La historia de vida del dueño de un récord con la camiseta del Xeneize, que luego encontró su lugar tras colgar los botines luego de una carrera marcada por las lesiones.
El fútbol tiene innumerable cantidad de historias de personajes que, por algún u otro motivo, debieron reacomodarse a sus vidas tras colgar los botines.
Una de ellas tiene un nombre y apellido ligado a Boca y a El Gráfico. Emiliano Romay fue tapa en octubre de 1994, luego de marcar dos goles para Boca ante Talleres. Las lesiones condicionaron su carrera y, tras retirarse, vendió chocolates, trabajó en una fiambrería y una pizzería. Luego confirmó que era coordinador de producción en una multinacional de explosivos.
El protagonista debutó con un tanto el 24 de junio de ese año frente a Ferro y ostenta un récord vigente hasta el día de hoy: el único en convertir en sus dos primeros encuentros con la camiseta del Xeneize en los últimos años.
Emiliano Romay, nacido el 25 de febrero de 1977 en Mar del Plata, lleva el fútbol en la sangre por herencia de su tío, Juan Manuel Romay, histórico goleador de Lanús. Tras su prometedor inicio en Boca, donde jugó cinco partidos y convirtió tres tantos, el delantero inició un extenso recorrido que lo llevó por diversos destinos. Después de un paso por Huracán y una experiencia en el Niza de Francia, Romay recaló en el Santiago Wanderers de Chile, donde formó parte del plantel campeón en 2001, aunque las lesiones comenzaron a condicionar su carrera. Su periplo internacional también incluyó al Saprissa de Costa Rica antes de regresar al fútbol argentino para desempeñarse en el ascenso.
En la última etapa de su carrera profesional, el atacante vistió las camisetas de Luján de Cuyo, Ben Hur y Unión de Sunchales. Tras breves pasos por Alumni de Villa María y Guaraní Antonio Franco, Romay decidió establecerse en Rafaela, donde puso fin a su trayectoria compitiendo en la liga local, dejando para el recuerdo aquel debut goleador en Boca que ningún otro jugador ha podido igualar en tres décadas.
Lo curioso es que, después de colgar los botines, Emiliano Romay pasó por varios rubros. Vendió chocolates, trabajó en una fiambrería y terminó en una fábrica de explosivos.
“Cuando quedé habían abierto una planta nueva y me pusieron como supervisor encargado del sector y enseguida entré a trabajar con gente a cargo. Me pusieron a liderar un grupo con objetivos comunes”, confesó en diálogo con La Nación en 2024.
FOTO DE PORTADA: La Nación












