Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, reconoció que la responsabilidad de decidir cómo debe responder ChatGPT le ha impedido descansar con tranquilidad desde el lanzamiento del servicio. “No he dormido bien ni una sola noche”, afirmó al describir el peso de definir límites, criterios y respuestas para una herramienta que utilizan cientos de millones de personas. El ejecutivo situó así el debate sobre inteligencia artificial en un terreno cotidiano y decisivo. Sus palabras importan porque el funcionamiento de un modelo de lenguaje no depende solo de su capacidad técnica para generar textos o resolver consultas. También está condicionado por reglas humanas sobre aquello que puede explicar, negar, advertir o matizar. Altman sostuvo que OpenAI consultó a cientos de expertos, pero admitió que la decisión final recae en la empresa y, de cara al público, en él. Ese margen de decisión abre preguntas sobre moral, seguridad y libertad.
Sam Altman confiesa su mayor temor con ChatGPT: “No he dormido bien ni una sola noche”








