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    Elecciones en Estados Unidos: Donald Trump se juega el Congreso y las encuestas anticipan una ola demócrata

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    Elecciones en Estados Unidos: Donald Trump se juega el Congreso y las encuestas anticipan una ola demócrata

    El presidente de Estados Unidos convirtió las elecciones de medio término en un plebiscito sobre su gestión y encabezó actos en los estados más disputados. (Foto: AP)

    Estados Unidos vota hoy martes 3 de noviembre en las elecciones de medio término, en las que se renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. Donald Trump decidió asumir en términos personales el desafío y convertir la votación en un plebiscito sobre su segundo mandato, con las encuestas a favor de los demócratas.

    La estrategia de transformar la elección en un plebiscito es percibida como una apuesta de riesgo, ahora que la mayoría de los sondeos anticipan una tendencia general del voto contraria a la Casa Blanca.

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    El promedio estimado por el agregador de encuestas del New York Times, a horas de la votación, arroja una diferencia de ocho puntos a favor de los demócratas.

    Pero como todos los primeros martes de noviembre, cada dos años, el voto en Estados Unidos es optativo, la participación incierta y las campañas son ásperas, frontales y cambiantes hasta el último minuto.

    Trump cerró en persona la maratón de actos que desplegó en los últimos días de campaña, una descarga intensa concentrada en los escenarios donde la disputa viene reñida.

    La Cámara de Representantes (The House, en la lengua popular) renovará por completo sus 435 bancas. El Senado, solo un tercio: 35 asientos clave para los dos años finales de la administración Trump.

    El triunfo de los opositores en la Cámara Baja es casi una costumbre del voto castigo en la historia norteamericana. La clave está en el “Muro rojo”, la mayoría del Partido Republicano, generalmente identificado con ese color.

    Al Partido Demócrata suelen pintarlo de azul, y es de ese tono la ola que sus dirigentes profetizan como algo a esta altura inevitable.

    Algunos analistas incluso se animan a anticipar una de las causas ocultas del triunfo demócrata en la Cámara de Representantes, cuyos miembros se eligen por distritos y no por estados. En Argentina, en cambio, cada provincia funciona como un distrito que reparte varias bancas por lista.

    En buen romance, esos analistas sostienen que a los republicanos se les fue la mano con el gerrymandering: la trampa de dibujar distritos electorales según conveniencia partidaria. La maniobra toma su nombre de Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts que en 1812 avaló un distrito con forma de salamandra (salamander, en inglés).

    Esta vez, la Casa Blanca habría jugado tan al límite del dibujo que, si los votos opositores superan los diez puntos de diferencia, el diseño terminaría perjudicando a sus ideólogos.

    Al fenómeno lo están bautizando “dummymandering”. Algo así como: diseño arbitrario de distritos hecho por bobos.

    En caso de confirmarse estas y otras hipótesis, el cambio en la Cámara Baja tendrá las consecuencias habituales: mayor dificultad del Ejecutivo para imponer su agenda y una hiperactividad opositora para auditar la gestión. Los pedidos de impeachment son un clásico del final de mandato, y Trump ha dejado una estela de controversias sin temor a quedar expuesto.

    Los secretarios y funcionarios de menor rango de la Casa Blanca abrigan precauciones diferentes. Observadores argentinos del proceso electoral recomiendan seguir el trayecto de Gregory Meeks, el demócrata de mayor rango en el comité de Asuntos Exteriores, que ha sido crítico de Javier Milei y de sus aliados trumpistas. Si los demócratas ganan, lo esperable es que pase a presidirlo.

    El Senado tiene en el sistema norteamericano un peso diferente. No solo designa jueces supremos: también valida funcionarios como los secretarios de Estado y de Guerra. Las encuestas de última hora muestran a los candidatos demócratas liderando en Michigan, Kansas, Texas, Ohio, Maine y Alaska, y en una pelea pareja con los republicanos en Iowa.

    ¿Por qué son relevantes esas disputas? Porque en Texas, Ohio, Kansas, Alaska e Iowa Trump ganó hace dos años por más de diez puntos, y en Maine la banca está en manos de la republicana Susan Collins. Son la grieta visible del Muro rojo.

    Como Trump eligió personalizar la campaña y el clivaje quedó establecido entre quienes lo apoyan y quienes lo rechazan, las lecturas de las últimas encuestas tienden a reducirlo todo a la caída pronunciada de la imagen presidencial, que apenas supera el 35% de respuestas favorables.

    Pero las razones detrás de esa caída son varias. La principal es la economía: la aceleración de la inflación, en una sociedad para la cual más de tres puntos anuales de aumento promedio de los precios se asemeja a una catástrofe.

    La segunda razón crítica es la política exterior: las dos guerras en las que Trump es protagonista. Ambas, Irán y Ucrania, contribuyeron a disparar el valor de la energía, arrastrando el índice general de precios.

    Estos conflictos vinieron a sumarse a la guerra comercial. Para la revista The Economist, la política de aranceles funcionó como una suerte de impuesto oculto: implica una caída del ingreso real cercana al 3% en el decil más pobre y le resta unos 1100 dólares anuales al hogar promedio.

    Esta afirmación merece ser contrastada. En las elecciones legislativas tienen mucho peso las agendas locales. En cada distrito y en cada estado se pone en práctica una intensa auditoría electoral que reclama resultados a los representantes directos.

    En muchos casos, la política arancelaria de Trump favoreció intercambios estratégicos para los intereses locales. Es el caso de Maine, cuya economía compite a la vez que se integra con Canadá.

    Con una trama de intereses y resultados tan intrincada, las proyecciones de la elección norteamericana de hoy también son múltiples e impredecibles.

    No son pocos los que temen que un cambio rotundo en el eje de poder norteamericano pueda despertar novedades no menos drásticas.

    Algunos analistas prevén una reacción de la Casa Blanca: los republicanos piensan en subir el techo de deuda semanas después de la elección si el resultado no los favorece.

    “El financiamiento provisorio del gobierno vence el 11 de diciembre y después de eso vendría un potencial shutdown”, dicen, en alusión a la práctica habitual de presionar las negociaciones presupuestarias en el Congreso con el cierre de la administración.

    A esas previsiones habría que añadir un factor clave: Trump anunció más presiones sobre Irán, y nadie descarta una escalada bélica similar a la de febrero pasado.

    Vistas desde Argentina, esas proyecciones son más que preocupantes. Domingo Cavallo acaba de advertir que los dos riesgos externos más importantes “son la crisis fiscal y financiera que puede desatarse en Estados Unidos y Europa”. A esa desaceleración global se sumaría en la región la necesidad de un ajuste que se avecina en Brasil.

    La elección argentina de 2027 se venía analizando desde factores internos: la polarización social en torno a la gestión Milei, el estancamiento de la actividad no exportadora o la incertidumbre de una política pendular que impacta en el riesgo país.

    A esa matriz de factores indescifrables acaso haya que sumar desde mañana una tormenta global de dimensiones aún desconocidas.

    Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.

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