“Argentina necesita recuperar una pregunta elemental: ¿qué nos conviene como pueblo?”, pregunta el autor. Y la respuesta lleva a la Constitución Nacional: “constituir la unión, afianzar la justicia, proveer a la defensa común y promover el bienestar general, satisfaciendo las necesidades presentes sin comprometer a las futuras”.
En el debate público, la palabra «conveniente» ha sido desgastada hasta reducirla a lo rentable o lo que suma votos. Sin embargo, para un proyecto político, lo conveniente debe ser un criterio superior: la coherencia entre los fines políticos y sociales con los medios económicos y tecnológicos que garanticen una realización sustentable.
La Argentina necesita recuperar una pregunta elemental: ¿qué nos conviene como pueblo?
La Constitución Nacional ofrece la guía de ese interés nacional: constituir la unión, afianzar la justicia, proveer a la defensa común y promover el bienestar general, satisfaciendo las necesidades presentes sin comprometer a las futuras.
Para elaborar políticas verdaderamente convenientes, el pensamiento estratégico no puede nacer del voluntarismo ni de la tecnocracia vacía. Los postulados, desarrollados por el Papa Francisco, vertebran una arquitectura mental indispensable:
El tiempo es superior al espacio: Implica priorizar la gestión de los procesos con mirada prospectiva, a mediano y largo plazo, con paciencia e inteligencia, en lugar de obsesionarse con resultados inmediatos.
La unidad prevalece sobre el conflicto: Los conflictos son inevitables, pero la meta es resolverlos mediante el diálogo y la integración, transformándolos en el eslabón de un proceso hacia una unidad superior.
La realidad es más importante que la idea: Rechaza la ideología vacía. La política debe encarnarse en los hechos concretos y en el contacto directo con las necesidades del pueblo, priorizando a los sectores más postergados.
El todo es superior a las partes: Exige una conciencia integrada que no se pierda en el análisis fragmentado, sino que busque la unidad de concepción y acción para el bien común, sin anular la identidad de cada parte.
Lo conveniente no es tibieza ni oportunismo. Es una forma de tomar decisiones, basada en propósito, información y legitimidad. Para convertirla en práctica, cada gran política debe evaluarse con una matriz que contemple:
Bienestar general: Medir el impacto real en el empleo, los ingresos, la salud y la desigualdad regional, identificando ganadores y perdedores.
Soberanía: Evaluar el efecto sobre las divisas, la deuda, el control de infraestructuras críticas y la transferencia de conocimiento.
Criterio ambiental e intergeneracional: Contabilizar el impacto en agua, suelo y biodiversidad, con evaluaciones independientes y transparentes.
Federalismo: Distribuir capacidades en el territorio, no solo fondos, para aumentar la densidad económica y social de todo el territorio.
Viabilidad institucional: Asegurar que el Estado tenga la capacidad de ejecutar y controlar las políticas, evitando la captura regulatoria..
Una economía conveniente no enfrenta al mercado con el Estado. Busca estabilidad, pero también eleva la productividad mediante la inversión y el conocimiento, no mediante salarios insuficientes. Requiere un sistema financiero orientado a la producción, con trabajo digno en el centro de la integración social y una inserción internacional inteligente, diversificada y multilateral.
La Argentina no carece de recursos ni de talento. Carece de continuidad y coordinación de consensos»
La educación conveniente, por su parte, debe formar personas con pensamiento crítico, desde una identidad propia, garantizando aprendizajes adecuados a necesidades regionales, a la formación en “cultura del trabajo” y a la “era del conocimiento”. La digitalización y inteligencia artificial debe incorporarse con criterio pedagógico y soberano.
La tecnología conveniente, debe priorizar la generación de soberanía tecnológica en las áreas estratégicas de producción y defensa, favoreciendo con las nuevas tecnologías la organización social y el asociativismo, el trabajo, y el cuidado del medio ambiente.
Conclusión. La Argentina no carece de recursos ni de talento. Carece de continuidad y coordinación de consensos compartidos en las decisiones estratégicas a mediano y largo plazo. Preguntar qué es conveniente puede ayudarnos a salir de la dicotomía confrontativa. La conveniente no elimina las diferencias de intereses, pero ofrece un terreno diálogo, coincidencia y responsabilidad.
Las políticas convenientes exigen la valentía de decir que no a la renta sin producción, a la deuda sin desarrollo y a la política sin verdad. Exigen también decir que sí al trabajo, al conocimiento, a la industria y a la defensa de lo común. Construir lo conveniente es hacer concurrir capacidades diferentes hacia un propósito común. Cuando un pueblo sabe qué quiere preservar y qué futuro desea entregar a sus hijos, deja de ser objeto de políticas ajenas y comienza, otra vez, a conducir su historia.
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