Un equipo de la Universidad de Manitoba y el Centro de Ciencias Marinas de Bamfield, en Canadá, halló cortisol en la sangre del tiburón espinoso del Pacífico (Squalus suckleyi) durante pruebas con agua de mar diluida y antibióticos.
El estudio cuestiona la idea sostenida durante décadas de que tiburones y rayas no producen esa hormona, de acuerdo con el artículo divulgado en Phys.org.
El cortisol ayuda a los humanos y a otros animales a regular el uso de energía y a responder ante cambios en sus condiciones. Hasta ahora se suponía que los tiburones cumplían esas funciones con otra hormona esteroide, la 1α-hidroxicorticosterona, sin fabricar cortisol por sí mismos.
La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B, analizó una sola especie y no permite determinar si el mecanismo existe en otros organismos. Incluyó análisis de sangre, pruebas moleculares y experimentos sobre el efecto hormonal en el metabolismo.
El análisis evitó confundir dos hormonas similares
La creencia sobre la ausencia de cortisol se originó en estudios de las décadas de 1960 y 1970. En esas investigaciones se identificó la 1α-hidroxicorticosterona, una sustancia similar, y se planteó que los registros previos podían haber sido errores de medición.
Para reducir esa posibilidad, los investigadores separaron primero los componentes de las muestras de sangre mediante cromatografía líquida de alta resolución, una técnica que distingue compuestos presentes en una mezcla.
Después midieron las hormonas y emplearon otro análisis: la cromatografía líquida combinada con espectrometría de masas en tándem, una técnica que identifica y cuantifica sustancias según la masa de sus moléculas y sus fragmentos. Este análisis confirmó la presencia de cortisol en dos muestras.
La evidencia también apareció en la glándula interrenal, el órgano encargado de producir hormonas esteroides en estos animales. El equipo detectó señales moleculares de una enzima vinculada con la síntesis de cortisol. No obstante, aún no comprobó que esa enzima funcione activamente en el tejido.
El cortisol apareció tras el retorno al agua normal
En un ensayo, tiburones capturados frente a la costa de Columbia Británica fueron colocados durante 48 horas en agua de mar diluida y luego regresaron a agua con salinidad normal. Antes de esa exposición, el cortisol solo se había detectado en un ejemplar.
Entre los cinco ejemplares que fueron controlados tras volver al agua de mar normal, todos registraron niveles detectables de cortisol después de 36 horas. A las 72 horas, en cambio, solo uno mantenía una medición positiva.
Las concentraciones promedio no presentaron diferencias significativas entre los momentos incluidos en el análisis estadístico. Esa variación puede ayudar a entender por qué trabajos anteriores no habían identificado la hormona.
El grupo también examinó una posible relación entre esta sustancia y las bacterias. La hipótesis partió de resultados previos según los cuales el agua de mar diluida y los antibióticos pueden modificar la actividad de microorganismos presentes en el tejido intestinal de los tiburones.
Los investigadores plantearon que bacterias ubicadas en la glándula interrenal podrían transformar el compuesto y, por lo tanto, reducir la cantidad que llega a la sangre. Para comprobarlo, administraron antibióticos o agua de mar mediante una sonda de alimentación, una vez al día durante cinco días.
Los antibióticos no demostraron un efecto concluyente
Tres días después del final del tratamiento, se detectó cortisol en los animales que habían recibido antibióticos, pero no en el grupo de control. Pese a ese resultado, las pruebas estadísticas no demostraron que el tratamiento hubiera cambiado de manera significativa las concentraciones hormonales.
La falta de una medición detectable tampoco equivale a una ausencia completa de cortisol: el estudio advierte que la ausencia total de niveles detectables no implica necesariamente la ausencia total de la hormona, un límite relevante para interpretar los experimentos.
Además, el equipo encontró material genético de bacterias en la glándula interrenal, aunque no pudo establecer si los tratamientos modificaron los microorganismos presentes allí. El alto contenido de grasa del órgano dificultó la medición de la actividad enzimática microbiana.
Otros factores pudieron influir en la respuesta hormonal de los animales como la anestesia, la manipulación y la alimentación por sonda. Por ese motivo, la propuesta de que las bacterias mantienen bajos los niveles circulantes de la hormona todavía no fue confirmada.
Los implantes de cortisol redujeron la glucosa en sangre
En otro experimento, seis tiburones recibieron implantes de hormona disuelta en aceite de coco y otros seis solo recibieron el aceite. Los científicos tomaron muestras de sangre antes del procedimiento y durante las 72 horas posteriores.
En términos generales, los ejemplares tratados con cortisol tuvieron niveles de glucosa en sangre inferiores a los del grupo de control. El resultado apunta a una posible participación de la hormona en la regulación metabólica, aunque no se estableció una diferencia en cada momento de muestreo.
Esta sustancia mostró un efecto limitado en el equilibrio de sales y agua de la sangre. La urea, una sustancia que contribuye a que los animales retengan agua, aumentó de forma breve 24 horas después del tratamiento.
Los autores concluyeron que los resultados sugieren un posible papel metabólico del cortisol en el tiburón. Las próximas investigaciones deberán precisar qué activa la producción natural de esta hormona, cuáles son sus funciones y si otros individuos también la producen.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.












