El 16 de febrero de 2001, tres personas en Chile fueron testigos de un extraño fenómeno paranormal que involucró figuras oscuras que atravesaron las barras metálicas de una puerta.Fue por la noche, a las 22:15, Ingrid Sperberg Sepúlveda, de 26 años, técnica forestal y profesora, Patricio Vallejos Tapia, de 25 años, analista de sistemas y Cristina Sepúlveda Acuña, de 42 años, contadora, estaban en un Nissan V-16 en el sector de El Mirador, a unos dos kilómetros al Suroeste de Angol, en Chile. Habían estacionado cerca de la puerta de una propiedad rural para contemplar la vista nocturna de la ciudad cuando notaron un brillo extraño a aproximadamente 250 metros.
Según los relatos, un rayo de luz blanca se elevó en el cielo y se dividió en dos, formando un abanico de casi 180 grados, con franjas luminosas anaranjadas, amarillas, blancas y violetas. Después de unos tres a cuatro minutos, las luces de colores desaparecieron y el fenómeno se desplazó lentamente entre las colinas, transformándose en una esfera blanca y brillante. El brillo iluminaba intensamente la vegetación y permitía ver detalles del terreno en plena oscuridad.
Cristina relató haber oído un murmullo similar a un idioma desconocido, que comparó con el chino. Luego, una de las figuras pasó por una abertura en la cerca de alambre y volvió a colocarse al lado de la otra. Las dos se alejaron por el camino rural, deslizándose por el terreno y produciendo los mismos ruidos metálicos. Cuando los tres entraron en el coche e iluminaron el camino con los faros, las figuras ya habían desaparecido.
Al intentar regresar a Angol, el vehículo volvió a presentar problemas tras recorrer unos 30 metros, y el motor se detuvo. En ese momento, Cristina vio por el espejo retrovisor la silueta de una de las figuras muy cerca del cristal trasero, aparentemente sobre la cabeza de Ingrid. Gritó para que su amiga se agachara y afirmó haber visto de nuevo la figura durante una fracción de segundo.
Aún conmocionados, los tres buscaron a un exmayor de los Carabineros, conocido en la zona por investigar sucesos inusuales, y regresaron al lugar, pero no encontraron nada.
El episodio recibió atención de la prensa chilena, con equipos de televisión que acudieron al área.
Posteriormente, el investigador Raúl Gajardo Leopold y investigadores del Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos de Chile continuaron con la indagación de los relatos.
Cristina parece haber sido la “elegida” en esta experiencia.
Según su relato, alrededor de la época del episodio, marcas triangulares inusuales aparecieron en su cuerpo. Ella consultó a varios médicos, pero ninguno logró determinar la causa. También sufría problemas en la garganta, y los exámenes iniciales habían identificado pequeños nódulos en la laringe, lo que llevó a la previsión de una biopsia. Sin embargo, el malestar desapareció sin una explicación médica.
Cristina también relató tener sueños premonitorios frecuentes, en los cuales anticipaba la muerte de parientes cercanos, lo que le provocaba gran angustia. Además, afirmaba oír en su casa ruidos metálicos semejantes a los que escuchara aquella noche en El Mirador. Sentía aún una necesidad constante de salir para observar el cielo y los alrededores, además de vivenciar otros fenómenos que consideraba paranormales y anómalos dentro de su residencia.
Según ella, la experiencia también afectó su vida personal y financiera. Cristina decía tener dificultad para concentrarse y que su situación económica frecuentemente llegaba a momentos críticos, aunque conseguía resolver los problemas en el último instante, de maneras que consideraba casi milagrosas. Ella también percibió cambios en su vida espiritual. Su marido se convirtió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y prefería no hablar sobre el episodio, algo que Cristina atribuía a un miedo relacionado con lo ocurrido. Ella misma reconoció haber desarrollado una preocupación espiritual mayor que antes.
En relatos posteriores, Cristina añadió detalles sobre las dos figuras que habrían encontrado aquella noche. Según ella, los seres poseían algo brillante en la región del pecho, tenían cabezas semejantes a las de niños y no presentaban facciones faciales discernibles.
La experiencia también habría provocado consecuencias en las relaciones de las testigos. Cristina afirmó que perdió el contacto con Ingrid debido a un desacuerdo relacionado con la manera en que ambas manejaron la exposición del caso en la prensa. En cuanto a Patricio Vallejos, el tercer testigo, no fue localizado por los investigadores. Según informaciones posteriores, él se habría mudado a una ciudad en el norte de Chile y habría preferido alejarse completamente del asunto.
Fuente: El caso fue investigado por el IIEE (Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos), de Chile, en colaboración con el investigador Raúl Gajardo Leopold.










