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    Fotos en un bar de Taipéi, chips de inteligencia artificial y una espía china: la trama que rodea al presidente de Nvidia

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    Fotos en un bar de Taipéi, chips de inteligencia artificial y una espía china: la trama que rodea al presidente de Nvidia

    Junio de 2024, un bar de Taipéi. Jensen Huang, presidente de Nvidia y una de las figuras más poderosas de la revolución de la inteligencia artificial, posa con un vaso de whisky junto a otros ejecutivos del sector. A su lado está Alice Huang, una empresaria china que, semanas después, empezaría a comprar chips de la compañía por miles de millones de dólares.

    Dos años más tarde, esa relación es el centro de una revelación explosiva: agencias de inteligencia de Estados Unidos concluyeron que ella pasaba información a Beijing, según reveló este jueves The New York Times.

    El diario basó su exclusiva en entrevistas con personas que conocen la vigilancia y con otros funcionarios, ejecutivos y analistas de la industria. Los informantes hablaron bajo anonimato porque los datos provienen de información clasificada y no se habían divulgado antes. La Casa Blanca, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) no hicieron comentarios sobre el tema.

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    Quién es Alice Huang

    Alice Huang, también conocida como Huang Le, es ciudadana china y alta directiva de Megaspeed, una empresa de centros de datos con sede en Singapur. No tiene parentesco conocido con Jensen Huang: comparten un apellido muy común en China.

    Su perfil público es mínimo. Según información publicada por un fondo de inversión chino donde trabajó, fue reportera de televisión, un dato que el Times no pudo verificar. Luego pasó por varios grandes bancos chinos y se incorporó a Hexi Capital, un fondo de Shanghái que invirtió en empresas de semiconductores e inteligencia artificial, según la plataforma de datos WireScreen.

    En Megaspeed se describió como directora ejecutiva. La empresa la registró como directora gerente durante sus primeros ocho meses, antes de quitarla de ese cargo en los papeles. El actual director es de Singapur, pero vivió hace poco en Shanghái, según registros empresariales y sus redes sociales.

    El negocio y el vínculo

    Megaspeed funciona como intermediaria. Compra chips de Nvidia a la filial estadounidense de Inspur, un fabricante chino de servidores, y alquila la capacidad de cómputo a empresas chinas como Alibaba. La matriz de Inspur está en la lista negra de EEUU por canalizar tecnología hacia el ejército chino, aunque la filial no tiene sanciones.

    Una compañía hermana de Megaspeed en Malasia compró al menos 4.800 millones de dólares en equipos de IA con tecnología de Nvidia entre junio de 2024 y febrero de 2026, según registros comerciales de la plataforma ImportGenius. Para una firma pequeña y poco conocida, es una suma excepcional.

    La cercanía con Jensen Huang fue, según inversores tecnológicos que conocen la empresa, una de sus herramientas. Dijeron al Times que Alice Huang y sus socios se jactaban de esa relación para recaudar fondos y promover su red de negocios, que invirtió junto al gobierno chino en centros de datos. Antes de que el diario informara sobre su papel en la compra de chips, ella publicaba en sus redes fotos junto al ejecutivo, según una persona que las vio.

    Las imágenes se repiten. En mayo de 2025, ambos fueron vistos de nuevo en Taipéi, saliendo de un restaurante después de una cena de negocios con proveedores del sector. Ella esperó detrás de él mientras hablaba con periodistas taiwaneses. Esos episodios ya habían sido descritos en una nota del Times de octubre pasado. No está claro cuándo se conocieron.

    La vigilancia

    Funcionarios del gobierno estadounidense ya sospechaban que Megaspeed ayudaba a Beijing a esquivar las restricciones a la exportación de chips avanzados, vigentes desde 2022. La investigación comenzó a fines de 2024, cuando un funcionario del Departamento de Comercio visitó un centro de datos en Malasia y encontró los equipos aún en sus cajas, señal de que se enviaban a otro lado en lugar de instalarse. Singapur interrogó a Alice Huang en 2025 y la liberó. Este año, el expediente pasó a manos del Departamento de Justicia.

    Pero la parte clave estaba en otro lado. La vigilancia electrónica sobre la ejecutiva reveló dos hallazgos: que entregaba información a China y que mantenía contacto con un ciudadano estadounidense.

    Las agencias de inteligencia no pueden, por lo general, espiar a ciudadanos del país sin una orden judicial. Pero cuando una comunicación vigilada incluye a un estadounidense, las autoridades pueden pedir que se revele su identidad si demuestran que necesitan ese dato. Con ese mecanismo, conocido como “desenmascaramiento”, identificaron a Jensen Huang.

    Según el Times, el gobierno de EEUU evitó actuar porque no quería perturbar las ventas de Nvidia, un motor de la economía y la bolsa, ni complicar la relación comercial con China.

    Las fuentes indicaron que Huang no recibió una “advertencia defensiva”, el aviso que a veces se da a ciudadanos estadounidenses que son blanco de espionaje extranjero. No está claro si se lo evitó para no alertar a la ejecutiva de que estaba siendo vigilada, algo habitual en estos casos. Esa vigilancia continúa y, este año, empresas vinculadas a ella siguieron comprando chips de Nvidia.

    En su momento, los funcionarios no creían que el ejecutivo supiera que ella reunía datos para China. El Times no pudo determinar si esa evaluación cambió.

    Las respuestas

    El vocero de Nvidia, John Rizzo, afirmó que Megaspeed es un cliente regional como cualquier otro y que la empresa ya había investigado y descartado las acusaciones de contrabando de chips. Agregó que clientes como Megaspeed reciben “información comercial ordinaria, no secretos industriales sensibles de Nvidia” y “cero información relevante para la seguridad nacional”. Según el vocero, la compañía confía en que, si el gobierno considerara a alguien una amenaza para la industria estadounidense, se lo comunicaría. Sostuvo, además, que es el gobierno chino el que “bloqueó” los chips de IA de EE.UU. para proteger a su propia industria.

    Megaspeed dijo que su actual conducción se toma el asunto “con extrema seriedad”, que contrató abogados externos para una investigación interna y que notificó al gobierno de EE.UU. su compromiso de cooperar.

    Alice Huang no respondió a los pedidos de comentarios. Una persona familiarizada con la firma dijo que ella redujo su actividad desde que comenzaron las investigaciones. Mientras tanto, la compañía sigue adelante con un gran centro de datos en el estado malasio de Johor, para el cual, según una fuente, ya tiene los chips necesarios.

    La embajada china en Washington respondió que Estados Unidos lleva adelante una campaña de “calumnias infundadas” contra su país, según su vocero, Liu Chang.

    El peso político del caso

    El episodio ocurre en un momento sensible. Hasta 2025, Jensen Huang casi no visitaba Washington. Luego se acercó a Trump, a quien convenció en una cena con donantes en Mar-a-Lago de permitir los negocios con China. Según fuentes citadas por el Times, el presidente quedó deslumbrado con el relato de su ascenso. Nvidia donó al menos 20 millones de dólares al fondo del salón de baile de la Casa Blanca y prometió invertir 500.000 millones en producción en EEUU. Huang ocupó un lugar en la mesa principal del banquete de Estado en honor de Xi Jinping.

    El ejecutivo logró que se flexibilizaran las normas para las empresas de IA y que se revirtieran restricciones a las ventas de chips a China. También acordó que el gobierno recibiera una parte de los ingresos por los modelos autorizados. El año pasado, Trump aprobó la venta de una generación anterior de chips. Antes de reunirse con Xi, escuchó la propuesta de Huang de venderle tecnología aún más potente, lo que irritó a funcionarios y legisladores republicanos, pero finalmente decidió no hacerlo. Funcionarios actuales y anteriores dijeron al diario que esa relación frenó los intentos de limitar las ventas de Nvidia y que investigaciones y sanciones contra la empresa o China quedaron paralizadas en el Departamento de Comercio.

    El caso también reabre un debate regulatorio. Algunas empresas compran legalmente grandes cantidades de chips para armar centros de datos en el sudeste asiático que sirven a clientes chinos. Funcionarios y legisladores estadounidenses consideran que esa práctica es una laguna problemática. El gobierno de Joe Biden la restringió; Trump revirtió esas reglas, y su administración evalúa ahora volver a endurecerlas.

    Sin embargo, siguen sin respuesta varias preguntas: qué agencias vigilan a Alice Huang, qué la llevó a empezar, cuándo comenzó a pasar información a Beijing y qué valor tiene lo que entregó.

    Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.

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