Lino Mauro Romero tiene 63 años, nació en Bolivia y aprendió el oficio de sus padres desde chico. Hace más de 40 años llegó a Argentina y, después de recorrer distintas provincias, se instaló en Campo Grande junto a su esposa, donde desarrolló una chacra de cinco hectáreas.
Lino Romero comercializa su producción en mercados de Neuquén, Cinco Saltos y Cipolletti. También participa de las ferias locales que reúnen a horticultores de Campo Grande y localidades vecinas. Foto: Flor Salto.
Lino Mauro Romero tiene 63 años y una vida entera ligada a la horticultura. Aprendió el oficio de sus padres en Tarija, conocido como el jardín de la República de Bolivia, trabajó con animales cuando todavía no tenía recursos para comprar maquinaria y recorrió distintas provincias argentinas antes de encontrar un lugar donde echar raíces. Hace 30 años llegó a Campo Grande, en Río Negro, y desde entonces construyó allí su historia como productor en la Patagonia.
«Desde que nací, mi padre y mi madre me criaron en este rubro del cultivo y quedó como una cosa inseparable en mí», recordó Lino. Antes de instalarse en la región pasó por Corrientes, Tucumán, Salta y Mendoza, donde vivió durante cuatro años. En total, lleva más de 40 años en Argentina.
«Se me dio venir a probar suerte y nos fuimos quedando en la zona con mi esposa, es muy rica este suelo para la producción», afirmó. Cuando llegó a Campo Grande encontró un pueblo muy diferente al actual. «No había una calle asfaltada, todo era tierra. Estaba la plaza y dos cuadras a la» vuelta, nada más. Era un pueblito», describió.
Con el paso del tiempo, el lugar se convirtió en su casa y la chacra en el espacio donde desarrolló su trabajo durante 30 años. Hoy trabaja junto a su esposa en cinco hectáreas que reparte entre distintos cultivos de verduras y frutas de carozo.
«Yo me siento orgulloso de este país, que pude venir y hacer mi vida y criar a mis hijos, darles otro destino de vida»,
La superficie que trabaja hoy es menor a la de sus años de mayor actividad, cuando llegó a cultivar entre 25 y 30 hectáreas con la ayuda de su esposa, hijos y algunos vecinos. También cambió la forma de producir: comenzó trabajando con caballos y mulas, porque no tenía recursos para comprar maquinaria, y con el tiempo incorporó tractores que le permitieron acelerar el trabajo.
Actualmente, en sus cinco hectáreas produce tomate, morrón, choclo, sandía, melón, lechuga y repollo. También tuvo temporadas dedicadas a la papa y la cebolla. Para este año decidió destinar una hectárea al tomate, otra a la sandía y una tercera al melón ante la demanda que fue advirtiendo.
El tomate es uno de los cultivos que mejor conoce, «una hectárea con buenos resultados puede darle entre 4.000 y 5.000 cajones», afirmó Lino. Sin embargo, la planificación cambia cada temporada. «Uno hace su análisis personal, va viendo cómo te responde el mercado, qué demanda vas viendo. También el clima y el contacto que uno tiene, que viene trabajando hace varios años, te van dando la orientación de cuál sería el producto a trabajar», señaló.
La producción no termina en las verduras. Lino también busca aprovechar el suelo con plantaciones de duraznos, pelones y ciruelas, que incorporó el año pasado en una superficie cercana a las tres cuartas partes de una hectárea. A eso suma 90 plantas de membrillo que trajo desde Mendoza hace cinco años y que ya comenzaron a producir. «Uno busca las formas de aprovechar mejor el campo, el suelo y hacer inversiones», sostuvo.
El productor explicó que la preparación de la tierra comienza durante el invierno, con trabajos de cincel y rastra, además de la limpieza de acequias y canales y la fertilización con abono orgánico. El riego que realiza es por surco.
Entre 2006 y 2018, Lino presidió la asociación de productores hortícolas de Campo Grande. Durante esos más de 10 años gestionó herramientas para el sector, entre ellas un tractor de 120 HP, una pala niveladora láser y una rastra. Actualmente, la organización reúne entre 60 y 70 productores de Campo Grande y Cinco Saltos, afirmó.
Lino explicó que con el crecimiento de la producción también se ampliaron las opciones de venta. Hoy Romero comercializa sus verduras en tres mercados: Neuquén, Cinco Saltos y Cipolletti. Hace tres años, además, comenzó a trabajar junto a otros productores en la organización de ferias locales. Funcionan los miércoles y sábados en Villa Manzano y los viernes en Sargento Vidal, San Isidro y El Labrador.
A los 63 años, Lino reconoce que ya no tiene la misma capacidad de trabajo que cuando participaba toda la familia, pero sigue adelante con su chacra, «no cambiaría esto por nada, estoy tranquilo trabajando con mi esposa. Mis hijos crecieron, tienen familia, estudiaron y se recibieron», afirmó.
El productor hortícola considera que el futuro del campo depende también de reconocer el esfuerzo de quienes producen y generar mejores condiciones para las economías regionales. Su deseo es que la horticultura, la fruticultura, la cría de animales y las distintas producciones puedan seguir creciendo. “Me gustaría que la sociedad tome conciencia y sepa valorar los esfuerzos del sector”, planteó.
Después de más de 40 años en Argentina, mira hacia atrás con orgullo por la vida que pudo construir. «Yo me siento orgulloso de este país, que pude venir y hacer mi vida y criar a mis hijos, darles otro destino de vida», afirmó emocionado. Para él, el valor de la tierra y sus recursos también forma parte de ese recorrido: “Tenemos que ser un poco más naturales, más respetuosos y saber valorar la riqueza de estos suelos, de este país”.
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Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.












