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    ¿Reírse de uno mismo mejora la salud mental? Lo que dice la ciencia sobre el humor autocrítico

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    ¿Reírse de uno mismo mejora la salud mental? Lo que dice la ciencia sobre el humor autocrítico

    Los tropiezos, las confusiones y los momentos de vergüenza forman parte de la vida cotidiana. Ante esas situaciones, hay quienes se quedan pensando durante horas en lo que hicieron y quienes apelan a una broma para bajar la tensión. La risadirigida a uno mismo puede ayudar a procesar episodios incómodos, pero su efecto sobre la salud mental depende de cómo y para qué se use.

    La pregunta no tiene una respuesta absoluta. Reírse después de cometer un error menor puede quitarle dramatismo a la escena y facilitar que la persona siga adelante, según el doctor Bence Nanay, profesor de filosofía en la Universidad de Amberes y la Universidad de Cambridge.

    Distinto es usar el humor de forma reiterada para expresar desprecio hacia uno mismo o para anticiparse a críticas ajenas. En ese caso, la broma puede convivir con un malestar más profundo, tal como indicó Nanay en un artículo de Psychology Today.

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    Qué encontraron las investigaciones sobre el humor y el bienestar

    Una investigación de la Universidad de Granada, publicada en Personality and Individual Differences, encontró una asociación entre el uso frecuente del humor autocrítico y niveles más altos de bienestar psicológico, felicidad y sociabilidad en su muestra española.

    Los autores plantearon que el contexto cultural puede modificar el significado de este recurso. El estudio de la Universidad de Granada no permite establecer que ese tipo de humor cause por sí mismo esos resultados.

    Otro trabajo, publicado en International Journal of Clinical and Health Psychology y realizado con 804 participantes, distinguió entre estilos de humor. El humor afiliativo y el que busca poner los problemas en perspectiva se asociaron con menos síntomas de ansiedad y depresión, mientras que el estilo autodescalificador mostró el patrón contrario.

    El estudio completo sobre humor, ansiedad y depresión también se basó en asociaciones, por lo que sus resultados no demuestran una relación de causa y efecto.

    Estas diferencias ayudan a separar dos cuestiones que suelen aparecer mezcladas: hacer chistes sobre los propios defectos y aprender a no interpretar cada falla como una prueba de incapacidad.

    El humor puede bajar la tensión de una situación incómoda

    La risa suele aparecer como una respuesta espontánea ante situaciones inesperadas. Equivocarse de palabra, confundirse de nombre o tener un momento de torpeza puede generar incomodidad, sobre todo si ocurre frente a otras personas. Una observación humorística puede modificar el clima y permitir que el episodio no quede fijado como algo humillante.

    Este recurso se conoce como humor autocrítico cuando el chiste tiene como objeto a la propia persona. En algunas investigaciones, este estilo se asoció con mayor bienestar, autoestima y capacidad para recuperarse de emociones negativas. El posible beneficio no estaría en burlarse de uno mismo, sino en la distancia que permite tomar respecto de una situación puntual.

    Poder reconocer un error sin convertirlo en una definición personal puede reducir la carga emocional del momento. Una persona puede pensar que cometió una equivocación, corregirla y continuar, sin concluir por eso que es incapaz o que siempre va a fallar.

    Los resultados también incluyen alertas. Una investigación publicada en PLOS One comparó una muestra comunitaria de 554 adultos de Estados Unidos y Canadá con 208 estudiantes universitarios canadienses.

    Entre los estudiantes, un uso elevado del humor autodestructivo intensificó la relación entre desesperanza e ideación suicida; el patrón no alcanzó significación estadística en la muestra comunitaria. El artículo aclara así que los efectos pueden variar de acuerdo con la población estudiada.

    Estas diferencias obligan a mirar con cautela cualquier explicación simple. Dos personas pueden hacer una broma parecida, aunque la experiencia interna que acompaña esas palabras sea muy distinta.

    En un caso, el comentario puede expresar aceptación de una imperfección. En otro, puede ser una manera de repetir una crítica dolorosa bajo una apariencia liviana. Frases como “soy un desastre” o “no sirvo para nada” no pierden necesariamente su peso por decirse entre risas, especialmente si forman parte de una forma habitual de hablarse.

    Nanay señala que buena parte de los trabajos disponibles muestran correlaciones. Es decir, detectan una relación entre el tipo de humor y ciertos indicadores de salud mental, pero no prueban por sí solos que la broma sea la causa de esos resultados.

    Una persona que ya atraviesa ansiedad o tristeza puede recurrir al humor como estrategia para afrontar ese malestar. Por eso, la asociación entre una actitud humorística y un resultado negativo no permite atribuir el problema al humor de manera automática.

    La clave puede estar en no tomarse demasiado en serio

    Un experimento de la Universidad de Zúrich, publicado en la revista Emotion, evaluó a 70 estudiantes de Psicología ante seis imágenes distorsionadas de sus propios rostros. Los investigadores registraron sus reacciones faciales y observaron que quienes declaraban mayor capacidad de reírse de sí mismos mostraban más diversión ante las fotografías y menos respuestas negativas.

    La investigación experimental examinó esa reacción en un entorno controlado, aunque no permite trasladar sus resultados de forma automática a todas las situaciones de la vida diaria. El dato sugiere que el factor relevante puede ser la flexibilidad para aceptar una imagen imperfecta de uno mismo.

    Tomarse menos en serio no implica ignorar los errores ni restarles importancia a las responsabilidades. Se trata de distinguir entre aquello que requiere una reparación concreta y aquello que puede reconocerse como parte de las limitaciones comunes.

    Perder la paciencia, equivocarse en una exposición o tener una apariencia distinta de la esperada no obliga a sostener una condena permanente.

    Esta distinción también permite diferenciar el humor de una identidad rígida. Algunas personas se acostumbran a ocupar el lugar de quien siempre hace chistes sobre sí mismo. Si esa actitud se vuelve obligatoria, puede impedir que expresen disgusto, vulnerabilidad o la necesidad de recibir apoyo.

    La aceptación personal cambia el sentido de la broma

    La idea de reírse de uno mismo tampoco fue aceptada de igual manera a lo largo de la historia. El filósofo griego Platón sostenía que la risa se dirigía hacia quien era considerado inferior y que, por esa razón, una persona no podía reírse verdaderamente de sí misma.

    La experiencia cotidiana muestra que muchas personas encuentran humor en sus contradicciones sin ubicarse por debajo de los demás.

    La diferencia está en si la risa acompaña una aceptación de las propias imperfecciones o si funciona como una forma de descalificación. Cuando permite poner un error en perspectiva, el humor puede aliviar.

    Cuando mantiene una visión hostil sobre uno mismo, puede ser una señal de que el malestar necesita otro espacio para ser escuchado.

    En situaciones de autocrítica persistente, angustia o pensamientos de daño, resulta importante buscar apoyo en personas de confianza y en profesionales de la salud mental. La risa puede ser un recurso valioso para atravesar un momento difícil, aunque no reemplaza la atención necesaria cuando el sufrimiento se vuelve sostenido.

    Fuente: Infobae — Salud — ver publicación original.

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