La ciudad indonesia de Palangkaraya, capital de Kalimantan Central, enfrenta una emergencia sanitaria y educativa por el humo tóxico de los incendios forestales y de turberas que cubre grandes extensiones del archipiélago. Después de casi dos meses de cielos opacos y aire contaminado, el Ministerio de Salud registró cerca de 310.000 casos de infecciones respiratorias agudas. La mitad de esos afectaron a niños menores de 10 años.
La crisis excede a esta ciudad de la isla de Borneo. Los incendios consumieron alrededor de 1,9 millones de hectáreas en Indonesia desde el inicio del año, según la plataforma de monitoreo Nusantara Atlas. Solo en septiembre ardieron cerca de un millón de hectáreas. La sequía vinculada a El Niño y el retraso de las lluvias agravaron una temporada de fuego que volvió a poner bajo escrutinio las prácticas de quema para desmontar y habilitar terrenos.
El director de una escuela secundaria cristiana, Natanael Undas, relató a The Telegraph que la falta de luz solar y la dificultad para respirar se volvieron parte de la rutina en Palangkaraya. La nube de humo también alcanzó a Malasia y Singapur, mientras crecieron las presiones sobre el Gobierno indonesio dentro y fuera del país.
Casi 60 días sin clases presenciales agravan el riesgo de atraso escolar
Las escuelas de Kalimantan Central suspendieron las actividades presenciales hace casi 60 días por la intensidad de la neblina. Undas, al frente de una institución con unos 200 alumnos, advirtió que la educación remota dificulta sostener la atención y el intercambio cotidiano que permite el aula. El problema ya había provocado cierres en 2023 y, de acuerdo con el docente, también se repitió en 2019, 2016, 2015 y 2014.
La preocupación va más allá de las jornadas perdidas. La exposición reiterada al humo puede afectar la salud y el desarrollo infantil durante años, de acuerdo con investigaciones citadas por el diario británico. Un estudio sobre los incendios de 1997 en Indonesia concluyó que quienes estuvieron expuestos durante sus primeros años de vida medían, a los 17 años, 3,4 centímetros menos que quienes no habían enfrentado esa contaminación. También presentaban menor capacidad pulmonar y acumulaban menos tiempo de escolarización.
Otra investigación, publicada en Nature Sustainability, revisó los resultados de lengua y matemáticas de 11.700 distritos escolares de Estados Unidos entre 2009 y 2016. El trabajo detectó bajas en los puntajes incluso con niveles reducidos de exposición al humo. La Asociación de Filantropía de Indonesia (PFI) alertó que la repetición de estos episodios podría dejar a una generación con consecuencias físicas y cognitivas persistentes.
El epidemiólogo Pandu Riono, de la Universidad de Indonesia, afirmó que el impacto real puede ser mayor que el reflejado en los registros oficiales, ya que muchas personas no concurren a los hospitales. El especialista advirtió que el aire contiene partículas microscópicas y monóxido de carbono, sustancias que afectan especialmente a los menores, cuyos pulmones.
Las turberas secas alimentan incendios que continúan bajo tierra durante semanas
Los incendios en tierras de turba agregan un obstáculo para las brigadas. Indonesia alberga aproximadamente el 36 % de las turberas tropicales del planeta. Cuando estos suelos se resecan, el fuego puede extenderse bajo la superficie durante semanas, incluso después de que las llamas visibles hayan sido apagadas. Ese proceso libera partículas finas y grandes volúmenes de carbono.
Nisa Novita, especialista forestal y de turberas de la Fundación para la Conservación de la Naturaleza del Archipiélago (YKAN), explicó a The Telegraph que El Niño redujo el nivel de agua y volvió más áridos esos terrenos. La escasez también limitó el acceso al agua de lagos y ríos para combatir los focos. La experta señaló que la sequía agravó la emergencia, aunque vinculó el origen de los incendios con prácticas humanas de desmonte.
Las consecuencias también recaen en quienes enfrentan las llamas. Anggi Auliyani Suharja, docente universitaria que acompañó a brigadistas del Ejército en Kalimantan del Sur, contó que sufrió vómitos, intensos dolores de cabeza y debilidad tras pasar un breve lapso en el frente de combate. Al menos cuatro personas murieron en esa región mientras participaban de las tareas de extinción, según informó el medio británico.
El despliegue de 60.000 personas no frenó los reclamos por una emergencia nacional
La administración del presidente Prabowo Subianto informó el despliegue de 60.000 efectivos, aeronaves para descargar agua y operaciones de siembra de nubes. El secretario de Estado, Prasetyo Hadi, aseguró que el Gobierno movilizó tropas terrestres, aviones y voluntarios para contener los incendios.
Sin embargo, manifestaciones en Yakarta y distintas ciudades de Borneo exigieron acciones de mayor alcance. Los participantes pidieron declarar una emergencia nacional, una medida que permitiría habilitar recursos adicionales, y reclamaron controles más estrictos sobre las quemas destinadas a abrir terrenos.
Subianto sostuvo la semana pasada que la única solución real sería la llegada de las lluvias. En Palangkaraya, Undas teme que la bruma persista hasta diciembre si continúa el retraso de la temporada húmeda. “Crecí con esta neblina, pero no quiero que mi hija crezca también con ella”, concluyó.












