Antes de mudarse a Neuquén, Christoper trabajó dirigiendo la comunicación de empresas en un total de 27 mercados europeos. Foto: gentileza.
Desde 2025, Christopher Rust (38), consultor alemán especializado en comunicación vive con su familia en Neuquén. En esta entrevista habla sobre las oportunidades de los vinos argentinos en Europa, su trabajo con productores de Mendoza y el desarrollo de vīndt trade, una nueva línea de negocios que también busca abrir oportunidades para otros productos argentinos.
Cómo terminó un alemán viviendo con su familia en la Patagonia fue la primera pregunta que le hicimos. “Es una historia que empezó hace once años (se ríe). En 2015 conocí en Hamburgo a quien hoy es mi esposa. Ella es de Neuquén y, desde entonces, siempre estuvo presente la pregunta de cuándo íbamos a vivir en Argentina, nunca si lo íbamos a hacer. Vinimos muchas veces, visitamos a su familia y recorrimos buena parte del país. Así que me enamoré perdidamente de mi mujer y también de su tierra”, comparte.
“En 2025 finalmente tomamos la decisión y nos mudamos a Neuquén con nuestra hija, nuestro perro y un pasaje de ida. Por eso, vivir acá se siente más como un paso lógico que como empezar de cero. Y probablemente también haya influido un poco que, en mi primera visita, tomé agua del río Limay.
¿En qué momento el vino pasó de ser un interés personal a un tema profesional para vos?
Bastante tarde. El vino siempre estuvo presente, pero durante mucho tiempo asociaba el vino argentino principalmente con Mendoza. Recién a través de nuestros viajes y, después, con la mudanza, empecé a descubrir la diversidad vitivinícola que existe también en Neuquén y Río Negro. El momento en que realmente hice el clic fue en la Antigua Bodega Patagónica, en Roca. Carlos Banacloy nos mostró su cava y, entre las barricas, la historia del lugar y todo lo que nos contaba, me di cuenta de cuánto hay acá que todavía se conoce muy poco fuera de la región. Después empecé a hacerme una pregunta: cuando pienso en la Patagonia, enseguida me vienen imágenes muy concretas a la cabeza. Pero ¿qué asocia alguien en Alemania o en otro país europeo con una botella de vino patagónico? Ahí fue cuando empecé a interesarme por el tema desde una perspectiva profesional.
¿Qué papel juega el origen de los vinos argentinos en el mercado europeo?
Para mí, la identidad se construye en distintos niveles: Argentina como país productor de vino, regiones como Mendoza, Neuquén o Río Negro, después cada bodega con su historia y su forma de trabajar y, finalmente, el vino en sí. Mendoza tiene una historia y un reconocimiento diferentes a los de la Patagonia. Y también hay muchas diferencias entre los productores de una misma región. Por eso es importante tener claro qué transmite el origen y qué distingue a cada bodega. La Patagonia tiene una ventaja importante en ese sentido. Es una región que ya cuenta con una identidad muy marcada a nivel internacional. En Europa, el nombre despierta enseguida imágenes de grandes paisajes, viento, montañas o estepa. Patagonia genera imágenes, pero todavía no necesariamente imágenes relacionadas con el vino. Si logramos vincular esa percepción con el vino de una manera creíble, el origen puede ayudar a que el consumidor lo ubique y lo entienda mejor. Y ese principio vale también para otras regiones: el origen abre una puerta, pero cada bodega tiene que explicar por qué su vino merece atención.
¿Qué necesitan los vinos argentinos para ganar visibilidad y venderse mejor en Europa?
Sobre todo, saber transmitir con claridad qué hace especial a cada vino. El origen puede ser una referencia importante, pero por sí solo no explica por qué alguien debería elegir una botella en particular. Además, ese mensaje tiene que mantenerse a lo largo de toda la cadena comercial. Una bodega puede contar muy bien su historia en Argentina, pero si cuando el vino llega al importador, al comerciante, al sommelier o al consumidor lo único que queda es que se trata de un «vino argentino», se pierde buena parte de lo que lo diferencia. Y ahí es donde la comunicación tiene un impacto muy concreto. Que un vino esté incorporado a un catálogo no significa que exista demanda. Si el importador, el comercio o el restaurante no pueden explicar por qué ese vino puede interesarles a sus clientes, corre el riesgo de pasar desapercibido o de terminar compitiendo principalmente por precio. Por eso, para mí, la comunicación no empieza con una publicación en Instagram. Empieza preguntándonos qué necesita un importador, un comerciante o un sommelier para recomendar y vender un vino de manera convincente, y qué información tiene que llegar finalmente al comprador. Para eso hacen falta materiales adecuados y presencia entre importadores, comercios, restaurantes, degustaciones y medios de comunicación. Lo importante es que esa presencia genere demanda y que los clientes vuelvan a pedir los vinos.
¿Cómo surgió vīndt a partir de esa experiencia y cómo fue evolucionando el proyecto?
Empecé a preguntarme cómo podía aprovechar mi experiencia en los mercados europeos para ayudar a las bodegas argentinas. A partir de las primeras conversaciones con productores y de conocer los desafíos que enfrentaban, fue tomando forma vīndt. El punto de partida fue la Patagonia, donde vivo y donde hice mis primeros contactos. Hoy trabajamos con una mirada que abarca bodegas de toda Argentina. Mi intención no es decirle a una bodega quién es. Ellos conocen su vino y su historia mucho mejor que yo. Mi trabajo empieza cuando nos preguntamos cómo hacer que esas fortalezas sean relevantes en un mercado europeo: ¿a quién le puede interesar ese vino y cómo llegamos a esas personas? Esto cobra cada vez más importancia en Europa, donde el consumo de vino viene cayendo en muchos mercados. Para mí es un poco como una góndola que se va achicando: cuando hay menos espacio, no alcanza con poner cada vez más botellas y esperar que alguna encuentre su lugar. Cada vino necesita una razón clara para estar ahí y, sobre todo, para quedarse. Un ejemplo es nuestro trabajo con Huarpe Riglos Family Wines, de Mendoza. La empresa, que reúne a las familias Hernández Toso y Werthein, cuenta con dos líneas de vinos, Huarpe y Riglos, cada una con su propio perfil. Esto demuestra que incluso dentro de una misma bodega puede tener sentido desarrollar estrategias diferentes para los mercados europeos. Nuestro trabajo consiste en entender esas particularidades y definir juntos los caminos más adecuados.
Cuando hablás de Europa, ¿a qué mercados te referís concretamente?
Mi principal foco está en Alemania, Austria y Suiza. Además, trabajamos con la mirada puesta en Francia, Bélgica y Países Bajos. Lo importante es entender que Europa no es un único mercado del vino. Alemania funciona de una manera distinta a Suiza, y Países Bajos tiene características diferentes a las de Bélgica o Francia. Cambian los hábitos de consumo, los precios, los canales de distribución, las estructuras de importación y el conocimiento que existe sobre las distintas regiones vitivinícolas. Por eso, decir «queremos exportar a Europa» no alcanza. Las preguntas concretas son: ¿a qué mercado, con qué vino, a qué precio, para qué público y a través de qué canal? Recién a partir de esas respuestas podemos definir qué contactos y qué tipo de comunicación tienen sentido. Y si en ese análisis vemos que otro mercado europeo ofrece mejores oportunidades para una bodega, tampoco lo descartamos. En ese caso, evaluamos cómo podemos trabajar allí y qué socios locales o conocimientos específicos necesitamos incorporar.
Venís del mundo de la comunicación y ahora, con vīndt trade, estás desarrollando una segunda línea de negocios ¿Cómo se relacionan ambas actividades?
Mi experiencia está en la comunicación, el posicionamiento y la manera en que los productos son percibidos en diferentes mercados europeos. Antes de mudarme a Argentina, trabajé, entre otras cosas, dirigiendo la comunicación de empresas en un total de 27 mercados europeos. Eso me permitió entender las diferencias entre mercados y la importancia de contar con los socios locales adecuados. En paralelo al trabajo con bodegas, fueron surgiendo contactos con socios del sector alimenticio europeo. A partir de esas conversaciones aparecieron necesidades concretas de abastecimiento y la pregunta de qué productores podrían responder a esos requerimientos de manera confiable. Así empezó a desarrollarse vīndt trade. Hablamos con compradores europeos para entender qué productos buscan y cuáles son sus exigencias, y a partir de ahí identificamos productores adecuados en Argentina. Entre los productos que estamos trabajando se encuentran la carne vacuna, los pescados y mariscos, y la yerba mate. Evaluamos aspectos como la calidad, los volúmenes disponibles y la capacidad exportadora, y trabajamos junto a socios especializados en abastecimiento y comercio internacional. Es una actividad que todavía está en desarrollo. En el sector del vino, nuestro trabajo se concentra en el desarrollo de marcas, la comunicación y el acceso a los mercados. Con vīndt trade sumamos el abastecimiento y la vinculación de productores con compradores europeos de otros rubros. Ambas actividades aprovechan nuestro conocimiento de los mercados y nuestra red de contactos en Europa, aunque tienen modelos de negocio diferentes.
Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.












