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    No sabía cocinar, con $40.000 empezó a hacer viandas en su departamento y ahora espera facturar u$s 1 millón

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    Apenas 40.000 pesos, el valor de dos combos de fast food. Esa fue la cifra exacta con la que Karen Dutik decidió cambiar el rumbo de su vida a mediados de 2025. Sin formación en gastronomía, sin inversores y trasformando la cocina de su departamento de dos ambientes como único centro operativo, compró carne, pollo, verduras y un puñado de envases plásticos. La meta inicial era modesta: preparar 20 viandas para probar si a alguien le interesaba librarse del dilema diario de cocinar.

    Poco más de un año después, esa propuesta casera se transformó en YAFU, una foodtech que produce más de 4000 comidas al mes desde un centro propio, acumula una facturación de 500.000 dólares que espera pronto duplicar y se convirtió en la aliada estratégica de empresas que resuelven con ella la alimentación de sus empleados.

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    Nacida en Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires, Karen hoy tiene 29 años y una trayectoria alejada del perfil tradicional de un chef. Estudió Comercio Internacional y Marketing, trabajó en empresas de exportaciones, fue Gerenta de marketing (CMO) en una billetera virtual y tuvo su propia agencia digital.

    Sin embargo, en octubre de 2024 sintió que necesitaba construir algo propio desde cero. Renunció a la estabilidad corporativa y vivió de sus ahorros durante meses hasta encontrar el problema indicado y su correspondiente solución.

    La respuesta surgió de su propia rutina. Traslargas jornadas de trabajo, pensó en la pregunta que se repite en millones de hogares al caer la tarde: “¿Qué comemos?“. “Me empezó a llamar la atención la cantidad de tiempo y energía mental que le dedicamos a algo tan cotidiano”, recuerda Karen. “Porque el problema no es solamente cocinar. Es decidir qué comer, ver qué ingredientes tenés, ir al supermercado, preparar todo y después limpiar”.

    De ese problema cotidiano nació el nombre de la empresa. YAFU surge de “ya fue”, la expresión popular que sintetiza el instante en que alguien decide soltar la preocupación y dejar que un tercero resuelva algo, en este caso la logística de la mesa. El lema del proyecto resumía su meta: “Que comer no te coma el día”.

    De aprender en YouTube a alimentar a 100 personas en dos semanas

    El principal obstáculo en el punto de partida era evidente: Karen no tenía idea acerca de preparar platos a escala. “Cuando digo que no sabía cocinar, es literal”, confiesa entre risas. “Tenía cero mundo gastronómico. Además, una cosa es hacer algo para vos y otra muy distinta es elaborar comida por la que alguien paga y espera disfrutar”, admite.

    Lejos de detenerse, apeló al autodidactismo que años antes le había permitido aprender a programar. Se volcó otra vez a la computadora. Buscó videos del chef británico Gordon Ramsay en YouTube para asimilar técnicas de corte, cocción y combinación de sabores.

    En paralelo, convirtió a ChatGPT en su asistente culinario: le hacía preguntas sobre métodos de conservación, sobre el proceso de congelación y sobre secretos para que al recalentar una porción el plato no perdiera textura ni sabor.

    Su primer ensayo oficial fue una bondiola a la barbacoa con cremoso de papas. Con la receta ajustada tras varios intentos, cocinó las primeras 20 viandas en su departamento y las distribuyó entre amigos, contactos de Twitter y vecinos. Para las entregas, transformó su auto en un vehículo de reparto improvisado.

    “Al principio me daba vergüenza contar que era yo la que cocinaba. Sentía que decir que todo salía de mi departamento podía hacer que el negocio pareciera menos serio. De hecho, varios clientes pensaban que YAFU trabajaba con una cadena de restaurantes. Pero cuando la gente probó la comida y dijo que le encantaba, se me pasó el pudor y dije con orgullo: ‘¡La cociné yo!’”, dice, satisfecha.

    La prueba de fuego llegó a apenas dos semanas de haber encendido las hornallas. Un grupo de amigos organizó una hackatón con casi 100 participantes durante un fin de semana. Karen se ofreció para resolver almuerzos y cenas. Sin infraestructura industrial ni ayudantes, preparó decenas de platos.

    Esa maratón demostró que la propuesta funcionaba bajo presión y le dejó una lección central: cocinar rico una vez es una virtud, pero estructurar un sistema capaz de repetirlo cientos de veces de forma idéntica es la verdadera clave de un negocio.

    “Que comer no te coma el día”

    A diferencia de las empresas de catering tradicionales o las aplicaciones de delivery, YAFU no nació enfocada únicamente en el pedido del momento. Mientras que una app resuelve el hambre inmediata y el supermercado vende insumos sueltos, la propuesta de Karen buscó organizar la alimentación semanal y mensual.

    Al comienzo, las ventas crecieron de manera orgánica a través del boca a boca y la interacción en redes sociales, sin gastar en publicidad paga. Sin embargo, el salto de escala ocurrió cuando Karen identificó que el estrés gastronómico de las familias se replicaba en el ambiente corporativo.

    En muchas oficinas, ofrecer almuerzo a los empleados representaba un dolor de cabeza para los responsables de Recursos Humanos, quienes debían recopilar listas, conciliar gustos y coordinar pagos. Para resolver esa fricción, Karen programó una plataforma en la que cada empleado ingresa desde su teléfono, configura sus preferencias y elige entre más de 40 opciones de menú: carnes, pollos, pescados, pastas, tartas, burritos, ensaladas y opciones vegetarianas.

    La empresa cliente cuenta con un panel centralizado desde el que administra presupuestos y recibe una única factura consolidada a fin de mes.

    Actualmente, el segmento corporativo representa el 60% de los ingresos de YAFU, con clientes como Complif, Wallbit y Endless. El 40% restante corresponde a particulares, donde la tasa de permanencia y recompra “se mantiene entre el 80% y el 90%”.

    La impronta tecnológica de la emprendedora incluye funciones como “Armame el mes” —que diseña el plan mensual según las metas del usuario con inteligencia artificial—, integraciones con Slack, agentes en WhatsApp y un Protocolo que permite a los programadores gestionar sus viandas.

    Cómo cocinar un millón de dólares

    El crecimiento sostenido la obligó a dejar atrás la cocina en su casa. Hace un mes, la compañía concretó su mayor apuesta: invirtió 30.000 dólares para montar un centro de producción propio de 300 metros cuadrados en Microcentro (CABA).

    Allí se concentran la recepción de materias primas, almacenamiento, preparación a cargo de chefs profesionales, empaquetado y despacho logístico con cobertura en CABA y GBA. El modelo de suscripción y pedidos programados le permite conocer la demanda con días de anticipación, lo que reduce el desperdicio de alimentos.

    El equipo se profesionalizó: hoy son cinco personas en la estructura fija, con tres expertos en cocina, un desarrollador y Karen en la dirección general. Desde su creación a mediados de 2025 hasta octubre de 2026, la facturación acumulada de YAFU alcanzó los 500.000 dólares, con un promedio mensual de 30.000 dólares. El objetivo para los próximos doce meses es llegar al millón de dólares anuales.

    El camino exigió sacrificios. “Lo que más resigné fue la vida social y las vacaciones; hace años que no sé lo que son”, confiesa Karen. “A veces estoy programando una funcionalidad y al rato tengo que resolver un problema en la cocina o coordinar una entrega con un proveedor. Pero me gusta construir y ver cómo algo que fue una idea en la computadora -dice- hoy alimenta a miles de personas”.

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    “Yo empecé con $40.000, sin saber cocinar, mirando videos en YouTube y haciéndole preguntas a ChatGPT. A veces esperamos tener todo perfectamente ordenado para arrancar, cuando en realidad la mayor parte del aprendizaje ocurre mientras estás haciendo. No hace falta -aconseja- construir una empresa enorme desde el primer día. Al final, YAFU también nació de eso: de decir ‘ya fue, hay que animarse’”.

    Fuente: TN – Economía — ver publicación original.

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