mondino sobre el presidente. ¿Su escasa experiencia los lleva a cometer errores básicos de gestión, o justamente eso es lo que buscan sus electores? Cuando vemos a Santiago Caputo, que en los papeles es un mero asesor, conduciendo un operativo de inteligencia en Puerto Iguazú para ayudar a fugar a Flávio Bolsonaro, ¿estamos viendo a un distinto de la estrategia política del siglo XXI o a un frustrado agente de la SIDE jugando a ser el James Bond gaucho? ¿Debemos reír o llorar?

    Seguimos. Evidentemente estamos frente a un acto de muestra de apoyo a los Bolsonaro y de alineación total con Donald Trump. ¿Cuánto vale eso para Milei y su proyecto político? ¿Y cuánto le puede costar? Ahora Flávio Bolsonaro, tras volver a desconocer los resultados electorales, se proclamó «el verdadero presidente de Brasil» y luego borró el tuit en el que decía esto y posteó otro en el que se degradó a sí mismo a líder de Brasil.

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    El Partido Liberal, organización de los Bolsonaro, que postuló a Flávio, ya reconoció el triunfo de Lula y empezó a cuestionar el liderazgo del autodenominado líder. Trump y Milei siguen sin reconocer los resultados de Brasil, pero no queda claro qué potencial tiene la estrategia de Bolsonaro de buscar el desgaste institucional del gobierno de Lula desde Florida, más aún cuando los cambios en su comunicado demuestran que por alguna razón estratégica tuvo que dar marcha atrás con su autoproclamación de presidente. Trump está loco, pero no es bobo, y probablemente entiende que desoír el resultado electoral en Brasil le generará más problemas que otra cosa.

    En el fondo, estamos preguntando la cuestión clave. La derrota en Brasil y esa fuga caricaturizada, a la vista de todo el planeta, por parte de Flávio Bolsonaro —quien hace solo algunos días parecía que iba a ser el presidente de Brasil—, ¿configuran un límite a la ola azul o son una particularidad de un proceso electoral específico con un candidato muy particular como Lula, que pudo articular una remontada épica frente a un candidato como Flávio que en cualquier situación normal no debería superar las primarias? Muchos se apresuraron a decir que las nuevas y extremas derechas están acabadas y se viene la respuesta del otro lado del péndulo político. Presagian las derrotas de Trump en Estados Unidos y Milei en Argentina. Creo que se apresurarán, aunque en algún momento los vientos cambiarán. Siempre lo hacen.

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    En el último debate con Lula, Flávio Bolsonaro le dijo «nueve dedos». Lula aprovechó el momento para decirle que no iba a permitir que alguien que nunca había trabajado lo llamara así. El momento fue visto como una crueldad por parte de Bolsonaro, como un acto de vileza propio de alguien que no es cercano al sufrimiento de los trabajadores, porque su primer trabajo fue ser asesor de su padre en el Congreso. Lula fue hábil y le dijo algo que la derecha le suele decir acá a La Cámpora. Prácticamente le dijo: «Vos no agarrás la pala».

    Lula, con ese acto, disputó parte de los posibles votos de derecha. No habló sobre la violencia simbólica, más allá de que reírse de que un menor de edad haya perdido un dedo trabajando a la madrugada es violenta para llevar unos mangos a su casa. Varios analistas en Brasil luego dijeron que ese momento fue decisivo a la hora del resultado final. Lula dijo en el discurso del triunfo que había sido tocado por «el dedo de Dios», una referencia que de este lado nos suena maradoniana, pero que efectivamente tiene la idea de seguir haciendo crecer su narrativa, su mito.

    Hace algunos días, aquí en Argentina el presidente Milei tuvo su propio exabrupto. El exabrupto de la hoguera de Milei. Tras ser sobreseído escandalosamente de la causa $Libra, Milei dijo que había varios periodistas que cubrieron el tema que debían ser quemados en la hoguera, entre ellos nuestra compañera Natalia Volosin, a la que le mandamos un abrazo y quien conduce Ronda de Investigación, un gran programa que tenemos aquí en +Perfil. Vamos a recordar este momento.

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    Luego de que Milei dijera esto, hubo una ola de repudio muy importante. No solo las asociaciones periodísticas, como la Academia Nacional de Periodismo, hicieron referencias críticas; También lo hizo IDEA, el coloquio de empresarios, y la propia Patricia Bullrich. Esto último es muy interesante. La novedad no fue lo que dijo el peronismo o la izquierda, sino que Bullrich, mirando a su electorado, a su base social, se diferenciaba y dijo que Milei cruzó un límite. ¿Esta misma reacción de Bullrich tiene que ver con la reacción de una parte de los brasileños ante el agravio de Flávio Bolsonaro a Lula? Es decir, ¿es la centroderecha reaccionando a la extrema derecha? El apoyo de Bullrich fue clave en el triunfo de Milei en el balotaje, no porque Bullrich dirija a sus partidarios y estos la obedezcan y voten a Milei, sino porque su apoyo reflejaba que, efectivamente, sus partidarios se iban con Milei. Ahora, sus críticas, ¿reflejan lo contrario o simplemente está conteniendo las críticas para quedar como reserva moral del Gobierno y que no haya sangría hacia la oposición?

    El viernes 23 de octubre, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi sobreseyó a Javier Milei, Karina Milei y los otros nueve imputados en la causa por la criptomoneda que el Presidente promocionó en sus redes sociales en febrero de 2025. Lo hizo un pedido del fiscal Eduardo Taiano, quien indicó que los hechos investigados no se encuadraban en una figura penal. El argumento central fue que no se había acreditado una estafa ni los delitos vinculados con el ejercicio de la función pública. Pero hay un detalle: el sobreseimiento llegó sin que los acusados hubieran sido llamados a indagatoria y mientras quedaban cuestionamientos sobre medidas de prueba pendientes.

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    La causa, sin embargo, todavía tiene un capítulo abierto. Los damnificados habían sido apartados como querrellantes y ahora intentan recuperar ese lugar para poder apelar el cierre de la investigación. El 28 de octubre se conoció que la Cámara Federal de Casación postergó para las próximas semanas la decisión sobre su reincorporación. Si les niega esa posibilidad, el expediente quedaría prácticamente sin nadie que impulsara una acusación: el fiscal pidió el sobreseimiento y el juez lo concedió. Los inversores, por su parte, ya comenzaron a presentar recursos contra la resolución. El argumento es que se confundió la falta de pruebas suficientes con la afirmación de que los hechos no constituyen delito, pese a que, según denuncian, todavía quedaban medidas pendientes.

    ¿Esto significa que Milei es culpable? No. Significa que hay una discusión judicial abierta sobre cómo se investigó el caso y si corresponde darlo por terminado. Surgen muchas dudas de ese sobreseimiento y de si ciertos movimientos del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques no lograron acomodar la situación judicial de los hermanos Milei. El daño que le ha causado el criptoescándalo Libra es irreparable, eso ya lo vimos. El sobreseimiento, maniqueo, le sirve para intentar sacar pecho y mostrar una inocencia que, a todas luces, parece por lo menos cuestionable. El análisis de los hechos, las billeteras asociadas, los personajes clase B como Hayden Mark Davis, Mauricio Novelli, Manuel Terrones Godoy, sus visitas a la Casa Rosada, las mentiras del propio Milei… Todo esto es muy sospechoso. Veremos si hay instancias judiciales sucesivas, pero desde el periodismo no se dejará de investigar.

    ¿Y cuánto le costó esto en términos de opinión pública? Hay datos interesantes. Una investigación de Marina Acosta, de la Universidad de Buenos Aires, publicada en 2026 en la revista Más Poder Local, encontró que el 86,5 % de los encuestados conocía el caso, el 61 % lo consideraba un acto de corrupción y el 55 % responsabilizaba directamente a Milei y su entorno. Además, el 78 % evaluaba negativamente el comportamiento de los involucrados. No es una prueba de que todos esos ciudadanos hayan cambiado su voto, pero sí de que el escándalo superó la discusión entre oficialismo y oposición y puso en cuestión la integridad del Presidente.

    En marzo de este año, otro relevamiento, de OK Media, encontró que el 65,7% estaba al tanto de las novedades de Libra y que, entre quienes seguían el caso, el 61,3% consideraba que afectaba la imagen presidencial. El dato más interesante es que el estudio también detectó que el 24,5 % de quienes tenían una imagen positiva de Milei reconocía que el escándalo la perjudicaba. Es decir, el asunto no necesariamente se limita a los opositores: también puede incomodar a una parte de quienes todavía apoyan al Gobierno.

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    La pregunta, entonces, es qué ocurre cuando el Presidente convierte la provocación en método, ataca a periodistas que investigan sus decisiones y, al mismo tiempo, obtiene un cierre judicial favorable en una causa que dejó demasiadas preguntas sin respuesta. ¿Su núcleo duro interpreta todo como una nueva conspiración del sistema contra Milei? ¿O empieza a aparecer un límite, incluso entre quienes lo votaron porque prometía terminar con los privilegios de la política?

    La extrema derecha se convirtió durante años en la denuncia contra las élites en su principal herramienta para conquistar el poder. Pero esa narrativa tiene una contradicción: cuando quienes prometían combatir a la casta empiezan a ser cuestionados por sus propios vínculos, sus decisiones y sus privilegios, ya no alcanza con señalar al enemigo. Y sea allí donde empezar un verso si quizás la época todavía les pertenece.

    En el título hacemos referencia a la canción «La rubia en el avión», de Los Ladrones Sueltos. Es una canción clásica de los noventa; de hecho, salió exactamente en 1993 y fue un éxito inmediatamente: «Con una rubia en el avión directo a Brasil, me voy de shopping, me voy de compras, me voy con ella, que es una estrella». La letra parece un chiste sobre la superficialidad, pero efectivamente es así y pinta una época. De hecho, hasta su autor, Christian Puga, reflexionó en entrevistas sobre cómo, sin querer, hablaba del uno a uno de los noventa, del «deme dos» y de la frivolidad de la época. El avión ahora vuelve de Brasil: es una fuga en la que participan Milei y Trump. ¿Flavio Bolsonaro se replica en Estados Unidos para volver a atacar o se terminará llevando a todos en el mismo avión a una época que deja de ser la de estos personajes? Preguntas que pueden ayudarnos a analizar lo que sucede y que vamos a contestar con el tiempo.

    Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

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    • Flavio Bolsonaro
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    Fuente: PERFIL POLITICA — ver publicación original.

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