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    Tras casi dos décadas de estudios, lograron mapear el hábitat de la ballena más «escurridiza» del planeta

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    Tras casi dos décadas de estudios, lograron mapear el hábitat de la ballena más «escurridiza» del planeta

    Los océanos del planeta albergan criaturas tan esquivas que la ciencia apenas ha logrado registrar sus huellas en el medio silvestre. Durante décadas, la inmensidad de las aguas tropicales ocultó los movimientos de grandes especies marinas que rara vez emergen a la superficie, lo que dificultó la creación de estrategias efectivas para su conservación.

    Frente a ese desafío, un equipo científico descubrió las condiciones ambientales exactas que definen el hábitat de la ballena de Omura, tras analizar casi dos décadas de grabaciones sonoras submarinas frente a las costas de Australia.

    La ballena de Omura figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza bajo la categoría de datos insuficientes, una clasificación técnica que se asigna cuando no existe información adecuada para evaluar el riesgo de extinción de un animal.

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    Su aspecto físico, semejante al de otros cetáceos similares, y su comportamiento discreto mantuvieron a esta especie en las sombras durante generaciones, al punto de que su confirmación como especie separada ocurrió recién a comienzos de este siglo.

    Los avistamientos directos desde embarcaciones son excepcionales, una barrera que impedía trazar mapas sobre su distribución geográfica y comprender sus necesidades ecológicas fundamentales.

    Para superar ese obstáculo, investigadores del Centro de Ciencia y Tecnología Marina de la Universidad Curtin recurrieron a la escucha pasiva submarina, una metodología que consiste en instalar micrófonos especiales sumergidos para captar las vocalizaciones de los animales marinos.

    A través del monitoreo ininterrumpido en decenas de estaciones oceánicas, los expertos determinaron que la presencia de estos cetáceos responde a patrones de temperatura marina y disponibilidad de presas, según un estudio publicado en la revista Marine Mammal Science. El hallazgo aporta el primer modelo de distribución para este mamífero en territorio australiano y el segundo desarrollado a escala global.

    El análisis sonoro de casi dos décadas confirma presencia constante en el noroeste australiano

    La investigación abarcó más de dieciocho años de grabaciones acústicas captadas entre 2005 y 2023 en treinta y cinco puntos estratégicos del noroeste de Australia, en una franja marina de unos mil ochocientos kilómetros de extensión.

    Los sensores submarinos detectaron llamados de la especie a lo largo de todo el año, aunque los registros aumentaron entre septiembre y mayo, periodo que coincide con los meses de temperaturas más elevadas en el hemisferio sur.

    “Las ballenas de Omura son sumamente difíciles de estudiar porque los avistamientos visuales son raros, por lo que escuchar sus llamadas brinda una vía importante para comprender dónde están”, afirmó Ciara Browne, estudiante de doctorado de la Universidad Curtin y autora principal del trabajo.

    La investigadora explicó que los ejemplares mostraron mayor propensión a emitir sonidos en zonas de mayor calidez marina, donde las condiciones del océano generan abundantes oportunidades para alimentarse.

    La temperatura del agua y la abundancia de nutrientes marcan la distribución de los animales

    Los datos procesados por el equipo revelaron una correlación directa entre las vocalizaciones de la ballena de Omura y las temperaturas de la superficie del mar superiores a los 27,5 grados Celsius (81,5 °F).

    Las detecciones coincidieron también con vientos más intensos y mayores concentraciones de clorofila, un pigmento presente en el plancton que indica abundancia de vida microscópica y, por tanto, de alimento disponible en la cadena marina.

    Los cetáceos se concentraron con especial frecuencia en la plataforma costera y en áreas como el golfo Joseph Bonaparte, una ensenada somera del mar de Timor donde corrientes ascendentes traen aguas ricas en nutrientes desde el fondo.

    El análisis identificó además un desfase temporal determinante: la presencia de los ejemplares se incrementó aproximadamente un mes después de los picos en los niveles de clorofila, lo que refleja una respuesta adaptativa al aumento de crustáceos y pequeños peces.

    El estudio indica que estos animales dependen de recursos alimentarios predecibles a lo largo del año y que, a diferencia de otras grandes ballenas que ayunan durante meses y viven de sus reservas de grasa, se alimentan y reproducen de manera continua, sin interrupciones estacionales prolongadas.

    La información sobre el ecosistema permite resguardar a la especie frente a las actividades humanas

    Comprender las rutas y los hábitats críticos de estos animales resulta indispensable para coordinar la conservación con las actividades industriales y el transporte marítimo. La profesora Christine Erbe, directora del Centro de Ciencia y Tecnología Marina de la Universidad Curtin y coautora del estudio, destacó el valor de contar con series de datos prolongadas para la gestión ambiental.

    “Nuestros hallazgos brindan una línea de base importante para entender cómo las ballenas de Omura utilizan las aguas australianas y cómo pueden responder al cambio ambiental”, sostuvo Erbe.

    La investigadora subrayó que este conocimiento permitirá perfeccionar la planificación del espacio marino y calcular el impacto del ruido submarino generado por buques cargueros, prospecciones en alta mar y plataformas industriales.

    Contar con ese mapa acústico abre el camino para reducir las presiones sobre un animal afectado por el vacío de antecedentes científicos y expuesto a las transformaciones que el calentamiento oceánico impone sobre las aguas de Oceanía.

    Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.

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