Hay despedidas que se miden en lágrimas, en camisetas levantadas al cielo y en estadios que no quieren soltar a su ídolo. La de esta noche, en el Monumental, tendrá todo eso. Pero detrás del último baile de Lionel Messi con la camiseta albiceleste hay otra historia, más silenciosa, que no se juega en la cancha: la del chico de Rosario que fue convirtiendo cada gambeta en un negocio, y cada título en una puerta que se abría hacia algo más grande. Porque Messi dejará la Selección, pero su vida económica está lejos de apagarse. Al contrario: lleva años armando, con una paciencia que recuerda a la de sus mejores jugadas, lo que vendrá después del último partido. Y los números de ese armado ya son, por sí solos, un récord fuera de la cancha.
El número que explica el imperio de Messi fuera de la cancha: cuál es su patrimonio personal








