Las abejas, polillas y otros insectos polinizadores tienen más dificultades para detectar el aroma de las flores cuando el ozono y los óxidos de nitrógeno se combinan en el aire, según una investigación dirigida por la Universidad de Reading.
El análisis, publicado en Frontiers in Ecology and the Environment, revisó 22 estudios experimentales sobre el efecto de esos contaminantes, que alteran o descomponen las señales químicas que guían a estos animales hasta las plantas.
Los investigadores advierten que la interferencia de estos compuestos atmosféricos puede afectar la capacidad de los insectos para localizar flores y obtener alimento. A su vez, muchas plantas dependen de ellos para trasladar el polen, el material que permite su reproducción.
El olor de las flores cambia al contacto con contaminantes
De acuerdo con Phys.org, las flores emiten mezclas de compuestos aromáticos que sirven como señales para los polinizadores. Las abejas, las mariposas y las polillas utilizan esos olores para orientarse y encontrar las especies vegetales que visitan.
El ozono y los NOx reaccionan con esos compuestos en la atmósfera. Como resultado, el aroma puede degradarse o modificarse antes de llegar a los insectos y la señal deja de ser tan reconocible o resulta más difícil de seguir.
La investigación señala que el efecto combinado de los gases debe interpretarse con cautela. Solo unos pocos de los estudios examinados evaluaron los dos contaminantes simultáneamente, y en esos casos el daño adicional fue menor que el que sugieren los promedios generales.
Esto ocurre porque ambos compuestos también reaccionan entre sí y se neutralizan de forma parcial en el aire. Aun así, el conjunto de pruebas revisado indica que ambos gases representan un obstáculo para el desempeño de los animales.
La revisión determinó que niveles elevados de ozono reducen el desempeño de los polinizadores en un promedio del 42%, mientras que los óxidos de nitrógeno, conocidos como NOx, lo disminuyen en un 46%. Cuando los dos gases aparecen a la vez, la reducción media alcanza el 68%.
Las emisiones diésel condicionan la recuperación
El autor principal del trabajo, James Ryalls, afirmó que se espera que las concentraciones de ozono sigan en aumento hasta aproximadamente 2050, incluso si las emisiones de NOx empiezan a bajar a medida que se abandona el uso de combustibles fósiles.
“Esto crea un período difícil para los polinizadores durante las próximas dos o tres décadas”, señaló Ryalls. Según el investigador, una mayor presencia de combustibles más limpios debería reducir los niveles de ozono y dar a estos insectos una oportunidad de recuperación.
Sin embargo, el ritmo de ese proceso dependerá de las decisiones públicas que se adopten ahora, ya que “reducir más rápidamente las emisiones de NOx, especialmente las de los vehículos diésel, podría acortar el período difícil y acelerar la recuperación”, sostuvo.
Los vehículos diésel son una fuente importante de óxidos de nitrógeno y pueden continuar en circulación más de 20 años después de que se deje de vender el último automóvil nuevo. En el Reino Unido, la prohibición para comprar coches nuevos de gasolina y diésel fue aplazada de 2030 a 2035.
Las especies especializadas afrontan una mayor exposición
El análisis identificó un riesgo mayor para los polinizadores especializados, es decir, aquellos que dependen del aroma de una sola especie vegetal. Algunas polillas entran en esta categoría, ya que requieren señales olorosas muy concretas para hallar las plantas que necesitan.
Las especies generalistas, entre ellas muchas abejas, visitan una variedad más amplia de flores y esa flexibilidad puede ofrecerles más opciones, aunque no elimina las dificultades que genera la alteración ambiental en la percepción de los aromas.
La exposición también varía según la actividad de cada insecto: las abejas y las mariposas, que buscan alimento durante el día, afrontan mayores niveles de ozono. En cambio, numerosas polillas nocturnas están más expuestas a los óxidos de nitrógeno.
“La mayor parte de los alimentos que cultivamos dependen de polinizadores sanos, por lo que protegerlos de la contaminación no puede esperar hasta 2050”, dijo Ryalls. Esto ocurre porque el deterioro de las señales florales puede afectar la producción de cultivos que dependen de la acción de estos animales.
Europa concentra la mayor parte de los estudios
La revisión subraya que gran parte de la información disponible procede de Europa. Por ello, todavía existe un vacío sobre los riesgos que enfrentan los polinizadores en zonas con una contaminación atmosférica más alta, incluidas algunas regiones de Asia.
Los autores plantean que tanto los insectos diurnos como los nocturnos requieren medidas de protección, porque la diferencia en los horarios de actividad no reduce el problema, sino que los expone a contaminantes distintos.
Su análisis vincula la transición energética con un período en el que la evolución de las emisiones determinará la exposición futura de estos insectos.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.












