Las elecciones en Israel abrieron una nueva etapa de negociaciones para definir la composición del próximo gobierno. Aunque el partido de Benjamín Netanyahu obtuvo la mayor cantidad de escaños, no consiguió reunir por sí solo los apoyos necesarios para alcanzar la mayoría parlamentaria. El resultado obliga al actual primer ministro a buscar acuerdos para mantenerse en el poder, mientras la oposición evalúa sus posibilidades de construir una alternativa.
En diálogo con Infobae a la Tarde, el analista internacional Ilan Buzny examinó los escenarios que se abren tras la votación y el margen de maniobra de las distintas fuerzas políticas. “La llave tanto de apertura como para cerrar la puerta de las coaliciones la sigue teniendo Netanyahu”, sostuvo.
La Knesset, el Parlamento israelí, está integrada por 120 miembros y requiere al menos 61 votos para alcanzar una mayoría. Sin embargo, la fragmentación partidaria obliga a negociar con espacios que mantienen diferencias ideológicas y posiciones contrapuestas sobre la seguridad, la religión y la organización del Estado.
“El candidato que logre una coalición de 63 o 65 votos tendrá una coalición fuerte”, explicó Buzny. Un acuerdo que supere los 65 escaños, agregó, podría abrir la posibilidad de conformar un gobierno de unidad nacional.
Las negociaciones que definirán el futuro político de Netanyahu
El presidente israelí, Isaac Herzog, deberá consultar a los representantes de los partidos y encomendar la formación de gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría parlamentaria. Si el primer candidato no consigue los apoyos necesarios, el proceso contempla nuevas instancias de negociación y puede terminar en una convocatoria electoral.
“Quien tenga la mayor cantidad de chances es a quien Herzog le va a decir: ‘Ahora tenés el tiempo necesario para armar esa coalición’”, explicó Buzny.
El analista advirtió que la fragmentación parlamentaria abre la puerta a acuerdos entre fuerzas con posiciones muy diferentes. “Cualquier tipo de rejunte que te puedas imaginar puede llegar a suceder”, afirmó. Como antecedente, recordó las dificultades que atravesó Israel para consolidar gobiernos estables: “Anteriormente, para la conformación de la anterior coalición de gobierno, hubo cinco elecciones”.
Si las negociaciones fracasan, el país podría volver a las urnas. Mientras tanto, según explicó Buzny, las reglas contemplan la continuidad de un gobierno de transición hasta que se resuelva la situación política.
Aunque Netanyahu conserva capacidad de negociación, el resultado electoral no le garantiza la continuidad al frente del Ejecutivo. La definición dependerá de su posibilidad de sumar aliados y de la capacidad de la oposición para superar sus diferencias y construir una mayoría alternativa.
El voto árabe y las acusaciones de fraude
La participación de la población árabe de Israel fue otro de los factores destacados por Buzny. Esa comunidad representa más del 20% de los habitantes del país y sus representantes pueden adquirir un papel relevante en las negociaciones si los principales bloques no consiguen reunir por sí mismos los votos necesarios.
“Salieron a votar casi en un 80% dentro de lo que suelen ir a votar. O sea que ampliaron la cantidad de votos”, señaló el analista, quien vinculó esa movilización con el rechazo a las posiciones de Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional y referente de la derecha radical.
Buzny mencionó a la Lista Árabe Conjunta y a Ra’am entre los espacios que representan a sectores de esa comunidad, aunque mantienen diferencias políticas. Su eventual participación en acuerdos parlamentarios dependerá de las condiciones que planteen y de la disposición de otras fuerzas a negociar con ellos.
En paralelo, el partido de Netanyahu denunció que la elección había sido “robada” por los partidos árabes y reclamó investigar un supuesto fraude. Buzny relativizó el alcance de esas acusaciones y consideró que respondían principalmente a una estrategia mediática. “Yo lo consideraría como algo más mediático que real”, evaluó.
El peso de esos votos podría resultar determinante en un Parlamento sin mayorías aseguradas. Sin embargo, las diferencias entre los partidos árabes y otros sectores políticos dificultan la posibilidad de construir acuerdos y dejan abierto el interrogante sobre su influencia en la conformación del próximo gobierno.
El servicio militar, otro foco de tensión política
La situación de los jaredíes, la población judía ultraortodoxa, es uno de los asuntos que divide a las fuerzas políticas. Las exenciones al servicio militar obligatorio generan cuestionamientos en una sociedad donde el reclutamiento y las tareas de reserva tienen un papel central en la defensa nacional.
Buzny señaló que distintos sectores reclaman una distribución más equitativa de las obligaciones y plantean que tanto los ultraortodoxos como la población árabe puedan cumplir un servicio social alternativo al militar.
“Nosotros queremos que todos los extremos, los jaredim, o sea, aquellos judíos ultraortodoxos, como la población árabe, también tengan que hacer, si no es el Ejército, un servicio social”, sostuvo al describir una de las posiciones presentes en el debate.
En la oposición, el analista mencionó a Gadi Eisenkot como una de las figuras que podrían impulsar una alianza entre el centro, el centro-derecha y sectores de izquierda para desplazar a la derecha más radical y reducir la influencia de los partidos ultraortodoxos.
La posibilidad de ese acuerdo dependerá de que los partidos logren compatibilizar sus diferencias sobre seguridad, religión y organización del Estado. La disputa por las exenciones al servicio militar constituye uno de los principales obstáculos para alcanzar una coalición estable y definir una agenda común.
Estados Unidos, Irán y el acercamiento con el mundo árabe
La formación del próximo gobierno también tendrá consecuencias para la política exterior israelí. Buzny destacó la importancia de Washington para la estrategia de seguridad del país y consideró que la relación bilateral seguirá siendo central, independientemente de quién encabece el Ejecutivo.
“Estados Unidos es en este momento un aliado imprescindible, estratégico para los intereses de Israel”, afirmó.
El analista también se refirió a las versiones sobre un posible ataque estadounidense contra Irán después de las elecciones legislativas de medio término previstas para el 3 de noviembre. En ese contexto, planteó la incógnita sobre si Israel contará para entonces con un gobierno definido o si continuará inmerso en las negociaciones.
Otro de los desafíos será recomponer los vínculos con los países árabes. Buzny recordó que Arabia Saudita aparecía antes del 7 de octubre como un posible socio para avanzar en la normalización de las relaciones con Israel, un proceso condicionado por la guerra y la crisis regional.
“Es inexorable que el mundo árabe se siga acercando a Israel”, sostuvo. Para avanzar en esa dirección, agregó, será necesario proyectar estabilidad institucional y capacidad para sostener acuerdos en el tiempo.
“Para eso hay imágenes que hay que dar: un gobierno fuerte, un gobierno estable, un gobierno que tenga proyección en el futuro”, concluyó.
La negociación parlamentaria será decisiva para determinar si Netanyahu consigue mantenerse en el poder o si la oposición logra articular una mayoría alternativa. El desenlace también condicionará la capacidad del próximo gobierno para resolver las tensiones internas y sostener la estrategia de Israel en una región atravesada por conflictos e intereses contrapuestos.
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Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.












