Apenas cinco días bastaron para que las autoridades de Kusatsu, en la provincia de Gunma, al norte de Tokio, decidieran clausurar nuevamente el paso al lago Yugama, una laguna de aguas verde esmeralda enclavada en el cráter del monte Kusatsu-Shirane. El paraje, que llevaba ocho años sin recibir turistas, volvió a quedar fuera de alcance tras una masiva afluencia que desbordó la capacidad del lugar y reavivó las preocupaciones por el riesgo de erupción volcánica. La apertura, del 13 de octubre, respondía a la reducción del nivel de alerta al mínimo —categoría 1 en la escala de cinco puntos de la Agencia Meteorológica de Japón (JMA)— decretada en mayo de este año. Sin embargo, la respuesta del público superó cualquier previsión: cerca de 4.000 vehículos circularon por los alrededores durante el fin de semana, según informó la agencia estatal japonesa NHK.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.








