Agobiado por lo que empezaba a proyectarse como una frustración colectiva por los malos resultados económicos, a partir del 2018, desde el entorno de Mauricio Macri se solía dejar trascender que buscaba algo de oxígeno a los tormentos domésticos en sus viajes al exterior. Algo similar le ocurriría después a Alberto Fernández, apartado de la conducción real de la administración por Sergio Massa, que se hizo cargo del último tramo del mandato, y cascoteado por Cristina Kirchner; el ex presidente del Frente de Todos incluso llegó a fantasear con interceder en Europa en la guerra entre Ucrania y Rusia y buscarle una salida democrática al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Círculo rojo: una bocanada de aire fresco en París frente a los fantasmas electorales que empiezan a inquietar al Gobierno








