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    Por qué las abejas melíferas se volvieron un problema para los polinizadores silvestres en Reino Unido

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    Por qué las abejas melíferas se volvieron un problema para los polinizadores silvestres en Reino Unido

    Los investigadores de la Universidad Anglia Ruskin realizaron observaciones durante dos años en cinco puntos de Cambridge y sus alrededores. Determinaron que las abejas melíferas restringen el acceso de otros insectos a las flores de zarza y hiedra mediante competencia por interferencia, una conducta que consiste en desplazar o perseguir a sus rivales para obtener néctar y polen.

    El estudio, publicado en la revista Ecological Entomology y divulgado por Phys.org, observó 93 horas de actividad en áreas situadas a menos de 300 metros de colonias conocidas. La investigación forma parte de un proyecto que busca entender y reducir el impacto de la disputa entre especies silvestres y aquellas manejadas en colmenas.

    El equipo examinó la actividad de los visitantes florales en zarzas (Rubus fruticosus) y hiedras (Hedera helix), dos plantas que concentran néctar y polen cuando están en flor. Los insectos fueron agrupados en cinco categorías: abejas melíferas, abejorros, abejas solitarias, sírfidos y otros, donde se incluyeron mariposas, escarabajos y avispas.

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    ¿Quiénes dominaron la disputa por las flores?

    Cada interacción fue clasificada como una victoria, cuando un ejemplar llegaba a la flor y el otro perdía el recurso, o como un reparto, cuando ambos podían alimentarse sin conflicto. Los resultados asociaron una mayor cantidad de abejas melíferas con menos presencia de otros grupos de polinizadores y con más enfrentamientos por las flores.

    En los zarzales, duplicar la densidad de las abejas de la miel se vinculó con una caída del 14% en la abundancia de abejorros. En cambio, en la hiedra, una mayor presencia de esta especie se relacionó con una menor cantidad de las solitarias y sírfidos, insectos que también trasladan polen entre flores.

    La investigadora principal, Victoria Buckle, estudiante de doctorado de ARU, explicó que la mayoría de las interacciones al competir por alimento eran iniciadas por las abejas melíferas. Según los datos recogidos, estos organismos obtuvieron más victorias, con la consiguiente pérdida de alimento para los demás visitantes.

    Una especie solitaria respondió a la presión

    Los resultados muestran que los restantes polinizadores evitaban activamente a las abejas melíferas en el 28% de las interacciones observadas en las zarzas. En la hiedra, esa proporción ascendió al 36%, lo que reflejó una respuesta de retirada ante la presencia de un competidor en la flor.

    Además, esta especie expulsó o persiguió físicamente a ejemplares rivales en al menos uno de cada cinco desenlaces favorables para ella, en ambas plantas. Los investigadores detectaron pocas acciones agresivas iniciadas por insectos de otras categorías.

    La única especie que desafió ese predominio fue la abeja de la hiedra, considerada una abeja solitaria. Esta especie no es autóctona del Reino Unido y fue registrada por primera vez en Gran Bretaña en 2001. Durante el estudio, desplazó y persiguió a las abejas melíferas para defender los recursos disponibles.

    La convivencia entre especies plantea un desafío

    Buckle afirmó que la abeja hiedra ganaba con más frecuencia los enfrentamientos contra las melíferas. La autora añadió que, según el conocimiento del equipo, se trata de la primera observación de este tipo de conducta y demuestra que la especie es capaz de defenderse en este tipo de encuentros.

    El trabajo se desarrolla en un contexto de aumento de la apicultura en el Reino Unido. El número de apicultores registrados pasó de 19.000 en 2010 a 47.000 el año pasado. Las colonias gestionadas pueden concentrar una gran cantidad de individuos en espacios donde otros insectos necesitan las mismas fuentes de néctar y polen.

    La especialista aclaró que el propósito de la investigación no era desalentar la apicultura, sino comprender el mecanismo de la competencia para contribuir a la conservación de los polinizadores silvestres, que cumplen una función ecológica esencial.

    El aumento de la temperatura elevó los enfrentamientos

    El estudio también encontró que las etapas con temperaturas más altas coincidieron con una mayor cantidad de interacciones competitivas. El estrés por calor puede hacer que las flores produzcan menos néctar, por lo que habría menos alimento disponible para los insectos que acuden a ellas.

    Cada grupo responde de forma distinta a los cambios térmicos. Las temperaturas bajas pueden favorecer la capacidad de alimentación de los sírfidos y los abejorros, sensibles a valores más elevados, mientras que ocurre lo contrario con las abejas melíferas.

    Un trabajo anterior citado por los investigadores indicó que un incremento de 12 °C multiplicó por 10 el número de abejas de la miel que salían de sus nidos.

    La autora advirtió que el calentamiento previsto para el Reino Unido podría agravar la presión de los ejemplares dominantes sobre los polinizadores silvestres. Por ello, planteó la necesidad de encontrar formas de mantener la coexistencia, sobre todo en áreas urbanas con alta densidad de colmenas.

    Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.

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