En 2007, Kenton Lee recorría una calle de Nairobi, Kenia, junto a un grupo de niños de un orfanato local cuando algo lo detuvo en seco. A su lado caminaba una niña con vestido blanco y los dedos asomando por fuera de sus zapatos: el par era tan pequeño que ella misma tuvo que cortarlo para poder ponérselo. Esa imagen fue el punto de partida de The Shoe That Grows —el zapato que crece—, un calzado expansible que llegó a más de 500.000 niños en más de 100 países. Según detalla Mission Partners for Christ (MPFC), organización misionera que trabaja con este producto desde 2018, el inventor era un joven recién egresado de la universidad sin experiencia en diseño ni fabricación cuando se planteó la pregunta que cambiaría su trayectoria: ¿es posible crear un zapato que crezca con el pie de un niño?
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.








