Cada noche, la luz de ciudades, puertos y plataformas petroleras se filtra bajo la superficie del mar y alcanza las profundidades donde viven organismos que dependen de la oscuridad para alimentarse, reproducirse y migrar. Esa intrusión lumínica afecta ya a buena parte de las costas del planeta, pero hasta ahora no existía una forma estandarizada de medir cuánto daño puede causar en los mares de Europa. Un equipo internacional propuso el primer marco para evaluarlo y los datos son contundentes: en el Mediterráneo occidental, el 73 % de la franja marítima de hasta 10 kilómetros desde la costa recibe niveles de luz artificial clasificados como de riesgo alto, mientras que el Adriático y el Báltico figuran también entre las zonas con mayor exposición a contaminación lumínica marina. El problema no es reciente, pero la herramienta para dimensionarlo sí.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.








