Mientras los analistas debaten si en el presente la economía argentina atraviesa un período de recesión técnica, las distintas proyecciones apuntan a una desaceleración de la actividad respecto de las estimaciones previas, una dinámica que establece la posibilidad de llegar a las elecciones con un crecimiento débil que incidirá en el humor social a la hora de votar.
Es claro que el desafío del presidente Javier Milei de disputar la reelección excede el campo político, pues un cambio de gobierno podría llevar a profundos cambios también en el modelo económico, donde la Libertad Avanza hizo foco con su plan.
Si se cumplen las proyecciones de mercado, Argentina encadenaría en 2027 tres años consecutivos de crecimiento, un logro que no se da desde la presidencia de Néstor Kirchner, dos décadas atrás.
Aunque hay sectores con enorme expansión en los últimos años, en el balance general la economía todavía crece poco debido a una combinación de factores coyunturales y problemas estructurales
Aunque hay sectores con enorme expansión en los últimos años, en el balance general la economía todavía crece poco debido a una combinación de factores coyunturales y problemas estructurales que frenan la esperada reactivación:
- Debilidad del mercado interno y caída del consumo: Los salarios reales y los ingresos de las familias no terminan de repuntar al ritmo de la inflación, lo que deprime el consumo y afecta al comercio y a la industria nacional.
- Restricciones al crédito y alta morosidad: El financiamiento para familias y empresas sigue muy limitado por las condiciones bancarias y el costo del crédito, dificultando la inversión privada diaria.
- Encarecimiento de costos e insumos: El aumento de tarifas de servicios públicos y la presión impositiva continúan pesando sobre la rentabilidad de las pequeñas y medianas empresas.
- Esquema de “dos velocidades”: Mientras ciertos sectores orientados a la exportación o al uso intensivo de capital (como la minería, la energía, el agro y la banca) muestran dinamismo, la actividad general se ve opacada por la caída de la producción industrial y la construcción.
- Incertidumbre y reajustes macroeconómicos: Según reportes como el del FMI y analistas locales, el proceso de estabilización fiscal y la menor demanda interna han llevado a recortar las proyecciones de crecimiento del PBI (estimado en torno al 2,1% para 2026), a la espera de que las reformas estructurales e inversiones de largo plazo (como el RIGI) derramen en el resto de la economía.
Es por eso que a un año de las elecciones presidenciales es de prever que algunas condiciones para la actividad se van a mantener en los próximos meses, con la certeza de que el Gobierno no está dispuesto a cambiar su estrategia aún frente a las demandas electorales.
- Actividad dispar entre sectores.Los rubros que más demandan mano de obra -como industria, construcción y comercio- seguían rezagadas. Por lo tanto no es de esperar una recuperación sensible para los salarios y el empleo.
- Inflación alta. Las elevadas tasas de interés para reabsorber pesos emitidos por el BCRA con la compra de reservas no están siendo eficaces para un descenso más rápido de la inflación. De hecho, en la comparación interanual el IPC subió desde el 31,8% de septiembre de 2025 al 33,4% en septiembre de 2025.
- Presiones cambiarias. La estabilidad del tipo de cambio es uno de los mayores logros de la gestión. La divisa mantiene una suba de 4% en el último año, muy lejos de la tasa de inflación, equilibrio que ayuda al orden “macro” y también ejerce un rol como “ancla” de aquellos precios de la economía vinculados al intercambio de bienes y servicios con el exterior. No obstante, es habitual que en la Argentina la demanda de dólares se incremente en un período electoral y generó inestabilidad.
- Exigencia fiscal.Otro baluarte de la política de Milei ha sido la defensa del equilibrio de las finanzas públicas. En este caso, las exigentes metas planteadas en el Presupuesto 2027 y en el acuerdo de facilidades extendidas con el FMI mantendrán un efecto contractivo para la economía en general.
El FMI proyectó para Argentina un crecimiento de 3,5% anual en 2027, con un recorte de 0,5 punto porcentual respecto de su estimación previa
Las principales variables macroeconómicas del Presupuesto estiman una previsión de crecimiento del PBI del orden del 4% para 2027, una inflación anual de 18% y un tipo de cambio esperado de $1.847,60 para el fin del próximo año.
Esta proyección luce optimista si se tiene en cuenta que el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) reveló una contracción del 1,7% interanual en agosto -la mayor caída en lo que va del año-, arrastrada por retrocesos en la industria manufacturera (3,2%) y el comercio (3,5 por ciento).
“El dato de actividad de agosto fue muy malo. Después del desplome de julio, era razonable esperar un rebote que moderara la caída bimestral. Pero eso no ocurrió y la economía se encamina a una recesión técnica entre el segundo y el tercer trimestre”, comentó Santiago Casas, economista Jefe de EcoAnalytics.
“El problema de fondo sigue siendo la debilidad de la demanda interna. Una política monetaria sin ancla nominal clara y con alta discrecionalidad contribuye a que los bancos mantengan las tasas de interés activas en niveles muy elevados, paralizando el crédito. Sin una recuperación del crédito, el consumo y la actividad de los sectores ligados al mercado interno difícilmente logren repuntar. A esto se suman el carácter procíclico del ajuste fiscal y la postergación de inversiones ante el ‘riesgo electoral’”, advirtió Santiago Casas.
El problema de fondo sigue siendo la debilidad de la demanda interna. Una política monetaria sin ancla nominal clara y con alta discrecionalidad contribuye a que los bancos mantengan las tasas de interés activas en niveles muy elevados (Casas)
Recientemente el FMI proyectó para Argentina un crecimiento de 3,5%anual en 2027, con un recorte de 0,5 punto porcentual respecto de su estimación previa. Además, el organismo multilateral redujo su estimación de crecimiento para 2026 del 3,5% al 2,1 por ciento.
Max Capital refirió que “la revisión refleja una actividad más débil de lo esperado hasta el tercer trimestre de 2026, en un contexto de menor demanda interna y condiciones financieras locales restrictivas, así como de la transformación estructural de la economía argentina. No obstante, el FMI espera que la recuperación comience en el cuarto trimestre de 2026 y se fortalezca en 2027 y 2028, respaldada por términos de intercambio favorables, una flexibilización de las condiciones financieras y una recuperación de la inversión. La proyección se mantiene por encima del consenso de analistas de la encuesta REM del Banco Central, que prevé un crecimiento del 1,5% en 2026”.
“En general, el FMI remarcó la resiliencia del crecimiento global a pesar de los daños generados por los diferentes conflictos geopolíticos alrededor del mundo. Sin embargo, advirtió que los márgenes de ajuste que ayudaron a contener estos daños no son infinitos y los riesgos son mayormente a la baja”, evaluó Balanz.
El FMI recortó la proyección de crecimiento para la Argentina en 1,4 punto porcentual a 2,1% para 2026, y en 0,5 punto a 3,5% para 2027
“A este escenario internacional volátil se suman también factores idiosincráticos, principalmente asociados a un desempeño de la actividad económica más débil de lo esperado y a la falta de señales contundentes de política económica que mejoren las perspectivas para los próximos trimestres, lo que empieza a sumar incertidumbre en torno al escenario electoral del Gobierno”, dijo María Belén San Martino, analista de reaserch de Balanz.
Qualy Consultora definió que “el escenario de ‘dos velocidades’ se profundiza, marcado por el contraste entre la solidez de los sectores extractivos y exportadores frente a la fragilidad del mercado interno. Por un lado, el segmento energético se consolida como el principal motor de la economía gracias al extraordinario desempeño de Vaca Muerta, dinámica que se complementa con el empuje de la industria vinculada a la refinación de combustibles y el complejo petroquímico y al comercio exterior, actuando como amortiguadores del nivel general industrial. En el extremo opuesto, las actividades dependientes del consumo masivo y la inversión privada enfrentan un terreno de contracción y elevada capacidad ociosa, condicionadas por el decaído poder adquisitivo, la cautela empresarial y la competencia con bienes importados”.
“No obstante, expectativas más recientes de corto plazo empiezan a exhibir matices e incipientes señales de estabilización que sugieren una desaceleración en el ritmo de caída. De este modo, la economía atraviesa un proceso de reconfiguración en el cual el perfil exportador y la fuerza del vector energético atenúan la atonía local, mientras la consolidación de un proceso de recuperación sostenible continúa supeditada a la estabilización definitiva de los determinantes de la demanda agregada”, agregó Qualy.
En este marco, un reporte de la gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia subrayó que “el REM (Relevamiento de Expectativas de mercado) del Banco Central ajustó sus proyecciones de crecimiento para 2026, que pasaron de 3% en junio a 1,5% en septiembre.
En simultáneo, el mismo informe redujo el avance esperado para 2027 de 3% a 2,5%. Dado que el arrastre estadístico de este año podría ser negativo -el nivel de actividad debería crecer al menos 2,3% entre agosto y diciembre para evitarlo- tiene sentido preguntarnos qué podría impulsar a la actividad en el corto plazo”.
Los precios que más pesan en los hogares de menores ingresos vienen subiendo por encima del índice general (Neufeld)
“El Producto Bruto Interno medido por demanda tiene cuatro componentes: consumo privado, consumo público, inversión y exportaciones. El primero representa más del 70% del PBI y depende principalmente del poder adquisitivo, el nivel de empleo, el crédito y las transferencias del sector público a los hogares. En el acumulado de los primeros siete meses del año, el salario real formal cayó 1% según los números de Indec, acumulando una caída de 2,8% en los últimos doce meses”, añadieron los analistas del Banco Provincia.
Qué pasa con la inflación
Julián Neufeld, economista en la Fundación Libertad y Progreso, advirtió que “los precios que más pesan en los hogares de menores ingresos vienen subiendo por encima del índice general, y eso erosiona el poder de compra justamente en el segmento más expuesto”.
“Observamos de cerca estos datos porque nos dan una intuición de lo que pueda suceder con la situación de la pobreza. Como los salarios ajustan por el IPC general -si es que las paritarias lo permiten- y los niveles de pobreza son establecidos por las canastas, una diferencia sustancial de la inflación entre ambas condiciona fuertemente los niveles de pobreza e indigencia. En el primer semestre de este año, con el shock inflacionario concentrando en carnes y combustibles, bienes de mucho peso en la canasta subieron por encima del nivel general, empujando por debajo de la línea de pobreza a muchas familias”, agregó Neufeld.
“Hacia adelante, para pensar en una mayor desinflación, será clave mantener el orden fiscal y monetario, a la vez que habrá que mantener un ojo sobre factores exógenos como el precio del petróleo y las tasas de interés de EEUU”, consideró Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS.
Felipe Mendoza, analista de EBC Financial Group, dijo que “el mercado asimila un panorama desafiante marcado por un reciente ajuste a la baja en las estimaciones de crecimiento de la economía argentina presentadas por el Fondo Monetario Internacional, en consonancia con las advertencias lanzadas por un importante banco internacional sobre los costos recesivos del programa de ajuste fiscal y los riesgos de incertidumbre política hacia las elecciones de 2027”.
Menos margen para el ajuste
En cuanto al plano fiscal, el Gobierno afronta restricciones, tanto para un ajuste mayor como para la expansión, en este último caso por las metas comprometidas. El proyecto de Presupuesto que deberá tratarse en el Congreso fija para el próximo ejercicio un objetivo de superávit primario de $18,44 billones, lo que equivale al 1,3% del PBI, y un superávit financiero -tras contabilizar el pago de intereses de la deuda- de $3,30 billones, equivalente al 0,2% del PBI.
Un informe del Ieral (Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana) de Fundación Mediterránea precisó que el Gobierno tiene “menor margen para recortar gastos”, dado que “tras las reducciones del gasto discrecional del 37% en 2024 y del 12% en 2025, se proyecta una nueva caída del 6% en 2026. Con cada vez menos espacio para nuevos ajustes, se plantea la necesidad de una reforma previsional y de mejorar la eficiencia recaudatoria para facilitar futuras reducciones de impuestos distorsivos”.
La falta de señales contundentes de política económica que mejoren las perspectivas para los próximos trimestres empieza a sumar incertidumbre en torno al escenario electoral (San Martino)
“Si se considera un promedio móvil de seis meses, la recaudación tributaria se ubica en un nivel de 91 con relación a la base 100 de noviembre de 2023, es decir, exhibe una reducción del 9% con respecto a aquel mes, tanto por reducciones en la presión tributaria legal como por los efectos de la actividad económica y el cumplimiento en el pago de impuestos”, advirtió el IERAL.
Un informe de la Fundación Libertad mostró que “el compromiso con el FMI es un piso de superávit primario de 1,4% del PBI en base caja para todo 2026. El propio Proyecto de Presupuesto 2027 estima para este año un resultado primario de 1,5% del PBI en base caja. Habrá que seguir de cerca septiembre-noviembre, antes del rojo estacional de diciembre: el ancla sigue firme, pero el colchón es cada vez más fino y sostenerlo pasa por el gasto y por la fortaleza de la recaudación”.









