En las antípodas de la tesis de Cristina y Máximo Kirchner, que sostienen que nunca lavaron dinero con la inmobiliaria y sus hoteles, el contador que custodió sus números durante más de dos décadas se arrepiente de “haber lavado dinero”, le dijo a Clarín. Admitió que al principio de las operaciones no era consciente de los movimientos de la fortuna de los ex presidentes, “pero con el correr del tiempo, sí” y que quiere «afrontar las responsabilidad de mis actos».
No se escuda detrás de ningún argumento. Víctor Manzanares está imputado como organizador de la asociación ilícita y coautor de lavado de activos. Y no niega ninguna de las acciones atribuidas por la Justicia y que están vinculadas al crecimiento de la fortuna de los Kirchner.
El jueves a las dos de la mañana Manzanares se subió al avión que aterrizó en Aeroparque, proveniente de Río Gallegos, donde todo comenzó. No volvió a ejercer la profesión, una que heredó de su padre al igual que el estudio contable que fue sede comercial de empresas de la familia Kirchner, sus últimos clientes. Su antiguo estudio, emplazado en Alcorta 76 -en la capital santacruceña-, fue la sede social de Los Sauces SA, la causa que ahora lo vuelve a reunir con Cristina y Máximo.
Desde que el Tribunal Oral Federal 5 (TOF 5) fijó la fecha de inicio del debate sobre el caso Los Sauces SA (la inmobiliaria), Manzanares -admite- sintió alivio. Quiere que el juicio se realice “para pagar por lo hecho” y así “ponerle fin a esto”. No tiene miedo de ir a prisión nuevamente. Entiende que, llegado el caso, “será el precio a pagar por mis acciones”. Asume culpabilidad sobre decisiones que tomó siendo el contador de los principales acusados en estas maniobras.
Armó la estructura financiera, custodió celosamente los números de la fortuna presidencial y fue testigo de sendas operaciones que hoy son parte del primer juicio en materia de corrupción contra Máximo Kirchner y el tercero para la ex Presidenta. Aunque decidió estar de manera presencial, el resto de los imputados adoptaron la modalidad que el TOF 5 determinó para esta primera etapa de lectura de las acusaciones: la virtualidad.
Manzanares aguardó, como él mismo explicó, durante años el inicio del juicio. En alguna ocasión se definió como un “muerto civil” y considera necesaria la instancia del debate oral y público para poder concluir el proceso penal que inició en 2017 con su detención por orden del juez Claudio Bonadio.
Lo apresaron en Alcorta 76, donde guardaba toda la documentación de los ex presidentes y el detalle de los 5,5 millones de dólares que tenía Florencia Kirchner en una caja de seguridad del Banco Galicia.
Mira en retrospectiva aquella concatenación de decisiones judiciales que, en primer lugar, lo privaron de su libertad, y que después lo condujo a declarar en diversos expedientes donde había documentación patrimonial que llevaba su firma como contador de la familia Kirchner.
Dueño de una prodigiosa memoria que le permite recordar CBU, cuentas bancarias, detalles precisos de operaciones financieras, entre otros números que construyen la fortuna de Cristina y Máximo Kirchner, el ex contador no duda ni por un instante al momento de señalar cuánto tiempo pasó en prisión: “22 meses estuve privado de mi libertad”.
Sobre esta temporada tras las rejas, le dijo a Clarín: “fue el proceso de mi arrepentimiento, fue un proceso largo que viví detenido en Marcos Paz. No fue de un día para el otro”. En 2018 cuando comenzó a tramitar en el juzgado de Bonadio junto al fiscal Carlos Stornelli la causa conocida como los Cuadernos de las coimas, Manzanares se convirtió en imputado colaborador. Declaró durante más de catorce horas de corridas, y ese mismo ritmo se imprimió en dos ocasiones más.
Brindó detalles exhaustivos de las maniobras de lavado de activos que protagonizó y respaldó desde su estudio contable. Entregó a la justicia las cuentas bancarias que las empresas de la familia Kirchner utilizaban, los números que resultaban inconsistentes, las operaciones inmobiliarias que no contaban con el suficiente respaldo documental.
Con un tono de voz calmado y reflexivo, Manzanares dialogó con Clarín:
-Sí, me arrepiento de haber lavado dinero, de haber contribuido a evadir al fisco.
-Cuando estaba realizando aquellas operaciones, ¿era consciente?
-Todo eso me lo reservo para mí. Ya lo explicaré cuando llegue el momento.
Sin eufemismos y con un discurso completamente antagónico al descargo esgrimido por sus ex clientes, Manzanares admitió que hubo maniobras de blanqueo. Brinda algunos detalles más de lo que significó estar preso: “Todo ese descubrimiento de mi ser, de mis causas fue el fruto de un gran trabajo que hice en Marcos Paz. Tuve todo el tiempo para autoanalizarme”, y añade en la conversación con Clarín, otra expresión: “Mi vida en esa época era un desperdicio. Considero que el juez Bonadío fue mi benefactor al detenerme. De una forma u otra me extrajo. Me sacó”.
Reitera un concepto en sendas conversaciones con su entorno más íntimo: “Todos los que hicieron algo indebido, deben pagar sobre todo si se le hizo daño al país”. Cuando dejó los Tribunales de Retiro el último viernes, se le preguntó si él consideraba que había generado un daño al Estado. Una vez más, no dudó: “Claro que sí, los que ayudamos a lavar dinero, a evadir impositivamente, le hicimos un daño al país”.
Manzanares puede convertirse, como señalaron fuentes judiciales a Clarín, en “un gran dolor de cabeza para Cristina y Máximo Kirchner”, a la hora de prestar declaración indagatoria. Cuando fue indagado en el caso Los Sauces, años atrás, bajo la representación legal de Carlos Beraldi -defensor de la familia Kirchner-, se negó a responder preguntas y rechazó todos los hechos que se le imputan. Con otro abogado a cargo de su defensa, esa estrategia se quebró. En agosto de 2018 firmó el acuerdo de colaboración como imputado colaborador en la causa de los Cuadernos y brindó una extensa confesión. Aportó una detallada confesión sobre el manejo y la magnitud del dinero físico que administraba Daniel Muñoz, exsecretario privado de Néstor Kirchner.
En ese contexto, Manzanares reveló la existencia de un esquema de lavado de dinero proveniente de los sobornos, estimando que solo a través de la estructura que comandaba Muñoz se llegaron a acopiar entre 200 y 300 millones de dólares en billetes fuera de todo circuito legal.
Esos fondos espurios debieron ser reconvertidos para otorgarles apariencia de licitud e incorporarlos al circuito económico. El ex contador confesó haber sido convocado directamente por Néstor Kirchner y por Muñoz para aportar la ingeniería técnica que permitiera el diseño de sociedades pantalla, la compra masiva de inmuebles, terrenos y complejos hoteleros, y la adquisición encubierta de empresas y activos en el país y en el exterior.
En su descargo como arrepentido detalló cómo se estructuraron transacciones simuladas, transferencias trianguladas y la instrumentación de fideicomisos comerciales con el objetivo deliberado de evitar las alertas fiscales y los controles de la Unidad de Información Financiera (UIF).
Dijo más: la fortuna de la expresidenta y de su entorno no encontraba correlato en actividades comerciales genuinas, sino en el retorno sistemático de fondos derivados de la corrupción estatal. En todo ello, no quedaron afuera los contratos de locación y los balances que él mismo rubricaba en firmas como Los Sauces y Hotesur, los que respondían a una “ficción jurídica y contable”, montada exclusivamente para justificar el ingreso de millones limpios a las cuentas de los Kirchner.
Esa declaración testimonial, homologada en los tribunales federales de Retiro, Manzanares ratificó que el patrimonio familiar se multiplicó sustancialmente, que había números que eran inconsistentes y aportó las coordenadas documentales y bancarias que permitieron a la Justicia trazar la ruta del blanqueo de capitales.
En la causa Los Sauces el ex contador está acusado como organizador de la estructura criminal, con un rol preponderante dentro de la asociación ilícita, y como coautor del delito de lavado de activos. Como contador público de confianza de la familia Kirchner “aportó la apoyatura técnica y el andamiaje profesional para que la firma Los Sauces S.A. adquiriera y sostuviera la estructura operativa sobre la cual se montó el esquema permanente de reciclaje de activos”.
Además, llevó adelante de forma continuada la contabilidad de Los Sauces S.A. a lo largo de toda la maniobra, administró inmuebles de la sociedad y de la familia, ejerció como contador particular de Néstor y Cristina Kirchner, llevó la contabilidad de la firma Hotesur S.A. y presidió la sociedad Coma S.A. (también perteneciente al grupo familiar).
Los hechos leídos durante la primera audiencia del juicio, respecto a la inmobiliaria, lo sitúan en un lugar clave: “participó directamente en la elaboración y registro de la documentación societaria y contable de Los Sauces S.A., redactando y certificando los balances y ejercicios económicos anuales que convalidaban los ingresos por alquileres”
Pero además, intervino en la incorporación de inmuebles a nombre de Los Sauces, que fueron puestos a disposición de las operaciones de blanqueo: el chalet de Río Gallegos donde vivía Cristina Kirchner, el departamento de San José 1111, donde cumple la ex presidenta el arresto domiciliario por la condena del caso Vialidad. Y convalidó distintos actos de aportes y compras realizadas por sus clientes.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín










