Investigadores del Conicet identificaron al Rinconraptor pipoae, un dinosaurio carnívoro de siete metros que habitó el norte neuquino hace 86 millones de años. El hallazgo revela una mayor diversidad de grandes depredadores en la región y homenajea a Laura Pipo, una joven paleontóloga que participó en la campaña de rescate de los fósiles.
Descubrieron una nueva especie de dinosaurio en la zona de Rincón de los Sauces. Foto: gentileza
En la segunda mitad del Cretácico, la zona de Rincón de los Sauces fue un gran valle poblado por todo tipo de reptiles: parientes lejanos de los cocodrilos, tortugas gigantes y dinosaurios saurópodos de cuello largo junto a grandes carnívoros bípedos.
Sin embargo, con el hallazgo de una nueva especie de dinosaurio, científicos del Conicet confirmaron que ese antiguo ecosistema era aún más diverso. En una exploración de rocas en un área fosilífera a 50 kilómetros de Rincón de los Sauces, hallaron parte de una cola, brazo y pierna de un dinosaurio carnívoro de 7 metros de largo.
Con sus enormes garras curvadas y huesos livianos, este animal llamado Rinconraptor pipoae habitó el norte de Neuquén hace 86 millones de años. “Se trata del segundo grupo de dinosaurios carnívoros en el área, por lo que la competencia por el alimento pudo haber sido mayor de la imaginada hasta el momento”, sintetizó Ariel Méndez, investigador del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología, del Conicet, y autor principal del trabajo publicado en la revista Palaeontología Electronica.
La historia del descubrimiento se remonta a 2016, cuando personal del Museo Municipal Argentino Urquiza (MAU) de Rincón de los Sauces encontró los primeros restos fósiles de esta nueva especie. Tres años después, se concretó una campaña paleontológica para rescatar los materiales por parte de investigadores, becarios y técnicos de diversas instituciones como el MAU, el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma), el Museo Paleontológico Bariloche, el Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP) y el Centro Científico Tecnológico del Conicet (Cenpat). Sin embargo, la limpieza se vio interrumpida por la pandemia de Covid-19.
“A partir del tamaño de las vértebras preservadas, la tibia y el húmero -y en comparación con otros animales de características similares-, pudimos estimar que Rinconraptor habría medido unos siete metros de largo”, puntualizó Ariana Paulina-Carabajal, investigadora del Inibioma y directora del Museo Paleontológico Bariloche.
Se trata de un dinosaurio terópodo -caminaban en dos patas- y tenían huesos huecos. Este hallazgo da cuenta de la “coexistencia temporal y espacial de dos grupos de superdepredadores que podrían haber competido por los recursos”. Sin embargo, los investigadores remarcaron que “el registro fósil en la zona sugiere una posible partición del nicho ecológico entre ambos grupos para evitar el enfrentamiento directo y permitir su convivencia”.
El nombre del género, Rinconraptor, hace referencia al lugar del hallazgo cerca de Rincón de los Sauces. En tanto, pipoae es una dedicatoria a Laura Pipo, becaria doctoral del Conicet en el Inibioma y participante activa de la campaña paleontológica de noviembre de 2019 en la que se recuperaron los fósiles.
Laura murió en mayo de 2020, con apenas 30 años, y sus colegas decidieron homenajear “su amistad, su memoria y trayectoria científica con la denominación de este nuevo dinosaurio, que ella ayudó a recolectar”.
“Era paleobotánica y estaba haciendo su tesis doctoral estudiando plantas del Cretácico de Antártida, enfocada en la evolución de los ecosistemas del pasado. Compartíamos oficina y era una persona muy dulce, de esas que hablan y se rien bajito pero que tienen una personalidad y una sonrisa enorme que iluminaba su cara”, recordó Paulina-Carabajal.
¿Cómo terminó una paleobotánica trabajando en un equipo de dinosaurios? La investigadora barilochense lo sintetizó de esta manera: “Necesitamos saber que comían los dinosaurios herbívoros. En principio, con Laura habíamos compartido salidas de campo cerca de Bariloche a un yacimiento excepcional de 50 millones de años de antigüedad de donde salían renacuajos con piel preservada, insectos y hojas (estos impresionantes fósiles se pueden ver en el museo de Bariloche)”.
El equipo abocado al estudio de los dinosaurios Cretácicos del norte neuquino pensaba en incluir un paleobotánico ya que “si bien no hay muchos registros de hojas en la zona, se venían registrando troncos y raíces fósiles con potencial para su estudio”.
Así, Paulina-Carabajal describió a la paleobotánica como “un aspecto esencial para la reconstrucción de ambientes. Así fue que Laura se unió a nuestro proyecto con la finalidad de ir específicamente a colectar y estudiar esas muestras de plantas que aparecieran en los mismos niveles que los huesos de dinosaurios”.
Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.












