Soplan vientos endemoniados en la Argentina, que azotan con particular violencia al palacio de Justicia. En el cuarto piso de la calle Talcahuano, el fastidio mutuo que acumularon los tres ministros de Corte Suprema de Justicia este año estalló hace dos semanas con la sorpresiva -inexplicable- decisión de anular una cautelar contra el decreto de necesidad y urgencia con que Javier Milei inició su gobierno liberal en diciembre de 2023. La resolución fue completamente técnica, pero el caso elegido hizo tocar los cables rojo y azul de la política y la justicia, que una república sana aconseja mantener alejados. La explosión fue instantánea y descomunal: con la firma unánime de los jueces, en la práctica se caían las restricciones a la venta de tierras rurales a ciudadanos extranjeros. Otro de los fútiles debates con que los argentinos solemos solazarnos, sobre cuestiones resueltas hace décadas en el resto del planeta.
El furioso zigzag de la Corte descoloca a los políticos y abre un abismo de dudas para los inversores








