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    Willy Kohan: “Si Milei no logra reelegir es un problema para la economía, y si lo logra también”

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    Willy Kohan: “Si Milei no logra reelegir es un problema para la economía, y si lo logra también”

    El periodista y analista económico advirtió sobre los desafíos que enfrenta el programa de Javier Milei y planteó una paradoja: una derrota electoral complicaría la economía, pero una reelección también podría abrir interrogantes sobre el rumbo del modelo.

    La economía argentina atraviesa un escenario de incertidumbre que combina las dificultades del programa económico de Javier Milei, las dudas sobre su continuidad política y los desafíos que podría enfrentar una eventual segunda presidencia. Para Willy Kohan, el Gobierno tiene dos problemas por delante: qué ocurriría si el Presidente no consigue la reelección y qué pasaría si logra un segundo mandato. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el periodista y analista económico también examinó el comportamiento de los mercados, la debilidad institucional y las tensiones del modelo económico.

    Willy Kohan es un reconocido periodista y analista económico con una extensa trayectoria en radio, televisión y medios gráficos. Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires y formado en Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires, comenzó su carrera periodística en la década de 1980 en la redacción del histórico diario Ámbito Financiero. Se desempeña como columnista económico en Radio Rivadavia. Recientemente fue distinguido con el premio Martín Fierro de Radio como Mejor Columnista Económico, siendo esta la primera nominación y estatuilla de su carrera. Además, conduce el programa Somos Nosotros por FM Millennium.

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    Bueno, en esta que es la casa también de Marcelo Longobardi, tener a Willy acá es como tener al hermano de Marcelo, de tantos años. Y el traductor económico de una época de la Argentina que está confusa, no solamente la de la Argentina, sino también la del mundo. Conversábamos hace unos instantes con analistas financieros en Estados Unidos respecto de a quién favorecería en los mercados el resultado de las elecciones de Estados Unidos. Él nos decía que, históricamente, en Estados Unidos los mercados votan en contra de los demócratas, de la misma manera que en Brasil lo hacen en contra de Lula y en la Argentina, en contra del peronismo. Pero, al mismo tiempo, hay otro mercado: el mercado financiero, que es el mercado económico en el cual uno encuentra que Brasil es el país donde hay mayor inversión externa privada. En la Argentina ocurre lo contrario: con el gobierno más promercado financiero, hay menor inversión. Con toda tu experiencia, ¿cómo explicás estas contradicciones entre mercado financiero y mercado económico, entre gobiernos promercado que luego no logran conseguir los resultados que buscan?

    Bueno, por supuesto, gracias, Jorge, por la invitación. Me encanta estar aquí. Vos sabés que es curioso todo esto, ¿no? Porque un poco lo que hemos visto también a lo largo de la historia es que en el sector financiero, por ejemplo, probablemente nunca se ganó tanto dinero como con los demócratas. El gran demócrata que los mercados, de alguna manera, extrañan fue la era Clinton. Clinton fue un verdadero demócrata, pero que gobernó como un republicano. Vos pensás que Clinton directamente eliminó el déficit fiscal de los Estados Unidos. Tuvo, por supuesto, aquella década del 90, que en la Argentina tuvo sus propias vicisitudes, pero a nivel mundial fue la década de la paz en el mundo, del petróleo a 11 dólares y, por supuesto, del liderazgo de Estados Unidos en materia de tecnología y de apertura. Era más fácil abrir una cuenta en Estados Unidos que abrir una cuenta en Buenos Aires. La libertad de comercio, de tránsito, antes de la tragedia de las Torres Gemelas, por supuesto. Era impresionante. Así que te diría que, si uno hace un poco la historia, yo creo que los mercados han ganado mucho más dinero con los demócratas que con los republicanos, especialmente Wall Street. Y si mirás esta última parte de la administración Trump, la verdad que fue casi una tragedia. Entre la guerra de los aranceles, la imprevisibilidad que el propio Trump marcó, digamos, en términos de las relaciones internacionales, la batalla contra Europa, las guerras, ni hablar, por supuesto, este último tramo con la escalada del precio del petróleo, la subga de las tasas de interés, así que yo te diría que algo similar te puedo decir en Brasil, es decir, Lula, acá hay una pequeña confusión. Es cierto que Lula se radicalizó un poco en términos políticos, en términos ideológicos, tal vez, digamos el hecho de su estadía en la cárcel y toda esa persecución, pero Lula fue un ejemplo en términos de la continuidad de lo que pues yo he llamado siempre las reglas básicas de la gravedad en materia económica, ¿no? Lo primero que hizo Lula cuando llegó a la primera presidencia fue llamar al número uno del Bank Boston, Meirelles, y ponerlo en el Banco Central. Para ser bien claro, el Plan Real todavía está vigente: tiene 25 años de continuidad. El real empezó a 3 reales contra el dólar y hoy, con todo lo que ha pasado, vale 5,30. El peso argentino en ese momento era 1 a 1 y hoy estamos a 1.550 o 1.600, si tomás el contado con liquidación. Así que yo te diría que ahí hay, me parece, una sobreactuación. Pero, lógicamente, este nuevo mundo no tiene nada que ver con aquel mundo de la convivencia política de los 90, con lo que representó Clinton, con lo que representó la apertura global, la globalización en definitiva, la España de Felipe González. Todo eso hoy ha quedado muy atrás y estamos viviendo el mundo de la confrontación, de la grieta. Y eso te diría que es lo peor para el desarrollo económico, para el flujo de capitales. Así que veremos. Hay muchos interrogantes al respecto.

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    Willy, cuando se sale de la convertibilidad, cuando Brasil también sale de la suya, más frágil, el peso argentino se fue a 4 y el real también se fue a 4. O sea, en ese momento los dos teníamos, en lugar de un 1 a 1, un 4 a 1. De aquel 1 a 1 con Brasil. Hoy es 300. Ahora, vos contabas lo de los 90. Me parece muy buen punto para tratar de ver el hoy. Clinton solucionó el tema del déficit fiscal aumentando los impuestos a los ricos.

    Sí, y acordate de la desescalada militar. No te olvides de que, en definitiva, el punto central del déficit en Estados Unidos es el gasto militar. Y Clinton fue, en alguna medida… Le tocó la paz en el mundo, ¿no? Y eso fue una gran cosa, definitivamente. Y, por supuesto, en ese terreno, el petróleo a 11 dólares. Esto lo dice siempre Rosendo Fraga: nosotros, los periodistas, creímos que el Muro de Berlín lo tiró la CNN o lo que representó la globalización de la información. Eso es cierto. Pero, en realidad, el Muro de Berlín lo tiró el petróleo a 11 dólares y el derrumbe de la Unión Soviética como proveedor, precisamente, de esas materias primas. Cuando apareció el petróleo a 100 dólares, vinieron los Chávez, los Putin, los Kirchner. Es decir, de alguna manera, el Estado, porque, en definitiva, ¿qué es el petróleo? Es el Estado, es la tierra. Entonces, la fuerza del Estado y del regulador estatal es lo que cambió significativamente. Y hoy lo estamos viendo como nunca.

    Yo vuelvo a ese punto de los 90, porque es correctísimo que fue quizás el mejor momento de paz mundial, el fin de la historia que se planteaba en su momento, con una China capitalista y con la idea de que ya no había más discusión respecto del modelo económico. Ahora, sí pasó algo. La caída de la ex Unión Soviética eliminó un competidor económico y, con las desregulaciones y el Consenso de Washington, lo que sucedió a lo largo de los últimos 25 años, de este cuarto de siglo que lleva este siglo, es que el 1% más rico capturó dos tercios del incremento de la renta mundial de manera sostenida. Y los Estados no han podido taxar esos capitales por este flujo cada vez más material e inmaterial que tienen los recursos financieros. Estamos viendo, recién hablábamos con un colega en Alemania, que ahora las protestas son en Alemania. Las vimos en Francia, en Italia y, por otros motivos, en Suiza. Entonces, puede haber algo también respecto de aquellos 90. Hasta los 90, para competir con la ex Unión Soviética, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, el proceso había sido contrario a lo que se dio después: un aumento de las condiciones de vida de la clase media y la clase baja. Y aparece allí como una especie de quiebre, en el que el 1% más rico se ha convertido en algo que era inimaginable en el siglo XX, al punto del libro El capital en el siglo XXI. ¿Cuánto hay de lo que está pasando en el mundo de que empieza a haber una reacción en contra de esto? Es decir, el fin del Estado de bienestar que se había construido en la segunda parte del siglo pasado y su desmantelamiento en esta primera parte del siglo XXI.

    Bueno, lo que pasa es que vos te encontrás con un noventista muy defensor de aquella idea del mundo sin inflación. Porque, aun con los problemas que trajo la globalización, mirando incluso el caso de Brasil o la región, y con todas las desigualdades —en la Argentina, ni hablar, lo sabemos de memoria—, la mejor política contra la pobreza es bajar la inflación. Entonces, yo creo que aquí han aparecido muchos factores, pero sobre todo los costos de los precios de la energía, el aumento de los precios de los combustibles, es decir, el regreso de la inflación y, por supuesto, las derivaciones de todo esto. También está el fenómeno que representa China para la economía global, en el sentido de que hoy ya no tenés prácticamente subsidios que alcancen, porque no hay forma de competir contra la productividad china. Entonces se produce otra discusión: dirigentes políticos que de pronto están en países democráticos, pero que empiezan a mirar con mucha simpatía este modelo chino, donde, en definitiva, se puede pensar en el largo plazo porque el que está en el gobierno sabemos que se va a mantener 40 o 50 años, porque no hay protestas, porque no hay leyes laborales, porque ya ponen a los robots a fabricar y a producir como mano de obra. Entonces ahí hay una tensión muy fuerte, agravada por lo que ha sido la era Trump, de buscar dar batalla a esa realidad, casi diría pactando en alguna medida con lo que representa China y con lo que representa Rusia, en contra del modelo democrático y globalizador que ha representado la Unión Europea. Yo no soy un especialista particularmente en política internacional, pero no hay ninguna duda de que el mundo que se ha formateado en esta era Trump es mucho más áspero, de muchas más confrontaciones. Y ahí tenés las reacciones espontáneas, en un punto, y sospechosamente organizadas, en otro. A mí me cuesta creer que diez revueltas similares en París, Milán, Madrid y ahora en Suiza no tengan algún grado de organización. No sé por quién, pero me parece que hay algo organizado allí, independientemente de las reivindicaciones razonables de la juventud, de los presupuestos y de que, obviamente, tenés que tener más presupuesto militar y menos presupuesto para salud pública y educación. Ahí los tenés a los presidentes y, particularmente, lo que está pasando en Francia con Macron, que era, en alguna medida, el modelo más razonable que uno estaba viendo en este último tiempo.

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    Ahora, fijate, Willy, que la crisis de las hipotecas de 2007-2008 se produjo, podríamos decir, antes de este crecimiento de los autoritarismos, para decirlo de alguna manera. Si bien es cierto que ya estaba Chávez y estaba Néstor Kirchner, desde el punto de vista mundial, la crisis de las hipotecas era insignificante en lo que América Latina podía producir. ¿Hay algo en la globalización de lo que yo también soy absoluto adherente? Mirá, te voy a hacer un apéndice en la pregunta. Me toca entrevistar, por un ciclo de entrevistas largas, a muchos cientistas internacionales de diversas materias que no tienen que ver con la economía, y todos te plantean que toda nueva tecnología, sea técnica o de cambio de la infraestructura o de la superestructura cultural, inicialmente siempre prevalece la utilización negativa frente a la positiva. La energía atómica, por ejemplo: hoy es una gran fuente de producción de energía a muy bajo costo, pero inicialmente se usó para la bomba atómica. Las redes sociales se utilizan para aumentar la polarización, pero al mismo tiempo son una ventaja en muchos otros aspectos. Podríamos decir que probablemente a la globalización le pase lo mismo: inicialmente, los efectos secundarios todavía no están regulados. Hace falta primero que se desarrolle para luego que quede solamente lo positivo. Pero podríamos decir que la globalización ayudó a los dueños del capital a no pagar impuestos, porque se han globalizado y están en distintos lugares del mundo donde no los hay. El caso de Irlanda, por ejemplo: las tecnológicas tienen todas sus utilidades allí porque la tasa de impuestos a las ganancias es la mitad que en el resto de Europa. ¿Hay algo en este proceso que tiene que ver con la dificultad de cobrar impuestos a las personas que son las beneficiarias de la globalización?

    Vos mencionaste primero lo de la crisis de las hipotecas, de 2008. Ahí también, en alguna medida, era Alan Greenspan el que hablaba de la exuberancia irracional. Y bueno, eso tiene que ver, obviamente, probablemente con el género humano. Es decir, la discusión entre la codicia y el riesgo debe estar, por supuesto, muy metida. Respecto del tema del Estado y la financiación a través de los impuestos, lo que pasa es que no hay impuestos que alcancen para sostener lo que fue, precisamente, después de la crisis de las hipotecas y de la crisis de Lehman, sobre todo, la emisión monetaria que tuvo que hacer Estados Unidos. Casi te diría que la tragedia fue el ataque a las Torres Gemelas. Porque, en definitiva, ¿qué es lo que hizo Bush en materia económica? Lo que hizo fue emitir dólares a lo pavo. El dólar, que valía 1,60 contra el euro, terminó en 1,10 o 1 a 1. Es decir, hubo una gran estafa a los tenedores de dólares, algo que los argentinos también hemos visto. Fue una brutal devaluación del dólar durante toda esa época. Claro, eso trajo beneficios para el sector más rico de la sociedad y le da argumentos a Trump para decir: «Nos han invadido». Hoy la producción de Estados Unidos no hay forma de colocarla en el mundo. Entonces, hoy tenés la reacción contraria: la suba de las tasas de interés, el superdólar y las barreras. Me da la sensación de que la cuestión impositiva ahí es más de segundo orden. Porque sí, por supuesto que la diferencia entre republicanos y demócratas, o en Brasil mismo, probablemente sea una discusión. Acá, en principio, también, porque finalmente los acuerdos políticos, por lo menos los que yo he visto en la Argentina, son siempre para subir impuestos, nunca para bajar.

    Bueno, pero en el caso de Milei no representa…

    Sí, sí, relativamente. Se habían subido demasiados impuestos. Los impuestos de fondo… Tampoco bajaron tanto y, además, está metiéndonos en la agenda local, si querés, la discusión sobre que también aquí la política impositiva y las rebajas significativas de impuestos son discrecionales: algunos sí, a otros no.

    Por ejemplo, en el tema del RIGI.

    El RIGI y tantos otros regímenes.

    Hay un problema de fondo: aunque venga un gobierno que desee, como hizo Clinton, aumentar los impuestos a las personas que más ganan, o como intentó hacer el propio Biden, lo que nos encontramos es que los Estados no logran hacerlo. El impuesto a la riqueza, aumentado por el gobierno anterior, lo que hizo fue que los más ricos se fueran a Uruguay. Hay un problema estructural en el capitalismo en este estadio en el que estamos, que es la incapacidad de los Estados de gravar a los más ricos, y terminan aumentando los impuestos de los menos ricos.

    Sí, a la clase media.

    A la clase media, exactamente. Y ahí quizás hay un problema estructural del capitalismo. Todas estas revueltas, de alguna manera, cuando hablan de la carestía y la calidad de vida, de lo que están hablando es del desmantelamiento del Estado de bienestar, que no se puede mantener porque, nuevamente, los Estados no logran gravar al 1% más rico, que se queda con tres cuartas partes del incremento de la renta mundial de los últimos 25 años.

    Sí, sí. Y me parece que, además, es un tema de volumen. Si vos mirás la recaudación, en general tiene más que ver con los impuestos al consumo, sobre todo con los impuestos a las tarifas. Es decir, cada vez que hay un aumento de tarifas, hay un aumento de impuestos. Y vos ves hoy el escenario en la Argentina, donde, a pesar de todo el ajuste que se hizo contra el gasto social y demás, el Gobierno mucho no puede seguir bajando los impuestos. Y ese va a ser un problema para el gobierno de Milei el año que viene.

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    ¿Cómo ves la economía el año que viene?

    Y bueno, por supuesto, con luces y sombras. Porque, en alguna medida, lo que está planteando Milei es que se está haciendo lo correcto y que, tarde o temprano, esto va a derramar. Pero la realidad es que, en el mejor de los casos, tal vez va a ser más tarde que temprano. Por supuesto que hay elecciones y la sociedad en la Argentina ha demostrado que tiene memoria corta. Naturalmente, la gente que ha tenido que mudarse de barrio, sacar a sus hijos de un colegio y llevarlos a otro, o ha perdido la cobertura de la medicina prepaga, toda esa clase media que no está politizada y que no tiene un sentimiento tan de grieta a favor o en contra del peronismo, la mayoría de esa gente vota con el bolsillo. Y yo no creo, como lo cree el Gobierno y como trata de presentarlo, que la sociedad argentina haya saldado aquella famosa batalla cultural de la que se habla. Los argentinos, yo hace muchos años que trabajo con una marca que se llama Somos Nosotros, creo que somos más complicados de lo que creemos y, en general, hemos sido amigos de la demagogia. Tenemos algunas cuestiones que no están del todo saldadas. En la Argentina se protege más a los deudores que a los acreedores. La Argentina, además, es un país, Jorge, que tiene una gran debilidad institucional, y todo eso juega en materia económica, en la tasa de interés y en el riesgo país. Por supuesto que es un mundo complicado, pero la Argentina, aun con Milei, con el ajuste y con el mensaje de una economía de mercado alineada con Estados Unidos como nunca en la historia, o por lo menos con Trump, tiene un riesgo país que es cinco o seis veces el riesgo regional. Yo creo que ahí hay cuestiones que tienen que ver con algo que hablaba hace poco con Longobardi: me parece que hoy, para la economía argentina, hay dos problemas. Uno, si Milei no logra reelegir, y el otro, si Milei logra reelegir. Porque vos fijate que, además, si mirás un poco la historia argentina, de Juan Manuel de Rosas a la fecha, en general los problemas institucionales, la radicalización de los gobiernos y esto de que el que logra reelegir no quiere irse y quiere violentar la Constitución ocurrieron en los segundos mandatos. Incluso, si uno mira recientemente, siempre aparecen síntomas en el primer mandato, pero el «vamos por todo» es en el segundo mandato. Milei promete que no lo va a hacer, que se vuelve a su casa. Está bien, pero todo eso va a jugar y habrá que medirlo.

    Yo, escuchándote, traduzco: vos decís que, aunque Milei fuese reelecto, la economía argentina tiene problemas estructurales que deberán ser corregidos. Pero el escenario que se desprende de tus palabras es que Milei no va a ser reelecto, porque es el escenario más probable.

    Hoy, lo que yo te diría es que, por lo menos, si vos me preguntás qué está priceando el mercado, tanto el mercado inmobiliario como el de la economía real y, por cierto, el mercado financiero, las acciones argentinas hoy están en una valuación similar a la de 2019, cuando Macri perdió las PASO. Cuidado: las acciones argentinas han perdido prácticamente entre un 30% y un 40% este año. Entonces, yo te diría que hoy lo que está priceando el mercado es un escenario de incertidumbre, donde lo más probable es que haya una segunda vuelta. Esa segunda vuelta parecería que Milei va a ser uno de los protagonistas, pero no sabemos quién va a ser el otro. Y yo creo que ahí hay, en principio, una primera incertidumbre: el desafío de Patricia Bullrich al Presidente. Muestra que hay espacio para ese desafío. Si hoy las encuestas, el clima, la percepción de la calle y la percepción de la política fueran que Milei inexorablemente va a ser reelecto, no habría espacio para el desafío que está haciendo Patricia. Por supuesto, falta mucho, pero no falta tanto. Entonces, yo te diría que veo una economía muy parecida a la que tenemos hoy, donde, por supuesto, hay sectores estrella y sectores estrellados. Y los sectores estrellados son los que más tienen que ver con el padrón electoral. Fijate el último dato: venta de autos en octubre. Es el primer dato sobre la economía de octubre. Aumentó la venta de autos en Neuquén, en Catamarca, algo en Tucumán y en Santiago del Estero, y cayó fuertemente en la Ciudad de Buenos Aires, en el Gran Córdoba y en el Gran Santa Fe. Lo mismo pasó con el último dato de confianza en el Gobierno, donde la cuestión estuvo estable. Pero vos ves un aumento en la confianza en el Gobierno a nivel país de tres puntos, dos puntos en la Ciudad de Buenos Aires y una caída de seis puntos en el Gran Buenos Aires. Entonces, todo eso es lo que me parece que está jugando en este momento.

    Y vos tenés un termómetro perfecto de lo que vulgarmente se llama círculo rojo. Los empresarios, obviamente, no tienen un único denominador común, pero sí existen mayorías y minorías. Hay sectores a los que les va muy bien, que son minoritarios en términos de cantidad de demanda laboral y también cuantitativamente sobre el resto. ¿Se podría decir que hoy hay más empresarios que verían con agrado que Milei no sea reelecto que empresarios que preferirían que sea reelecto?

    Yo diría que está repartido. Por supuesto, la pregunta es: si no es reelecto, ¿para que llegue quién? Y ahí me parece que los nombres, más allá de las personas, tienen que ver con lo que cada uno representa. Suponete lo que hoy representa eventualmente Axel Kicillof. Ahí son menos los sectores empresarios que preferirían que Milei no sea reelecto. Ahora, lo que puede representar un Sergio Massa, o un Llaryora, de alguna manera, o los outsiders que por ahí están cercanos o no al peronismo, te diría que ahí la cuestión no genera tanto rechazo. Si bien, por supuesto, en el mercado financiero va a haber más ruido. Un poco lo que hemos visto también en Brasil: hubo una sobrerreacción de los mercados al triunfo de Lula, pero porque todos también habían apostado en el aire al triunfo de Bolsonaro. Como Bolsonaro ganó la primera vuelta, todo el mundo se jugó a que la cosa iba a seguir por ese lado. Y, obviamente, ahí el mercado castiga a la mayoría.

    Yo sigo tu análisis. Los valores de las acciones hoy están tan bajos como cuando se caen a pedazos cuando Macri pierde las PASO. Entonces, podríamos decir que el mercado votó que Milei no va a ser reelecto y que, si Milei fuera reelecto, habría un crecimiento enorme de los activos.

    Algunas te diría que sí, están a esos niveles.

    Y que si Milei perdiese ya…

    El mercado, sobre todo el de acciones, ¿no? El mercado de bonos está con un riesgo país, como te digo, en un empate. Un riesgo país de 700 u 800 puntos es un riesgo país de incertidumbre. Si el mercado creyera que Milei pierde estaría a 1.500. A ver contra quién pierde, ¿no? Eso me parece que también es importante.

    Eso respecto de los bonos, ¿y respecto de las acciones?

    Y respecto de las acciones, no: ahí están más sobrecastigadas. Fijate el precio de los inmuebles. El precio de los inmuebles es como que es lo… Yo estuve hace poco en Europa, hablando con algunos amigos del mercado financiero, y me decían: «¿Qué oportunidades hay en Argentina?». Y les decía: «Mirá, acá, en los barrios más elegantes de París, el metro cuadrado vale 25.000 dólares. En los barrios más elegantes de Buenos Aires, vale 5.000 dólares. Y vas a encontrar gente que te pague el alquiler». Es decir, que yo ahí veo, en alguna medida, alguna oportunidad, porque el mercado inmobiliario es el que menos… Sobre todo el de inmuebles, ¿no? No tanto lo que es, por ejemplo, el mercado agropecuario. Ahí te diría que hoy la demanda está muy sostenida y campos de buena calidad no son fáciles de encontrar para extranjeros. Después está la historia de Martín Varsavsky, que dice: «Compremos en Argentina porque se viene la guerra mundial». Bueno, puede ocurrir, qué sé yo. Escuchás a austríacos, alemanes, que por ahí se compran un piso en Recoleta, que ahora está bastante más barato. Pero esos son casos, por ahora, puntuales.

    Es decir, el mercado inmobiliario demuestra que la sociedad argentina no percibe un boom económico con una reelección de Milei como escenario más probable.

    Pero todavía nadie está saliendo corriendo de la Argentina. Y después tenés los sectores a los que les va muy bien, sobre todo el sector de hidrocarburos, el petróleo. Los petroleros no se asustan ni con Milei, ni con Massa, ni con Kicillof. Negocian con gente más complicada. Además, en definitiva, ahí puede ser una cuestión de cuánto impuesto les van a cobrar, pero cualquier político argentino sabe que hoy, además de las retenciones al campo, tiene una cantidad de dólares que ingresan por lo que representa todo el complejo petrolero. Magnífico. Ojalá que lo usemos para crecer y no para…

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    Imaginemos eso: Milei es reelecto. Y vos decís que ahí también se abren dificultades. ¿Cómo imaginás la economía de una segunda presidencia de Milei? ¿Qué sería lo primero que tendría que enfrentar el 10 de diciembre de 2027?

    En principio, tendría que clarificarse un poco la política cambiaria. Me parece que todavía queda mucho por trabajar en ese sentido. Vos fijate que los economistas más destacados promercado están recomendando, como Cavallo hace poco y tantos otros, que realmente hay que abrir todavía más el mercado de capitales y clarificar esa situación. La Argentina tiene mucha deuda en dólares y pocas reservas. Y yo te diría que el mayor cuestionamiento hoy no es tanto a la política del dólar, sino a qué es lo que hace el Gobierno con los pesos. Es decir, el Gobierno es muy ortodoxo, extremadamente ortodoxo. Daniel Artana, no Kicillof, está diciendo: «Che, se puede emitir un poco más sin hacer ninguna locura y no ahogar tanto el mercado de pesos». Pero el Presidente está obsesionado con la idea de que baje la inflación como sea. Entonces quiere pisar el dólar y que no sobren pesos en el mercado. Fijate vos que en la última licitación de deuda en pesos, que fue la semana pasada, el Gobierno sacó más pesos del mercado que los que vencían. Eso parece un poco exagerado. Hoy tenés una economía prácticamente con el crédito muy paralizado. Por eso dio un poquito mejor el tema de la mora, porque, claro, por una cuestión matemática, en la medida en que no aumenta el volumen de crédito, lo que te va quedando en el pasado se va achicando. Y después lo que hay que observar es hasta dónde no va a caer Milei en la tentación en la que han caído otros presidentes que han sido reelectos en la historia argentina. Hay algunos indicios de los que vos te ocupás mucho y también algunos colegas muestran: mucha intolerancia, mucha confrontación, tentaciones autoritarias. Fijate lo que está pasando con el proyecto de ley sobre la defensa de la soberanía, los ataques a la libertad de expresión, que en definitiva son atentados contra la Constitución. Todas esas cosas me parece que son relevantes.

    Pero fijate vos, Willy, vos decís que el primer tema es cambiario. El Gobierno pisa el dólar y, para pisarlo, tiene que retirar pesos.

    Exacto.

    Y mantener un cepo a las empresas.

    Y ni siquiera con el cepo. Además, tiene que retirar los pesos.

    Exacto. Pero fundamentalmente el planteo es un dólar barato. Accesible, por lo menos. Entonces, una corrección a eso implicaría inmediatamente algún pass-through a la inflación. Y la inflación parece querer estacionarse más cerca del 2 que del 1.

    Claro, pero vos fijate que cuando el dólar pasó de 1.200 a 1.500 no hubo una estampida inflacionaria, ni mucho menos.

    No, se les habrá agregado…

    Porque, además, estamos discutiendo no con la memoria argentina de los estallidos cambiarios. Acá lo que se está discutiendo es si el dólar tiene que valer 1.500, 1.700 o 1.800. Es decir, eso es todo lo que se está discutiendo. Y precisamente, por virtud de lo que sí ha hecho muy bien el Gobierno y todos aplaudimos de pie, que es el equilibrio fiscal, es decir, que no se emite para sostener el gasto público y demás, ahí tenés la madre de las batallas contra la inflación. Aprovechando lo bien que ha hecho el Gobierno en materia de ajuste del presupuesto, más allá del debate sobre la calidad de ese ajuste, eso es lo que te garantiza que no vas a tener… Nadie está pidiendo un plan platita ni salir a emitir para aumentarle el doble a los jubilados, más allá de que se lo merecen.

    Imaginemos que, en lugar de 1.500, el dólar sea 1.800, por lo que significa una devaluación del 20%. Si exitosamente ese 20% pudiera tener un traslado pequeño, del 5% o 6%, que agregue inflación, el Gobierno había planificado un 10% de inflación para este año, va a ser 30% y planifica 20% para el año próximo. Si sucediera eso, se agregaría, pongamos, un 5% más. ¿Es consistente una inflación del 20%, 25% o 30% con este nivel de actividad económica? ¿Hay un problema intrínseco en el plan antiinflacionario del Gobierno?

    Bueno, hay un problema también con el precio de los servicios. No te olvides de que el Gobierno está aumentando las tarifas al doble de la inflación y eso te está poniendo un piso importante. Obviamente, en la medida en que el Gobierno pueda recaudar más por el aumento de la actividad económica, porque la propia devaluación también te genera mayor recaudación, eso podría aliviar un poquito el frente fiscal. Y el Gobierno, manteniendo la recomposición de las tarifas, podría bajar un poquito los impuestos que se aplican sobre ellas. Vos fijate que, por ejemplo, la gente de Melconian, Sant’Angelo está diciendo que, para no vulnerar el superávit fiscal, pongamos eventualmente un impuesto al dólar turista. No para que el Gobierno se quede con la plata, sino para, por ejemplo, bajar el impuesto a las tarifas o el impuesto que uno paga al agua mineral. Jorge, cuando te comprás una botella de agua mineral, pagás un 40% de impuesto. Eso no pasa en todas partes del mundo. Entonces, yo creo que esa es una discusión que se viene. Vos pensá que ni la reforma impositiva ni la reforma previsional se pudieron discutir en el primer mandato de Milei. Y yo creo que esa también es una de las agendas inmediatas. La idea de reactivar con el Fondo de Asistencia Laboral es buena, pero tal vez no era una cuestión prioritaria. Y vos ahí estás resignando tres, cuatro o cinco puntos de recaudación. Hoy en día, el problema laboral para la mayoría de las empresas es que no venden. Entonces, si no venden, no van a tomar nuevos trabajadores, por más que les pongas el Fondo de Asistencia Laboral. Ahí yo creo que lo que ha habido, como en tantas otras cosas, es una mirada muy financiera, sobre todo del equipo económico, que se tentó con la idea de poder colocar 4.000 millones de dólares en títulos públicos con este nuevo sistema parecido a las AFJP. Pero, en definitiva, estás vistiendo a un santo para desvestir a otro. Es recaudación que cambiás por deuda.

    Exactamente. ¿Le asignás alguna verosimilitud a que el ministro de Economía esté cansado de que, por el momento, se sienta incomprendido por parte del Presidente, con algunas diferencias respecto de lo que habría que hacer? ¿Te imaginás otro ministro de Economía, inclusive antes o después de si Milei fuera reelecto?

    Mirá, no tengo información. La verdad que no me parece, porque, en definitiva, pensá que Milei, cuando llegó, tampoco tenía nada. Y, finalmente, no tenía nada. Después de todo el relato de la dolarización y de lo que representó la campaña electoral, finalmente el equipo de Caputo, que estaba trabajando para Patricia Bullrich en alguna medida, le termina resolviendo la coyuntura. Ahora, esta historia de que el ministro de Economía quiere aflojar y el Presidente no lo deja me parece un poco relativa. Como también me parece, de alguna manera, un poco pícaro, desde el punto de vista del equipo económico, plantear que acá el problema es político, que como no hay acuerdos políticos la economía se complica porque el riesgo país es el riesgo del regreso del populismo. Bueno, si va a regresar el populismo es porque te fracasó el presente. Es obvio que hay temor al pasado, pero el temor es que el fracaso del presente te lleve al pasado. Y ahí tiene una responsabilidad, en alguna medida, el equipo económico. Además, son toda gente con mucho seniority, que no depende de un puesto en el Gobierno para su vida y que, si realmente estuvieran convencidos de que hay que cambiar, se presentarían ante el Presidente y le dirían: «Mire, Presidente, esto es lo que hay que hacer. Si usted no quiere, muchas gracias». Y nadie lo está haciendo. Entonces, creo que también hay muchos compromisos del equipo económico con el sector financiero. Obviamente, una flexibilización del tipo de cambio representaría pérdidas importantes incluso para mucha de la gente que desde el exterior apoyó el año pasado al Gobierno. Acordate de lo que representó la jugada de Scott Bessent y todo un grupo de inversores en Estados Unidos que jugaron por la Argentina. Y hay muchos compromisos también en ese sentido.

    Me quedaría conversando ahora, pero el programa de televisión tiene su límite. Disfruté enormemente esta conversación. Muchas gracias por estar acá con nosotros.

    Igualmente, igualmente, Jorge. Gracias por la invitación y, bueno, siempre a disposición.

    Muy gentil.

    Mandale un abrazo al amigo Longobardi. Que se porte bien, sobre todo que se porte bien.

    Muchas gracias.

    LMM

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    Fuente: PERFIL POLITICA — ver publicación original.

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