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    Entre mover las orejas y estirar la trompa: qué revelan los 41 gestos que usan los elefantes para comunicarse

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    Entre mover las orejas y estirar la trompa: qué revelan los 41 gestos que usan los elefantes para comunicarse

    En medio de una disputa, un elefante puede abrir las orejas, lanzar la trompa o cambiar su postura frente a otro individuo.

    Esos movimientos no son necesariamente una reacción espontánea: un equipo de investigación documentó que los elefantes africanos de sabana emplean 41 tipos de gestos para influir en la conducta de otros elefantes.

    El registro también incluye contactos físicos y señala que esas acciones buscan que el receptor se aleje o deje de hacer una actividad. La pregunta no era si los elefantes hacían movimientos visibles durante una disputa, sino si los usaban como mensajes deliberados.

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    Para distinguir entre una reacción corporal ante la tensión y una señal dirigida a un rival, fue necesario observar qué hacía el elefante antes del gesto, cómo respondía el receptor y qué ocurría cuando esa respuesta no lograba el efecto buscado.

    Un estudio publicado en la revista Animal Cognition examinó esa cuestión en elefantes salvajes de Sudáfrica. El trabajo constituye la primera investigación sistemática sobre la comunicación gestual intencional de los elefantes africanos de sabana durante interacciones competitivas.

    El estudio examinó si las señales buscaban cambiar la conducta de otro elefante

    El equipo observó a los animales durante más de 90 horas en el Parque Nacional de Elefantes de Addo y el Parque Nacional Marakele.

    Allí registró cerca de 840 episodios de gesticulación en encuentros agonísticos, es decir, situaciones de conflicto, amenaza, competencia o desplazamiento entre individuos.

    La investigación identificó 32 acciones corporales que dieron lugar a 41 tipos de gestos, según la forma en que se ejecutaban.

    La trompa, las orejas, la cabeza y el cuerpo formaron parte de ese conjunto, junto con algunas señales de contacto. La clasificación permitió analizar si cada gesto se dirigía a un animal concreto y si buscaba una reacción determinada.

    Vesta Eleuteri, investigadora de la Universidad de Viena y autora principal del estudio, explicó que algunos movimientos resultan reconocibles al observar elefantes salvajes.

    “Pueden estirar la trompa o abrir las orejas, y uno entiende intuitivamente que van en serio”, afirmó, según el comunicado de prensa de la Universidad de Portsmouth. El desafío científico consistía en ir más allá de esa impresión. Para considerar intencional un gesto, no bastaba con registrar un movimiento aislado.

    El equipo examinó una secuencia de conductas: si el elefante comprobaba si el receptor le prestaba atención, elegía una señal que ese animal pudiera percibir, esperaba una respuesta e insistía cuando no obtenía el resultado esperado.

    Mirar al receptor y repetir la señal fueron los principales indicios

    Los elefantes observados verificaban si el otro individuo estaba atento antes de hacer un gesto y mientras lo realizaban. También ajustaban la forma de la señal a esa atención. Un movimiento que debe verse puede servir cuando el receptor mira, mientras que el contacto puede ser más útil si no lo hace.

    Después de la señal, los animales aguardaban una reacción. Si el destinatario no actuaba de un modo acorde con el objetivo aparente, el emisor producía nuevos gestos.

    Según se detalla en el estudio, esa insistencia, sumada a la espera de una respuesta y a la atención al receptor, respalda la interpretación de que se trataba de mensajes dirigidos a un individuo concreto y no de reacciones corporales aisladas.

    En las 168 comunicaciones en las que el receptor respondió de acuerdo con el objetivo del elefante que hizo el gesto —134 casos, el 80%—, 134 acabaron con el receptor alejándose. En los 34 restantes, el destinatario dejó de realizar la acción que llevaba a cabo.

    Esos fueron los dos objetivos principales que identificó el equipo: pedir distancia o pedir que una conducta se detuviera.

    El resultado también muestra que los gestos no tenían un significado único e invariable. De los 33 tipos que aparecieron al menos tres veces en comunicaciones exitosas, 21 se emplearon para ambos objetivos.

    Por eso, el contexto y la reacción buscada fueron necesarios para interpretar una misma acción corporal.

    Lucy Bates, profesora asociada de Psicología Comparada en la Universidad de Portsmouth y coautora de la investigación, destacó la variedad de señales halladas.

    “Haber identificado tantos tipos de gestos como formas de comunicar mensajes claros de ‘aléjate’ o ‘deja de hacer lo que estás haciendo’ es realmente emocionante”, afirmó, según el comunicado institucional.

    Dos poblaciones compartieron más del 60% de los gestos registrados

    El estudio comparó las observaciones de Addo y Marakele, dos poblaciones que competían por recursos distintos. En Addo, los conflictos se relacionaron con el agua.

    En Marakele, con los juncos. A pesar de esa diferencia, ambas poblaciones compartieron más del 60% de los tipos de gestos documentados en las interacciones competitivas.

    La investigación también contrastó sus resultados con la base de datos ElephantVoices, que reúne observaciones de elefantes de Kenia y Mozambique.

    Para los autores, la coincidencia entre las poblaciones sudafricanas permite plantear que comparten un conjunto de gestos en este tipo de situaciones, aunque las señales más frecuentes variaron de un lugar a otro.

    Angela Stoeger, profesora de Cognición Comparada en la Universidad de Viena y coautora del trabajo, señaló que los resultados refuerzan la necesidad de estudiar la comunicación animal por distintas vías.

    Además de las vocalizaciones, los elefantes intercambian información mediante movimientos corporales y contacto, recursos que los elefantes pueden combinar según el contexto.

    El análisis se concentró en conflictos y competencia. Los autores señalan que será necesario estudiar cómo emplean los elefantes estos gestos en otros momentos de su vida social.

    Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.

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