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    Ganador Premio Konex en derecho: “La reforma laboral desalienta que los empresarios blanqueen a sus trabajadores”

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    Ganador Premio Konex en derecho: “La reforma laboral desalienta que los empresarios blanqueen a sus trabajadores”

    El ganador del Konex de Platino en Derecho cuestionó los cambios impulsados por el Gobierno, advirtió que desalientan el empleo registrado y analizó cómo la inteligencia artificial transformará el futuro del trabajo.

    El debate sobre la reforma laboral volvió a poner en el centro de la discusión el alcance de los derechos de los trabajadores y el rol del Estado en las relaciones laborales. Para Mario Ackerman, doctor en Derecho y reciente ganador del Premio Konex de Platino 2026, la legislación impulsada por el Gobierno representa un retroceso en materia de protección laboral y desalienta la contratación registrada. Además, advirtió sobre las consecuencias del Fondo de Asistencia Laboral y cuestionó los cambios introducidos en el sistema de indemnizaciones.

    En diálogo con Jorge Fontevecchia, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el especialista también analizó el impacto de la inteligencia artificial en el futuro del empleo y planteó los desafíos que traerá la transformación del mundo del trabajo. En ese escenario, abrió una discusión sobre la relación entre empleo, libertad y necesidad, y se preguntó cómo se financiará y aprovechará el tiempo libre en una sociedad donde cada vez serán menos las personas necesarias para realizar determinadas tareas.

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    Mario Ackerman es doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires y profesor emérito de dicha institución. Es director académico honorario de posgrados de Derecho del Trabajo en la Universidad de Buenos Aires. Fue integrante de la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT entre 2005 y 2017, siendo el primer laboralista del Cono Sur en ocupar ese cargo. Desde el año 1926, asimismo, se desempeñó como asesor legislativo y consultor del Congreso de la Nación. Recientemente fue distinguido con el Premio Konex de Platino 2026 en la categoría de Derecho Administrativo, Tributario y Laboral.

    Mario, primero que todo, felicitaciones. Es un honor tenerlo acá. Muy merecido el Konex de Platino. Me gustaría aprovechar todo su conocimiento sobre el tema del derecho laboral. Recién, cuando lo presentó el locutor, hacía un relato de todas las credenciales que usted tiene en la materia. Quisiera que nos haga una especie de actualización del estado del arte: cómo está lo que se llamaba modernización laboral, las idas y vueltas jurídicas que ha tenido en distintos estamentos de la Justicia y cuál es su aplicabilidad completa hoy.

    Bueno, primero, fundamental, muchísimas gracias por invitarme. Me halaga mucho que me haya invitado. Siempre que me presentan digo: «Paren un poco, no exageren», porque la gente se puede hacer ilusiones de que esto es un poco más de lo que es. Acá hay dos o tres planos. Una cosa es el tema laboral en la Argentina, que está pasando las vicisitudes de una reforma laboral horrible, para darle un adjetivo que sintetice mucho. Y, al lado de esto, lo que está pasando en el mundo con el trabajo y el impacto de la inteligencia artificial en los modos de trabajar, de producir y de contratar. La Argentina, como siempre, en sus cosas está a un costado del mundo. Acá seguimos discutiendo cosas que no deberían discutirse, empezando por lo primero: si es necesario proteger a las personas que trabajan. No a los que no trabajan, esto hay que entenderlo. El derecho del trabajo, la legislación laboral, se ocupa de las personas que trabajan, no de los desocupados, de los empleados que no tienen trabajo, sino de los que efectivamente trabajan. ¿Y por qué se ocupa de las personas que trabajan? Porque la relación de trabajo dependiente, fundamentalmente, es una relación de poder. Hay uno que manda, hay uno que obedece. Y ese vínculo supone que una de las partes está entregando libertad a cambio de salario. El gran tema del derecho del trabajo, aunque no se lo diga, es el tema de la libertad. Porque las personas no trabajan porque tengan una vocación incontenible por el trabajo. Esto nos pasa a los profesores universitarios.

    A quienes tienen vocación, claro.

    Pero la mayoría de los trabajadores no tienen una vocación, y menos aún para hacer algunos trabajos que no son nada agradables. Se trabaja por necesidad. Y lo que se hace por necesidad se hace sin libertad. Por eso viene el derecho del trabajo a decir: «Bueno, está bien, tiene que resignar libertad a cambio de salario porque no le queda más remedio. Pongámosle un límite». Históricamente, el primer límite son las ocho horas de trabajo. Las ocho horas de trabajo son la cuota de libertad que se entrega a cambio de salario. En realidad, siempre se habla de los tres ochos: ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de ocio. Faltan los ocho peniques para comer. Que es el salario mínimo. Entonces, de estas cosas se ocupa el derecho del trabajo. Se tiene que ir acomodando a medida que pasan los años, cambia el tiempo y cambia la manera de producir. Por eso, cuando uno habla en la Argentina de esto, lo que advierte es que tenemos efectivamente una legislación obsoleta en algunas materias. En el tema de la jornada, por ejemplo, nuestra ley está a punto de cumplir 100 años, es de 1929. El régimen de tutela de la enfermedad del trabajador, la enfermedad común, digamos, para decirlo simplemente, es de 1934. Entonces, esto hay que sentarse a conversarlo. Hay que discutir en algún momento el modelo sindical argentino, si es que sirve para este tiempo, si no hay que hacer correcciones, si no ha mostrado que en algunas materias ha tenido dificultades en el modo de negociación colectiva. Esto reclama un debate serio, que se ha producido en algunos países del mundo, porque todo el mundo ha pasado por esto. Argentina, en cambio, acaba de hacer una reforma laboral que, en lugar de avanzar, retrocede. Baja en todo lo que pudo los niveles de protección de los trabajadores, permite extender la jornada a 12 horas y desalienta la contratación en blanco. Hablan de blanqueo, el gran tema del trabajo clandestino argentino, el trabajo irregular. Hay un 40% de trabajo negro en la Argentina y esto hay que corregirlo. La reforma laboral lo que hace es casi premiarlo. Han eliminado todo tipo de sanciones e indemnizaciones por este tema. Entonces, Argentina se quedó sin el debate necesario y terminamos haciendo una reforma laboral que satisface intereses mezquinos y de corto plazo. Todo adobado con el famoso Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que empieza a funcionar ahora, el 1 de diciembre, para celebrar que yo cumplo 80 años, pues es el día de mi cumpleaños. Y eso es un negocio financiero nada más. Es juntar dinero, es decir, sacar dinero del sistema previsional para invertirlo a través de bancos y financieras que están obligados y, con ese dinero, comprar títulos de deuda pública. Una vez que se vaya acumulando alguna cantidad de dinero, un año después, eso va a servir para pagar indemnizaciones. Habrá que ver. Esto es un disparate. Primero, le quitan dinero a los jubilados, que no es dinero que esté sobrando. Y segundo, que es lo más importante, y yo creo que ahí es donde está el impacto más fuerte: el modelo este de establecer que la indemnización no la pague el empleador, sino un fondo formado por dinero que no pagó el empleador porque está sacado de las cuentas del sistema previsional, elimina la protección fundamental que tienen los trabajadores, que es la protección contra el despido arbitrario, que lo dice la Constitución. Porque la protección contra el despido arbitrario lo que busca es proteger la libertad del trabajador. Vuelvo a la libertad. ¿Por qué? Porque el trabajador ha perdido, en la relación de dependencia, la primera gran expresión de la libertad, que es la posibilidad de decir que no. Esto no lo dije yo, lo dijo un señor llamado Albert Camus, a quien no le dieron el Konex de Platino, pero le dieron el Premio Nobel de Literatura en su momento. Y si el trabajador no tiene protección contra el despido arbitrario, si el empleador le dice que si no le gusta se va, el trabajador no puede decir que no. Entonces, tiene que aceptar que le cambien las condiciones de trabajo y tiene que aceptar cosas que deberían ser inaceptables.

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    ¿Qué quedó funcionando y qué quedó stand-by por las apelaciones en la Justicia? ¿Qué es lo que hoy está vigente de la llamada Ley de Modernización Laboral y qué cosas, a partir de las apelaciones ante la Justicia, han detenido su funcionamiento? ¿En qué partes?

    No, no han detenido nada. La Justicia, lo poco que había, ya lo revocaron. Está funcionando plenamente. Lo que está pendiente son algunas derogaciones que se producen a partir del 1 de enero. Una dilación que no se entiende por qué es la derogación de los estatutos especiales, los regímenes laborales, periodistas, por ejemplo. Y el Fondo de Asistencia Laboral, que no es por un tema judicial, sino porque lo prorrogaron un mes. Primero lo prorrogaron hasta noviembre, después lo prorrogaron hasta el 1 de diciembre, para que comience la recaudación. Pero esto también se hizo sin la verdadera sinceridad. Porque el régimen, la ley, lo que decía es que, una vez que empiece a recaudar, a partir de los seis meses van a pagar indemnizaciones. Esto, con la última corrección que se hizo por decreto, se pasó seis meses más. O sea, se empieza a recaudar el 1 de diciembre de 2026 y se empiezan a pagar indemnizaciones el 1 de diciembre de 2027. ¿Esto por qué? Para juntar plata. ¿Por qué? Porque con ese dinero se compran títulos de deuda pública. ¿Y sabe cuánto se recauda con ese Fondo de Asistencia Laboral? Entre 2.500 y 3.000 millones de dólares al año. El contexto de dificultades para conseguir crédito que tiene la Argentina, y que va a tener ahora más todavía porque el riesgo país ha explotado, es para eso. Es una orfandad de sinceridad. Además, hay que entender esto: el problema que tienen las empresas no es cuánto les cuestan los despidos, sino cuánto les cuesta la contratación. Una empresa no contrata un trabajador para despedirlo, lo contrata para que trabaje y para que se comprometa con la empresa, y para que valga la pena invertir en capacitarlo. El trabajador se va capacitando a medida que va viviendo en la empresa y, cada vez que se va un trabajador de la empresa, la empresa pierde. Pierde porque invirtió en él y pierde si es que lo necesita.

    El conocimiento acumulado.

    Exactamente, y él utiliza eso para trabajar para otro.

    Usted, como contaba en la presentación, más allá de que quería bajarle el tono, tiene, creo, el único argentino que ha participado en la OIT como representante de la OIT en el tramo jurídico.

    No, no fui el único argentino. Ha habido cuatro. De hecho, actualmente hay una, que es la doctora Mónica Pinto, que fue decana de la Facultad de Derecho. Lo que soy es el único laboralista, porque la Comisión de Expertos es el principal…

    Bueno, yo decía, el único laboralista…

    El único laboralista del Cono Sur, pero del Cono Sur.

    Muy bien, no solamente de la Argentina, más aún. Entonces, el único laboralista que ha sido miembro…

    Fui 12 años, entre el 2005 y el 2017.

    Usted tiene credenciales que pocas personas tienen para hacernos ver realmente la amenaza que plantea lo que se está discutiendo en el mundo del trabajo, las nuevas tecnologías. Uno de los elementos que escuchamos en la selección de los Estados Unidos, independientemente del tema de la guerra en Irán y del combate migratorio llevado adelante de una manera cruel por parte de Trump, es que, larvadamente, está el enorme temor a las pérdidas de trabajo que va a generar la inteligencia artificial. Vemos empresas exitosas como Netflix o Microsoft despidiendo a decenas o miles de personas, sustituyéndolas por la inteligencia artificial. ¿Cómo se imagina el mundo del trabajo de aquí a cinco años?

    Bueno, lo que habría primero que decidir es si eso es una mala o una buena noticia. En lo inmediato es una mala noticia ¿por qué? Porque la economía de las familias, la estructura de la vida familiar se apoya en el ingreso que viene del trabajo. Y eso es una mala noticia. Porque no es perder el trabajo, es perder el salario. El trabajador que busca trabajo no busca trabajo, busca salario. Es un eufemismo. El que busca trabajo es el empleador. El empleador es el que busca una persona que trabaje. Perder el trabajo es perder el salario. Perdón, no ando bien de garganta hoy.

    Debe haber festejado mucho antes de anoche.

    Sí, estoy muy contento con el Konex. Estoy muy contento. Se trabaja por necesidad. Esto no lo digo yo, lo dijo Franklin Delano Roosevelt, a quien tampoco se lo puede acusar de extremista ni cosa por el estilo. Cuando anuncia las cuatro libertades en 1941, dice que la libertad es libertad de expresión, libertad de creencia, liberación del miedo y liberación de la necesidad. Cuando hay miedo o hay necesidad insatisfecha, lo primero que se pierde es libertad. Si el trabajador tiene miedo a perder el empleo, no tiene libertad. Y si pierde el empleo, no puede satisfacer necesidades. Y también es pérdida de libertad.

    La pregunta es: si trabajó por necesidad, ¿liberarlo del trabajo no es una manera de devolverle libertad?

    Probablemente sí. El tema es cómo se financia. O sea, el gran debate que viene ahora es doble. Va a haber menos necesidad de personas que trabajen. Esto es evidente. La inteligencia artificial va a reemplazar una cantidad de actividades y de profesiones y nadie sabe cuáles son los límites. La pregunta es qué hacemos con la gente. Cómo hacemos para que estas personas que no tienen la posibilidad de ganar un salario puedan vivir. Y el salario, la remuneración, es la forma que tienen los trabajadores de participar en la distribución de la riqueza que se genera. Entonces, lo que va a haber que pensar, este es el desafío, no es un desafío para juristas, es un desafío para filósofos, para políticos, para sociólogos. Los juristas tenemos que mirar y acompañar con humildad para ver qué están discutiendo. El gran debate que viene ahora es qué hacemos con el tiempo libre y cómo lo financiamos. Puede ser, por eso decía, una muy buena noticia, liberarnos de la necesidad de trabajar. Trabajar como acto de libertad, no de necesidad. Esto ya depende. No va a depender, confiemos, que no dependa la solución de gente como Trump o algunos de sus amigos, sino de gente un poco más inteligente y más humanista.

    Pero usted es optimista.

    Bertrand Russell decía en 1932: «Optimista es, en la actualidad, el que cree que las cosas ya no pueden empeorar. Pensar que puedan mejorar en un futuro cercano solo puede hacerse merced a una ceguera voluntaria». Yo no soy optimista. Viendo quiénes dirigen el mundo, no se puede ser optimista. Lo que tengo es esperanza. O sea, yo soy un hombre de esperanza. Lo dije el otro día cuando recibí el premio. Pero la esperanza es algo que se construye. Se construye con la memoria y con el compromiso. Tenemos que saber cómo llegamos hasta acá y qué pasó cuando no le prestamos atención.

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    Déjeme. Usted dice que es cuestión de filósofos, de antropólogos, de cientistas sociales. Por mi tarea, yo entrevisto continuamente a filósofos, cientistas sociales e internacionales, y encuentro en todos ellos, o en muchos de ellos, la idea de que el salario universal no va a solucionar el problema. Usted remarca que se trabaja exclusivamente por necesidad, que solo hay salario y no hay amor. Usted plantea que, si la gente pudiera liberarse del trabajo, se liberaría del trabajo. Yo escucho a muchos de los cientistas sociales que se dedican a otras ramas que no tienen que ver con el derecho laboral, que piensan muy distinto que usted, que consideran que es una necesidad intrínseca de la persona ocuparse en la producción. De hecho, la Iglesia católica así lo cree. O sea que no es un problema de remuneración. La remuneración es un problema básico, fundamental, que tiene que ver con cubrir las necesidades básicas. Cubiertas las necesidades, si estuvieran cubiertas por un salario universal, de cualquier forma se crearía un vacío en el ser humano. Yo a usted lo veo en las antípodas de eso. Entonces, me resulta interesante tratar de entender de dónde viene esa visión de que el trabajo es puramente materia.

    Es que son pocos los casos en los que uno, entre comillas, se realiza trabajando. Son pocos los casos. Los profesores universitarios, los profesionales muchas veces, los médicos, los ingenieros, pero son una minoría. La gran mayoría está en otra cosa. Y yo creo que lo que viene, lo que tiene que venir, es un debate acerca de qué significa vivir, qué significa tener libertad. Y si uno se pregunta, cada uno de nosotros, ¿cuándo somos más felices? ¿Cuando estamos trabajando? ¿O cuando estamos viendo Netflix, estando con la familia, disfrutando a los hijos, a los nietos, jugando al tenis, viendo un partido de fútbol, teniendo sexo? ¿Cuándo somos más felices? Y que diga que es más feliz trabajando, yo le puedo recomendar un buen psiquiatra. ¿Pero por qué? Porque no nos damos cuenta. Además, todo esto que yo digo se vive con culpa. Uno dice: «No, yo debería estar trabajando». Estamos de vacaciones: «Demasiadas vacaciones». No. Lo primero, por eso decía, son dos cosas: una, cómo financiamos el tiempo libre y cómo aprendemos a disfrutarlo. Y aprender a disfrutar significa disfrutar una lectura, incluso disfrutar la televisión, pero sin culpa. Porque este es un debate que va mucho más allá de lo que puede decir, insisto, un jurista. Esto reclama un debate universal e importante.

    Hay que cambiar la Iglesia católica porque considera que el trabajo es una cosa.

    Hay tantas cosas que hay que cambiar. La Iglesia católica viene marcada, esto hay que entenderlo también, por León XIV. No se llama León XIV por casualidad. León XIII es el autor de la encíclica Rerum Novarum, de 1891. Pero no es 1891.

    Pero consideran el trabajo no simplemente una cuestión material.

    Yo no creo, y lo digo por enésima vez, yo no creo que el trabajo dignifique. El trabajo digno dignifica, pero no todos tienen un trabajo digno. Y lo que tenemos que ver es si podemos conseguir que se trabaje como un acto de libertad y no de necesidad. Por ejemplo, y vuelvo al ejemplo, los profesores universitarios, sobre todo los profesores de Derecho. Los profesores de Derecho no vivimos de lo que nos pagan. Al contrario, somos nosotros los que financiamos a la universidad con nuestros ingresos, dando clases o haciendo actividades por un salario formal. Entonces, que trabajar sea un acto de libertad. Esto es un debate político, no es una cuestión de resolverlo en una charla de 10 minutos. Esto reclama un debate abierto, importante, empezar a hacer congresos, seminarios y empezar a discutir esto. ¿Qué hacemos con el tiempo libre? ¿Cómo lo disfrutamos y cómo lo financiamos? Este es el debate.

    Gran tema, Mario, y nuevamente felicitaciones por su Konex. Que recupere la voz después de haber festejado tanto, tan merecidamente.

    Le agradezco muchísimo. Lamento lo de la voz, pero bueno, es algo que me excede.

    Faltaba más. Muchísimas gracias.

    Gracias por la invitación de nuevo.

    LMM

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    Fuente: PERFIL POLITICA — ver publicación original.

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