Hay negocios que nacen en una planilla de cálculo y otros que arrancan con un problema pequeño, una pieza descartada o un error al completar un formulario. Los segundos obligan a mirar con otros ojos lo que ya está a mano y a encontrarle un valor que nadie había visto. Un balde olvidado en un patio, las velas vencidas de los parapentes, una semilla de lino al borde del olvido y un oficio que requiere años de dominio son el punto de partida de cuatro proyectos argentinos que hoy se animan a pensar en grande. Cada uno tiene su propia lógica, su cuello de botella y sus lecciones para quien esté a punto de dar el salto. Los cuatro recibieron este año un capital semilla de USD 5.000 al cierre de DAE Creative Bootcamp, el programa para industrias creativas de la Fundación Bunge y Born y el British Council.
Cómo cuatro pymes argentinas convierten residuos, tradición y diseño en oportunidades de negocio








