En las autopistas de Tokio, donde cerca de un millón de vehículos circulan a diario, los carteles publicitarios ofrecen desde clínicas dentales hasta hoteles y neumáticos. Pero entre esa maraña comercial hay un producto que domina el paisaje visual: los funerales económicos. La muerte, en Japón, se convirtió en un negocio urgente y en un problema social que está obligando a millones de familias a reinventar tradiciones centenarias para despedir a sus muertos, según un análisis publicado por The Conversation de la profesora de religión Mimi Hanaoka, de la Universidad de Richmond. Durante generaciones, el sistema funerario japonés descansó sobre una red de templos budistas, lazos familiares y vínculos comunitarios que sostenían los rituales desde la cremación hasta el cuidado perpetuo de las tumbas. Ese modelo, sin embargo, enfrenta hoy una crisis estructural impulsada por el costo, la demografía y la escasez de espacio.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.








