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    Mito y arqueología: un experto de Oxford descubrió en Gales un fuerte romano que podría confirmar una leyenda medieval

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    Mito y arqueología: un experto de Oxford descubrió en Gales un fuerte romano que podría confirmar una leyenda medieval

    Durante más de dos décadas, una idea persistió en la arqueología británica como una certeza incuestionable: las legiones romanas apenas habían dejado una huella superficial en el remoto oeste de Gales. Esa convicción comenzó a tambalear cuando el arqueólogo Mark Merrony localizó restos de calzadas y asentamientos que no figuraban en los mapas tradicionales. La confirmación definitiva llegó tras una serie de trabajos de campo en un predio rural cercano al pueblo de Crymych, en el condado de Pembrokeshire, donde las excavaciones descubrieron un fuerte militar romano de tres hectáreas de superficie levantado hace casi dos mil años.

    La incógnita que rodeaba este rincón británico no era solo militar, sino también histórica y literaria. En la tradición celta existe un célebre compendio de narraciones medievales llamado Mabinogion, en cuyas páginas figura El sueño de Macsen Wledig.

    Ese texto sitúa al hispanorromano Magnus Maximus, proclamado emperador en Britania en el año 383, acampando al pie del Frenni Fawr, la cumbre más oriental de las colinas de Preseli. Durante generaciones, los historiadores interpretaron esa mención como una invención poética desprovista de anclaje físico, hasta que la ubicación exacta del flamante enclave demostró coincidir con el manuscrito medieval.

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    Los pormenores del hallazgo se dieron a conocer en un artículo publicado en The Conversation, firmado por Merrony, arqueólogo de la Universidad de Oxford y director de la revista especializada ANTIQVVS. “El descubrimiento representa una fusión entre mito y realidad”, afirmó el especialista en su crónica, al explicar cómo los restos desenterrados respaldan pasajes del folclore medieval.

    El rastro de una calzada perdida condujo a las defensas de madera

    El camino hacia este descubrimiento comenzó en 2002 con la identificación de una villa romana en la región, un establecimiento rural de alto rango cuya presencia resultaba inexplicable sin vías de comunicación cercanas. Merrony razonó que aquel enclave debía articularse con una arteria principal.

    En 2024 identificó elevaciones artificiales del terreno que dibujaban el contorno clásico de un fuerte auxiliar, esto es, un recinto defensivo provisto de muros perimetrales rectilíneos y esquinas redondeadas. La estructura incluía una acequia de piedra destinada a canalizar agua dulce hacia el interior del campamento, un requisito logístico indispensable para las tropas destacadas en territorio hostil.

    La confirmación preliminar llegó mediante un estudio del subsuelo con sensores magnéticos, un método que permite registrar irregularidades bajo la tierra para detectar muros enterrados sin alterar el suelo.

    Los escaneos revelaron la presencia de dos edificaciones rectangulares exactamente en los sectores previstos, lo que justificó la apertura inmediata de zanjas de prueba para cotejar las imágenes con la evidencia física.

    Las trincheras revelaron monedas imperiales y almacenes de grano

    Las zanjas abiertas en el predio confirmaron la importancia del asentamiento militar. En los primeros cortes emergieron suelos de arcilla compactada con bloques de piedra fina correspondientes a las dependencias de mando y cuarteles.

    Una de las secciones expuso una hilera diagonal de piedras asociada a una etapa posterior de ocupación civil, es decir, el momento en que las comunidades locales reutilizaron las viejas instalaciones militares tras la retirada de la legión, junto con fragmentos cerámicos y un horno con restos de tejas romanas.

    El equipo descubrió en otra zanja un piso de arcilla característico de los graneros militares, depósitos comunitarios que abastecían de cereal a la guarnición. En el perímetro externo afloraron la base del terraplén y un tramo de calzada con marcas de rodadas preservadas bajo el nivel de labranza.

    Entre las piezas recuperadas sobresalen monedas del siglo IV, un estilete de hierro empleado para trazar caracteres sobre tablillas enceradas, un hacha de carpintería y una pieza redonda de plomo utilizada para hilar lana a mano. El especialista concluye en su crónica que el fortín fue levantado originalmente con vigas de madera entre los años 74 y 78 durante las campañas del gobernador Sextus Julius Frontinus.

    Una fortaleza visible desde la cumbre respalda la memoria épica

    La presencia de monedas tardías vincula materialmente el recinto con las postrimerías del siglo IV, época en que Magnus Maximus disputó la púrpura imperial.

    Si bien la tradición galesa situó en estas colinas el campamento del caudillo, la comunidad arqueológica acoge la identificación con prudencia: los hallazgos certifican una presencia militar prolongada en Crymych, pero no prueban por sí solos que el monarca haya pernoctado en estas dependencias, un debate todavía abierto entre los especialistas frente a la cumbre del Frenni Fawr.

    La visibilidad entre ambos puntos refuerza la verosimilitud de la historia transmitida durante siglos. “El ejército romano era muy metódico y siempre excavaba una zanja alrededor de su campamento con forma de carta de naipes”, explicó Mark Merrony, arqueólogo de la Universidad de Oxford, en declaraciones recogidas por BBC Newsround, al señalar que una columna militar prefería guarecerse en una fortaleza preexistente y visible desde la altura antes que asumir el desgaste de cavar fosos temporales. De todos modos, reconoció que restan excavaciones sistemáticas para corroborar si la comunidad científica convalida de forma unánime su hipótesis.

    Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.

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