La oposición prepara una ofensiva legislativa y denuncia el despido de 700 agentes con experiencia técnica. Viejos cuadros de la central advierten que la convocatoria digital vulnera la doctrina del secreto.
En tiempos en los que los servicios de inteligencia recuperan una relevancia que no ostentaban desde la Guerra Fría debido a las múltiples guerras activas en distintos puntos del mundo, la Argentina ensaya un curioso giro en la arquitectura de la SIDE. La apertura de una convocatoria laboral abierta y pública en la web oficial de «la casa» sorprendió por lo inesperado pero también porque, según informó la central de inteligencia en la red social X, la búsqueda cosechó “más de 40.000 solicitudes de argentinos que quieren trabajar para defender la República Argentina” en sus primeras 24 horas de vigencia.
Pero detrás del volumen de inscriptos que el Gobierno dscribe como «parte del proceso de transparencia y profesionalización del Sistema de Inteligencia Nacional», el subsuelo del poder se prepara para un nuevo frente de conflicto que combina advertencias técnicas en las sombras y una inminente disputa parlamentaria que buscará impugnar la legalidad y los criterios de seguridad del reclutamiento masivo.
La ofensiva provendrá del Congreso, donde la oposición prepara un requerimiento formal. En diálogo con PERFIL, una fuente legislativa con amplio conocimiento en la materia expuso la paradoja que significa convocar trabajadores de inteligencia mediante un formulario web básico.
La búsqueda de personal de la SIDE, cuyo único requisito es tener el secundario completo, plantea otra contradicción para la fuente: “¿Para qué echaron a 700 agentes que tenían 10 o 15 años de experiencia en la agencia? Si necesitaban mayor capacitación se la podría haber brindado a través de la Escuela Nacional de Inteligencia”. Y adelanta: “Queremos saber cuáles van a ser los criterios de selección”.
Según esta perspectiva, la maniobra oficial prescinde de personal ya adiestrado con el único objetivo de vaciar casilleros. La hipótesis legislativa apunta a la incorporación de estructuras civiles con un fuerte sesgo de alineamiento político directo hacia quien ejerce la conducción política-informal del organismo: Santiago Caputo.
Santiago Caputo se hizo eco de la campaña de reclutamiento de la SIDE
Cuál será el destino de la base de datos masiva que generó la convocatoria
El formato de la convocatoria laboral digital abierta encendió alarmas operativas que trascienden la coyuntura de los partidos. Diversos analistas observan el valor de la base de datos que el organismo recopiló de forma encubierta. La entrega voluntaria de DNI, CUIL, geolocalización residencial y correos electrónicos otorga a la SIDE un mapa inédito de la población.
El volumen acumulado funciona como una radiografía sociolaboral de decenas de miles de ciudadanos comunes que, tras ser descartados del proceso selectivo, permanecerá bajo la custodia del secreto de Estado. Los perfiles de quienes no fueron seleccionados pasarán a integrar un archivo sin certezas públicas sobre su tratamiento legal posterior.
Frente a este escenario, PERFIL consultó formalmente a la prensa institucional de la SIDE sobre las medidas de seguridad, los protocolos de almacenamiento y el destino definitivo de ese archivo de datos de los ciudadanos que no queden seleccionados para trabajar en el organismo. Al cierre de esta edición, la central de inteligencia argentina mantuvo un hermetismo absoluto.
Esta preocupación logística unifica a sectores enfrentados. Un viejo cuadro operativo de la SIDE coincidió ante este medio con los argumentos de la oposición: “En mi época los ingresos tenían que ver con referidos o búsquedas específicas de acuerdo a necesidades directas del organismo”.
Respecto a los pedidos básicos, la fuente recuerda que “se pedía título secundario, pero también alguna especialización técnica o tecnológica si hacía falta. Luego había un curso de ingreso obligatorio y un trabajo ‘socioambiental’, que era básicamente contrainteligencia: si vivía donde decía que vivía, si tenía la familia que decía tener y demás chequeos de datos para que el ingreso no sea riesgoso para la institución ni para la seguridad nacional”.
Interna en Casa Rosada por la Comisión Bicameral de Inteligencia
La convocatoria laboral de la SIDE se produce en el marco de una puja entre dos pesos pesados del Gobierno libertario: Karina Milei y Santiago Caputo. Ambos se disputan el control de la central de espías argentinos que, con su diseño actual, responde políticamente —de manera informal— a Santiago Caputo, quien tiene a Cristian Auguadra sentado en el sillón del “señor 5” en la calle 25 de Mayo.
En la vereda de enfrente, Karina Milei movió sus piezas e impuso a su principal alfil en la provincia de Buenos Aires, Sebastián Pareja, al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia del Congreso, incumpliendo un acuerdo con el PRO que tenía como destinatario de la presidencia de ese órgano legislativo a Cristian Ritondo. El enroque de “la Jefa” no cayó bien en las filas amarillas, que incluso le confirmaron a PERFIL: “Martín Menem se lo había prometido”.
La nueva SIDE podrá reclutar exagentes e investigar sin control
Con esa maniobra, Karina Milei transformó al Congreso en una trinchera institucional dispuesta a vigilar la caja y los movimientos del asesor presidencial estrella. En ese tablero de desconfianzas mutuas en Casa Rosada, la convocatoria masiva y digital de la SIDE fue leída por varios como una jugada de Caputo orientada a contrarrestar la exposición que le generó otro pedido de informes que ya se encuentra bajo trámite reglamentario en el Congreso.
Se trata del requerimiento de la oposición que pide investigar el paso de Flávio Bolsonaro por la Triple Frontera y la presunta cobertura de la SIDE. En su rol de controlador, Pareja había mostrado una notable eficacia política al darle curso formal inmediato a ese pedido legislativo, lo que incomodó al sector de Caputo.
El giro inesperado: Sebastián Pareja, el otro Manuel Adorni
Sin embargo, el equilibrio de una guerra siempre es endeble. La interna libertaria en torno a la central de inteligencia sufrió un giro inesperado este fin de semana. La revista Noticias salió a la calle con una portada que señala a Sebastián Pareja como “el otro Manuel Adorni”, tras una serie de revelaciones patrimoniales detectadas de manera fortuita por el periodista Rodis Recalt en un expediente del fuero de familia de San Nicolás por el divorcio del legislador de su ex esposa.
La investigación periodística expuso una extracción por caja de 300.000 dólares en efectivo de una sucursal bancaria y la inmediata escrituración en Puerto Madero de un departamento por un monto total de 350.000 dólares —al contado— a nombre de la madre de Pareja, una jubilada de 80 años sin actividad comercial registrada.
Este hallazgo vuelve a ecualizar fuerzas: el hombre de Karina Milei que debe controlar legislativamente al hombre de Santiago Caputo que maneja políticamente el espionaje argentino pierde imagen al conocerse la existencia de esa propiedad en el barrio más caro de Buenos Aires. Y lo hace en el preciso instante en que la oposición prepara una nueva ofensiva parlamentaria que apunta a derribar los criterios e incluso la legalidad de l’acquisition de talents de “la casa”.
Caputo respira. La central recupera algo de oxígeno político gracias a los movimientos bancarios de Pareja, el armador político de “la Jefa” en la provincia más populosa del país, quien supo tener aspiraciones de ser candidato a gobernador libertario en 2027, hasta que su plan se truncó cuando Santilli aterrizó —paradójicamente— en el cargo del hombre con quien ahora se lo compara. Por estas horas, es una incógnita cómo impactará en la mesa política de Javier Milei este nuevo factor en un área históricamente sensible para la política argentina y para los Presupuestos de todos los gobiernos.
El principal servicio de inteligencia del país acaba de ingresar a un escenario donde el control parlamentario se cruzará inevitablemente con el alcance y el desarrollo de una nueva investigación patrimonial. En las oficinas de la SIDE, mientras tanto, se vive un cambio de época: por primera vez, el secreto de Estado se rinde ante la seducción del clic masivo.
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