“Lo rodeaba un aura pútrida. No era el olor de la muerte, sino el de un poder que comenzaba a descomponerse mientras todavía estaba vivo”.
Eso parece lo que olfatearon los dirigentes de la derecha española que emanaba Milei. Pútrida no sería solamente la imagen de un dirigente que se descompone, sino la de alguien cuya cercanía empieza a resultar tóxica incluso para quienes comparten sus ideas.
Felipe González dijo que si Milei seguía yendo a España, hasta era probable que la derecha perdiese. ¿Cómo puede ser que la sola cercanía de nuestro presidente sea contraproducente electoralmente para los candidatos españoles y en la Argentina la mayoría de los analistas sostengan que el escenario más probable de 2027 es la reelección de Milei? ¿Los argentinos nos corrimos más a la derecha que los españoles? ¿O los vaticinios en la Argentina están teñidos del sesgo de los deseos de quienes los pronostican o de la pereza cognitiva frente a la dificultad de imaginar lo que aún no se ha corporizado o que la oposición más mayoritaria, el peronismo, compite en putredad en la percepción de los votantes?
Milei llegó a España creyendo que irradiaba el aura de un líder mundial de la derecha sin percibir el paso del magnetismo al rechazo, de la foto buscada a la foto evitada.
Sin comprender que algunos dirigentes pueden coincidir con él en economía, inmigración o críticas a la izquierda, pero percibir que su estilo, sus conflictos, su imagen pública y, muy fundamentalmente, las consecuencias de sus políticas les generan un costo político. Es la diferencia entre rechazar las ideas de alguien y evitar que su imagen se asocie con la propia.
Parte mayoritaria del círculo rojo argentino no puede ni imaginarse un gobierno peronista en diciembre de 2027 y su mecanismo de defensa es el más primitivo: la negación: no ver que este hombre no está bien, o verlo y rápidamente dirigir los pensamientos a otros temas. No perciben como los dirigentes españoles que en política un aura pútrida describe a un dirigente que todavía conserva poder, pero cuya sola presencia despierta rechazo, sospecha o una sensación de degradación.
Lo pútrido no solo estaría muerto; está en proceso de descomposición y puede contaminar lo que tiene cerca. Esto último podría pensarlo Patricia Bullrich, quien percibe el olor que desprende el Presidente y busca no ser contagiada.
¿Qué pasó con aquel hombre que antes atraía adhesiones y ahora empieza a generar temor al contagio electoral? Pasó la realidad. Que la época de “blabear” (bla, bla, bla) dejó paso a las consecuencias de sus acciones, y la democracia, antes que un sistema de votación cada dos, cuatro o seis años, es un sistema cuyo supuesto tácito es el de no empeorar la situación de la mayora que vota.
Pasó, también, que Milei es víctima de lo mismo que lo catapultó, el paso de una polarización de ideas a una polarización afectiva, no ya de partidos significantes de ideologías, sino de personas que transmiten emociones que, como se sabe, son más erráticas.
Y que la repetición de insultos dejó de ser obscena, que es por definición aquello que no se debe mostrar, y, en su caso, de tanto mostrarlo, perdió ese carácter, elevado a la categoría de abyecto. Ayer, en una entrevista a Ricardo Gil Lavedra, le pregunté si había escuchado bien, si había dicho que Milei era honesto o funesto. “Funesto”, repitió con énfasis.
La Argentina es una sociedad que tiene una pulsión igualitaria, valora la eficacia pero también la dignidad.
No se vota para que la movilidad sea descendente. A la larga no se acepta pasar de una matriz diversificada con inclusión a otra matriz concentrada con exclusión.
Siempre se muere de éxito, como repetía Peter Drucker, si lo mejor de Milei eran sus promesas económicas, lo peor de Milei son sus resultados económicos.
Hay una fatiga social con Milei que el propio Milei proyecta en su rictus, en su kinestesia, oralidad y aspecto físico.
Hay un género musical, el ostinato, que repite continuamente la melodía. Parte de la sociedad argentina que creyó o vio a sus padres creer en la receta que fracasó en 1980, 2001, 2018/9 percibe una repetición en esta canción que toca Milei.
El peronismo no tiene nuevas canciones, amagó Kicillof pero al no mostrarlas parece estar pensando que hacerlo sería contraproducente, y en el vacío Milei es el rey.
Pero el vacío pide ser completado.
Veremos, mañana Brasil, el martes Israel, el 3 Estados Unidos y, como todo parece indicar, el pape León XIV la semana siguiente.
Vienen tiempos interesantes.










