En nuestro presente digital, la palabra actualización se convirtió en un término indispensable. Los grandes avances tecnológicos requieren constantes mejoras en los sistemas operativos, por lo que resultan impulsando un ciclo de consumo constante que cada vez más se parece a una obsolescencia programada. Pero hace un par de décadas, la industria operaba bajo otra lógica, a mayor resistencia, mejor producto. Fabricaban dispositivos pensados para perdurar en los años, e incluso algunos lo hicieron con el mítico Nokia 1100, que evoca, entre nostalgia y risas, la imagen de un teléfono que podría soportar cualquier golpe. Afirmar que todo pasado fue mejor implica ignorar un presente dinámico, marcado por un desarrollo acelerado que ha dado lugar a dispositivos tan innovadores que hoy se consideran indispensables en la vida cotidiana.
Cementerios tecnológicos o museos vivos: así sobreviven los dispositivos del pasado en las calles de Bogotá








