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    La desconfianza entre Milei y Bullrich, la advertencia del FMI al Gobierno y el temor de Trump al efecto Brasil

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    La desconfianza entre Milei y Bullrich, la advertencia del FMI al Gobierno y el temor de Trump al efecto Brasil

    Javier Milei atravesó una semana de negación. Tema del que no se habla, no existe. Tal vez por eso, no reconoció públicamente el triunfo de Lula da Silva. Nunca lo hará: el Gobierno solo tomó nota de ese resultado. Pero, en simultáneo, el primer mandatario tejía otra historia, plagada de intrigas: la exitosa operación para sacar de Brasil a Flávio Bolsonaro, quien terminó en los Estados Unidos.

    Lula es presidente por cuarta vez. El exlíder obrero entró en la historia grande de su país: aún cuando se discrepe con sus medidas de gobierno, demostró que es un sagaz animal político. Batió varios récords: dio vuelta la derrota de la primera vuelta y alcanzó los cuatro mandatos. Ningún líder en un sistema presidencial y verdaderamente democrático lo había logrado, salvo Franklin D. Roosevelt, que gobernó los Estados Unidos entre 1932 y 1944.

    Lula, Bolsonaro, Trump y Massa

    Hay que mirar de cerca las elecciones de Brasil para extraer algunas conclusiones.

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    La primera cuestión es por qué perdió Bolsonaro. En la primera vuelta, sus candidatos de derecha ganaron diez de los quince estados más grandes. Ese resultado parece haberlos conformado: dejaron de preocuparse por hacerle campaña y lo dejaron librado a su suerte.

    Del otro lado, Lula logró imponerse por varios factores: el acertado uso de las redes, la reducción de dos puntos en la abstención y la recuperación de muchos votantes que en la primera vuelta habían elegido a Bolsonaro. Además, sus candidatos superaban ampliamente las filas del PT.

    Sergio Massa, que muy probablemente sea candidato en 2027, dice que “Lula tuvo la inteligencia de armar un liderazgo comprensivo, no hegemónico”. El renovador siempre sostuvo que Lula sería el vencedor, incluso cuando perdió la primera vuelta. Es conocida la relación que el extitular de Economía tiene con Fernando Haddad, exministro de Hacienda de Brasil. Además, cuando Massa fue candidato presidencial en 2023, los equipos de campaña del brasileño estuvieron en Buenos Aires para asesorarlo. El último domingo, Sebastián Galmarini, Cecilia Moreau y Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador, estuvieron en el búnker de Lula.

    “En la primera vuelta, Bolsonaro y sus candidatos a gobernador ganaron 10 de los 15 distritos. Esos gobernadores dejaron de empujar en la segunda vuelta y esos votos fueron para Lula. Pero, además, Lula conformó una coalición que excedía al propio PT e incorporó dirigentes de centroderecha y aliados territoriales con posiciones diferentes. Mantuvo unidos a todos esos sectores en el respeto de las diferencias”, dice el ex candidato de 2023.

    El mensaje para el kirchnerismo y para el peronismo es claro: los K tienen que estar adentro, pero la coalición debe incluir peronistas, radicales y gobernadores de centro.

    En el plano electoral, Cristina recibió un mazazo. El Comité de Descolonización de Naciones Unidas dejó trascender que la revisión de su caso puede demorar meses e incluso varios años. Cristina no es una perseguida: es una condenada sin chances de participar. Ella se ve reflejada en Lula, pero el presidente de Brasil nunca tuvo acusaciones como las de Vialidad, Cuadernos, Hotesur y Los Sauces.

    A diferencia de Milei, el presidente norteamericano, Donald Trump, sí felicitó a Lula, aunque con su peculiar estilo. Criticó el proceso electoral porque le pareció amañado, pero le dejó abierta una puerta cuando el lunes dijo: “Me gusta Lula, me llevo muy bien con él”. Y el jueves, cuando Bolsonaro arribó a Miami, agregó sobre el exmandatario brasileño: “Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos, pero no me involucraré”.

    Trump es un negociador y presiona, pero nunca clausura una puerta. Reconoce a Bolsonaro como un líder de la derecha, pero nunca lo admitirá como un presidente que vive en el exilio. Para Trump, el presidente legítimo es Lula.

    Elecciones en EE.UU.: los demócratas arriba

    Trump, además, ahora tiene otras preocupaciones más acuciantes: el martes enfrenta las elecciones de medio término y sus candidatos no son los favoritos. Se renueva toda la integración de la Cámara de Representantes, que cuenta con 435 miembros; 35 de los 100 escaños del Senado y 36 gobernaciones.

    Las encuestas vaticinan un amplio triunfo demócrata en la Cámara baja y uno bastante más ajustado en el Senado. Actualmente, los republicanos tienen apenas cinco representantes más que los demócratas, por lo que a estos les alcanza con una ganancia neta de tres bancas para hacerse con el control. En el Senado, hoy los republicanos tienen 53 escaños y los demócratas, 47. Allí, los demócratas necesitan conservar todos los que tienen y ganar cuatro bancas más.

    Pero la elección de gobernadores tiene otra particular significación, porque los 36 estados sometidos a contienda electoral representan más de la mitad de toda la Unión. Los demócratas pueden hacerse con la mayoría de las gobernaciones por primera vez desde 2010. Y la atención estará puesta en Texas, donde el demócrata James Talarico es una figura ascendente y encabeza las preferencias.

    El mundo surfea la ola azul conservadora. Brasil fue la excepción. ¿Empezará Estados Unidos a recorrer el camino inverso?

    Bolsonaro huyó, no se profugó

    Pero volvamos a Brasil. En toda la trama de la huida de Bolsonaro hubo un factor que no puede soslayarse. El juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes apuró una decisión en su contra, ordenó retirarle el pasaporte y le dio al excandidato de derecha el argumento que necesitaba para decir que es un perseguido político. Ya en suelo americano, Bolsonaro intentó decir que era el verdadero presidente de Brasil porque le habían robado la elección. Pero el gobierno de Trump no se lo permitió, porque el resultado electoral resultó incuestionable.

    Es fácil juzgar a Bolsonaro: si aceptó ser candidato presidencial, también debería respetar a la Justicia y quedarse en su país para aclarar las denuncias en su contra. Pero también era imaginable que buscaría salir de Brasil. Algo que les viene bien a todos: a Lula, para descalificarlo; al propio excandidato, para victimizarse y decir que es un perseguido; y a la misma derecha, para tener el campo libre y buscar un nuevo líder que intente conservar un electorado de 60 millones de votantes. Tarcisio de Freitas, gobernador de San Pablo, y la esposa de Jair Bolsonaro, Michelle, ya se anotaron en la carrera.

    También era previsible que Flávio utilizaría un aeropuerto argentino para partir hacia los Estados Unidos. Para eso, los agentes de inteligencia urdieron un perfecto operativo de distracción y Milei designó a su hombre de mayor confianza, Santiago Caputo, para que colaborara con la DEA. Si los Estados Unidos habían extraído a Maduro de Venezuela, menos problemas iban a tener para hacerlo desde un país amigo como la Argentina.

    Ahora, la jueza federal María Eugenia Capuchetti abrió una investigación. Si no hubo orden de captura de Interpol, no hubo delito. La causa puede ser un intento de hacer arqueología judicial, pero raramente llegue a alguna conclusión útil.

    También era fácil entrever que Milei y Trump estarían en sintonía. Lo que todavía no resulta claro es cuánto impactará en la relación bilateral. Lo dirá el tiempo. La relación con la Argentina está reducida al nivel de encargado de negocios. ¿Puede resentirse aún más?

    El año pasado, el comercio bilateral entre Brasil y los Estados Unidos superó los 110.000 millones de dólares, casi cuatro veces más que el de Brasil con la Argentina. Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, después de China, país con el que mantiene un intercambio bilateral de 157.000 millones de dólares.

    Un deterioro de las relaciones políticas de la Argentina con Brasil puede influir negativamente en materia política. En lo económico, con Lula como presidente, Milei tendrá más obstáculos para intentar liberar el Mercosur. Pero los volúmenes de intercambio bilateral dependerán de la depreciación de las monedas y de si las decisiones de política económica que toma Lula recortan el gasto y enfrían aún más su economía.

    Nunca hay que olvidar que el PBI de Brasil es 3,5 veces más grande que el de la Argentina y que el FMI ubicó a ese país como la décima economía mundial. El secretario de Coordinación Económica, Pablo Lavigne, ratificó su intención de mantener la relación comercial con Brasil. ¿Acaso podría ser distinto?

    Milei tiene un piso alto

    Mientras tanto, ¿cómo está el escenario electoral local? Aun en su peor momento, parece tener un piso del 35%.

    La última encuesta de Cristian Buttier revela que el 57,5% de los votantes prefiere un cambio en 2027, mientras que el 33,8% lo sigue eligiendo al Presidente. Pero tampoco acepta cualquier cambio, porque Milei le ganaría a Axel Kicillof por diez puntos y, en un balotaje, por tres puntos (esto último está dentro del margen de error).

    En una hipotética primera vuelta, Patricia Bullrich queda muy relegada, con el 8,5%, pero mejora mucho si pasa a una segunda vuelta: le sacaría a Kicillof una ventaja de siete puntos, el doble de la que obtendría Milei. Hay encuestas, sin embargo, que ubican a Patricia en un punto de partida muy superior.

    En otras palabras, Milei, aun en las malas, sigue siendo una opción muy competitiva, pues todas las encuestas lo ubican en un piso del 35%. Patricia puede sumarle mucho, pero también desafiarlo. Algunos gobernadores dicen off the record que la suspensión de las PASO no avanza porque Patricia no la apoya.

    Y ella, una vez más, aprovechó para diferenciarse de Milei. Hace una semana, cuando el Presidente dijo que los periodistas debían ser quemados en la hoguera, ella sostuvo que “cruzó un límite”. El miércoles, sobre Lula y la reticencia de Milei a reconocerlo, disparó que lo que “la gente decida en las urnas es su voluntad y se respeta”.

    El FMI pide reactivar; CABA se frena

    Ya no es solo una parte del Gabinete la que le reclama a Milei reactivar la economía. Ahora también lo hizo el FMI.

    El organismo lo planteó hace dos semanas, cuando presentó el Informe de Perspectivas de la Economía Mundial. En los párrafos dedicados a la Argentina expresó su preocupación por la disparidad del crecimiento. Anteayer, volvió a insistir: pidió que el Gobierno tome medidas activas para “impulsar” la economía y “respaldar la demanda interna”, en momentos en que el país está por entrar en recesión técnica.

    El FMI temería que Milei, que hizo una buena macroeconomía y paga puntualmente sus compromisos con el organismo, no consiga renovar otro mandato.

    Naturalmente, la economía muestra un fuerte dinamismo en provincias como Neuquén y Catamarca —Raúl Jalil recibió a Milei esta semana y asegura que la recaudación aumenta—, además de otras jurisdicciones del sur. Pero hay datos que demuestran que la Argentina marcha a dos velocidades.

    Uno de ellos es contundente: en la Ciudad de Buenos Aires, la recaudación impositiva cayó un 10%, un indicador que refleja el freno del comercio y el consumo.

    Por último, está la inflación. Las consultoras estiman que el índice de octubre habría cerrado entre el 1,8% y el 2%. Otro dato para tener en cuenta: el rubro alimentos estuvo muy picante y registró numerosas subas.

    Todo esto ocurre en un contexto que no es el mejor: el segundo trimestre cerró en recesión y los salarios apenas le ganan a la inflación en términos desestacionalizados, pero siguen atrasados.

    Ajustar fue difícil; reactivar puede serlo todavía más. Y quizá los efectos de esas medidas no se sientan hasta entrado el 2027.

    Fuente: tn.com.ar/politica/ — ver publicación original.

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