Cuando una persona detecta un consumo que no reconoce o sospecha que fue víctima de una estafa, suele buscar con urgencia el número de su banco, su tarjeta o una billetera virtual. Ese recorrido, que parece una salida para bloquear una operación o pedir ayuda, puede llevarla a otro engaño: anuncios pagos y perfiles que imitan canales de atención derivan la consulta hacia WhatsApp y buscan obtener claves, códigos o acceso al teléfono.
Los falsos canales de atención convierten la búsqueda de ayuda en una segunda instancia de fraude, advirtió Alberto Pietrobon, especialista en ciberseguridad e informática forense: “Terminamos cayendo en una segunda estafa”, explicó en Infobae A las Nueve.
El mecanismo se apoya en marcas conocidas y en la necesidad inmediata de quien quiere resolver un problema. Pietrobon explicó que los delincuentes compran espacios para aparecer entre los primeros resultados de los buscadores, antes incluso que las vías oficiales de las empresas.
La maniobra no necesita que la víctima llegue a un sitio clandestino por iniciativa propia: basta con que escriba el nombre de una entidad y el término “teléfono” o “atención al cliente”. “Están primeros en las búsquedas”, sostuvo el especialista al describir cómo esos avisos ganan visibilidad frente a los contactos legítimos.
Los anuncios pagos pueden derivar a un WhatsApp apócrifo
Pietrobon contó que hizo una búsqueda vinculada con su tarjeta cuando no tenía el plástico a mano y encontró que los primeros cinco resultados eran anuncios patrocinados que no pertenecían a Visa. Uno de ellos mostraba una dirección web que, después de algunos pasos, derivaba a un enlace de WhatsApp.
El perfil usaba la foto de un supuesto empleado dentro de una oficina con el logotipo de la compañía; según relató, la imagen había sido creada con inteligencia artificial. “La persona que no entiende” puede interpretar que está frente a un representante auténtico, señaló.
Una vez iniciado el chat, el contacto falso responde con mensajes automáticos y ofrece menús que parecen propios de una empresa: tarjetas de crédito, cuentas bancarias o consultas por movimientos. La conversación se vuelve más riesgosa después de que el usuario elige una opción, porque los estafadores pueden llamar y presentar el pedido de datos como una verificación necesaria.
Pietrobon señaló que ese momento concentra la vulnerabilidad de quienes ya detectaron un débito desconocido y necesitan una respuesta rápida. “Nunca nos van a llamar por teléfono para pedirnos datos personales”, afirmó al referirse a una señal de alerta que los usuarios deben tener presente.
Los episodios no se limitan a las tarjetas. El especialista mencionó casos con billeteras virtuales, cuyos números apócrifos también aparecen entre las primeras opciones que arrojan los buscadores.
La repetición de logos, nombres y formatos de atención contribuye a la confusión, especialmente cuando la persona busca resolver un inconveniente fuera de los canales que usa habitualmente. Pietrobon recomendó comprobar el contacto en la página o aplicación oficial de la empresa antes de enviar información.
“El tilde verde” de WhatsApp permite identificar cuentas para las que la plataforma recibió documentación de la compañía, explicó, aunque aclaró que esa comprobación no elimina la necesidad de desconfiar de pedidos de datos financieros.
El acceso remoto deja operaciones hechas desde el teléfono de la víctima
El riesgo aumenta cuando, durante una llamada o una conversación, el supuesto agente pide instalar una aplicación con el argumento de hacer una actualización, una revisión técnica o asistir al cliente. Pietrobon advirtió que esos programas pueden habilitar el control remoto del dispositivo y abrir el camino a las plataformas bancarias que la persona tiene en su propio teléfono. Desde allí, los delincuentes pueden realizar transferencias sin necesidad de operar desde un equipo ajeno. “Pueden entrar a las plataformas bancarias”, explicó sobre el alcance de ese acceso.
Esa modalidad agrega una dificultad posterior para la víctima. Si la transferencia figura como ejecutada desde el dispositivo que usa habitualmente el titular, demostrar que no ordenó la operación puede resultar más complejo.
Pietrobon también mencionó las advertencias que WhatsApp muestra sobre números desconocidos o que recibieron denuncias, alertas que muchas personas desatienden porque aparecen con frecuencia al incorporar nuevos contactos. “Hay que prestar atención a esas advertencias”, planteó el especialista al señalar que el apuro puede hacer que esos avisos pasen inadvertidos.
Las denuncias ayudan a registrar una trama con tareas divididas
Detrás de los contactos falsos puede haber organizaciones que distribuyen funciones. Pietrobon describió esquemas en los que algunas personas realizan llamadas, otras crean cuentas mulas y otras reciben el dinero que proviene de las estafas. Esos fondos pueden concentrarse primero en distintas cuentas y luego enviarse a criptomonedas, una secuencia que complica el seguimiento del dinero. “Hay gente que llama, gente que arma cuentas mulas y gente que recibe”, resumió sobre la división de tareas.
La localización de los responsables también puede dificultarse si las páginas usadas para la maniobra están alojadas en servidores contratados en otros países. Pietrobon diferenció ese servicio de alojamiento del buscador que exhibe el resultado: el primero guarda la información de la página y el segundo facilita que los usuarios la encuentren. Por eso, que un aviso aparezca en una búsqueda no implica que el buscador sea quien aloja el sitio. “Una cosa es el hosting y otra cosa es el buscador”, explicó el especialista.
En ese escenario, las denuncias permiten dejar constancia y reunir registros sobre números, cuentas y páginas vinculadas con el engaño. Sin embargo, muchas víctimas optan por no denunciar porque consideran que el monto perdido no compensa el costo de un abogado o el tiempo que exige el trámite. Pietrobon sostuvo que esa ausencia de reportes formales también puede limitar el seguimiento de las maniobras. “Las denuncias son importantes para que quede un registro”, indicó.
Los bancos deben detectar movimientos ajenos al perfil del cliente
El especialista sostuvo que las entidades financieras tienen que conocer el comportamiento transaccional de cada cliente para advertir operaciones que se apartan de su actividad habitual. Entre las señales que mencionó figuran la recepción de varios créditos en un mismo día y el envío posterior del total a cuentas desconocidas, movimientos que deberían activar controles antes de que el dinero continúe su recorrido. “Tienen que tener un perfil transaccional”, afirmó Pietrobon al referirse a las responsabilidades de los bancos.
También planteó que las entidades deben garantizar seguridad en sus canales virtuales y actuar frente a patrones que no se corresponden con el uso normal de una cuenta. Mientras tanto, los usuarios pueden reducir la exposición si evitan entregar información personal o financiera por llamadas iniciadas por terceros, no instalan aplicaciones a pedido de un supuesto soporte y consultan los canales dentro de las aplicaciones o sitios oficiales.
Pietrobon revisó búsquedas vinculadas con estas maniobras antes de la entrevista y encontró que varias páginas y teléfonos falsos seguían visibles entre los primeros resultados: “Siguen apareciendo”.
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