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    7 preguntas para entender el laberinto judicial de la muerte de Jesús de Miguel

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    7 preguntas para entender el laberinto judicial de la muerte de Jesús de Miguel

    El choque al límite entre la disputa del balón y la integridad física abre un profundo debate sobre la responsabilidad penal de los futbolistas, el rol de la justicia deportiva y las invisibles cicatrices psicológicas que carga quien protagoniza un desenlace fatal en el campo.

    La muerte de Jesús de Miguel, delantero del Tenerife, tras recibir un rodillazo en el pecho por parte del arquero Jesús Owono durante un partido de la segunda división de España, sacude los cimientos del deporte y nos obliga a mirar más allá del resultado.Un hecho fortuito en apariencia, enmarcado en la disputa tradicional de la pelota, desembocó en el peor desenlace posible. Y con él, emerge un territorio inexplorado donde el reglamento deportivo se cruza con los tribunales y la salud mental.

    Mira También Murió el delantero que había sufrido un paro cardíaco producto de un rodillazo en el pecho

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    ¿Cómo interviene la ley en una acción de juego donde una vida se apaga? ¿Existe dolo, culpa o se trata de un riesgo aceptado de la actividad profesional? Estas preguntas, que rara vez trascienden el ámbito académico, hoy golpean la puerta del fútbol.

    La figura del arquero Jesús Owono queda en el centro de una tormenta invisible. ¿Cuál es su responsabilidad jurídica según la justicia? Más allá de la sanción deportiva y la tarjeta roja, el futuro inmediato plantea escenarios complejos: ¿puede seguir jugando, se retira del fútbol, enfrenta una causa penal o terminará preso? ¿Qué medidas tomarán su club y sus propios compañeros?

    A esto se le suma el calvario social y emocional. ¿Cómo se convive con el hostigamiento constante en las canchas por parte de hinchas y rivales? El antecedente de casos como el de Diego Buonanotte —quien debió lidiar con el peso de un accidente de tránsito trágico en su etapa como futbolista— demuestra que el juicio popular en los estadios no suele tener piedad ni memoria.

    ¿Cómo interviene la ley en casos donde una acción de juego termina con una vida? El fiscal jefe de Santa Cruz de Tenerife, José Luis Sánchez-Jáuregui, anticipó que ve «muy difícil» que se abra un proceso penal ordinario contra el guardameta.

    Apoyado en una doctrina histórica del Tribunal Supremo, señaló que las lesiones o daños causados durante una actividad deportiva reglada quedan fuera del ámbito punitivo, al entenderse que existe una asunción voluntaria del riesgo al participar de la disciplina.

    Expertos en el ámbito judicial, como Fernando Portillo del Foro Judicial Independiente, coinciden en que, al tratarse de un lance del juego y no de una agresión deliberada con el balón detenido, la vía penal carece de recorrido firme, salvo que la familia impulse una denuncia por un hipotético homicidio por imprudencia menos grave, un escenario que de todos modos difícilmente prospere más allá de la órbita civil o deportiva.

    Por lo pronto, la causa queda sujeta a lo que dictamine la justicia deportiva a través del acta arbitral y el Comité de Disciplina. Será este organismo el encargado de evaluar si la salida del arquero constituyó un juego temerario o peligroso y si existió o no intención de lesionar, enfrentándose a sanciones que según el código disciplinario pueden oscilar entre los cuatro y los doce partidos de suspensión. Mientras tanto, la Policía Nacional, a través del Grupo de Homicidios, ha abierto una investigación preliminar para esclarecer los hechos ocurridos en el estadio Heliodoro Rodríguez López.

    La tragedia también pone el foco en el victimario desde una perspectiva humana y psicológica que pocas veces se aborda: la depresión. El caso histórico de Toni Schumacher tras su violenta entrada a Patrick Battiston en el Mundial de 1982 sirve como espejo.

    El alemán reconoció años más tarde haber sufrido una profunda depresión, acosado por lo que denominó «lobos grises», además del repudio generalizado y su propia culpa por no haber reaccionado a tiempo. “Los lobos grises me rodearon, pero no lograron morderme porque al final logré controlar todo mentalmente. No me permití caer en esa oscuridad ni dejar que me afectara o me abrumara. Me alegro de haberlo manejado como lo hice y de que mis hijos ayudaron a asegurarse de que no hiciera nada estúpido”, ha afirmado el exportero en un documental de la televisión de su país ZDF.

    Hoy, el fútbol mundial se debate entre la naturalización del contacto físico y el límite de la tragedia. La pelota sigue rodando, pero las preguntas sobre la culpa, el perdón, la justicia y el peso de cargar con una muerte en el campo de juego continúan sin respuestas definitivas.

    Fuente: El Gráfico — ver publicación original.

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