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    La interna del oficialismo cambia de foco y de terreno: tensión con Patricia Bullrich en el acelerado camino electoral

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    La interna del oficialismo cambia de foco y de terreno: tensión con Patricia Bullrich en el acelerado camino electoral

    Un cuestionamiento y una ausencia terminaron de exponer que la interna del oficialismo cambió dramáticamente de foco y de terreno. Patricia Bullrich criticó abiertamente la última escalada de Javier Milei contra el periodismo -que dejó la alarmante y oscurantista referencia a la “hoguera” para quienes considera enemigos– y decidió no participar de la reunión de Gabinete nacional en el arranque de la semana, horas después del impactante triunfo de Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro. Son los dos capítulos más recientes de una historia abierta, pero suficiente para desplazar de la cartelera libertaria a la serie protagonizada por Karina Milei y Santiago Caputo. Y para destacar que el tema pasa por las elecciones. Una combinación inquietante.

    Las reuniones de gabinete ampliado incluyen habitualmente a Martín Menem por Diputados, en su condición de presidente de la Cámara y no del bloque, y a Bullrich, como jefa de bancada y no como autoridad del Senado. Es decir, se trata hasta ahora de asistentes por su lugar político y no por el cargo. Martín Menem responde a Karina Milei y, en cambio, la senadora juega por sí sola. Eso ya venía generando tensión, pero creció a tal punto que desde el círculo presidencial dejan trascender la orden de no confrontar ni darle vidriera de exposición a la ex ministra.

    En ese contexto, no asomaron esfuerzos para negar el sentido político de la última decisión de Bullrich, más allá de la frase de ocasión sobre “motivos personales” para justificar la inasistencia al encuentro de Gabinete. Al revés, fueron destacadas al menos tres cuestiones. La primera, el oleaje producido por su rechazo a la última carga presidencial contra periodistas y medios. La segunda, el recelo sobre la actitud a tomar frente al resultado electoral de Brasil, que descoló al Gobierno, encerrado en el silencio. Y la tercera, la decisión de evitar una foto de ocasión en la Casa Rosada. Eso último sonó más a picardía posterior que a previsión de la puesta en escena realizada en el balcón de la Casa Rosada.

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    El cuestionamiento a la escalada discursiva de Milei tendría un antecedente, según la versión que circuló en el Senado. Lo público fue la declaración de la senadora advirtiendo que el Presidente “cruzó un límite” con aquella frase sobre la hoguera. Pero antes, habría existido una conversación reservada con Milei sobre la necesidad de bajar la intensidad y frecuencia de las declaraciones o discursos descalificadores.

    Por supuesto, nadie en el oficialismo y tampoco fuera de los límites libertarios -incluso, más allá de la política- tiene una mirada ingenua sobre este episodio, entre otras razones porque no es un hecho aislado. Un par de día antes, había sido el turno de un nuevo video, esta vez significativo por los autores de la música: Plan B. Las señales se venían sumando desde la etapa de mayor desgaste del Gobierno por el caso Adorni. Y la más notoria apuntó a la realidad económica. Todo, con el añadido de los costos provocados por proyectos adjudicados a la visión más cerrada del Ejecutivo: el más reciente, el impulso y retroceso con la ley de Tierras, que acaba de volver a la Cámara alta como consecuencia de las concesiones hechas por LLA en Diputados frente a la ofensiva opositora.

    De todos modos, el dato político más notable es el giro que expone esta tensión en el interior del oficialismo. Son diferentes las características. Las disputas entre Karina Milei y Santiago Caputo siempre tuvieron, y tienen, relación con el manejo del poder. Se trata de una pelea en el círculo más estrecho de Olivos, que involucra gestión, cargos, relación con la Justicia, negociaciones con aliados, entre los principales renglones. En cambio, Bullrich no es parte de ese núcleo y la interna está centrada en el plano electoral.

    Las especulaciones sobre la actitud del Presidente frente al triunfo de Lula da Silva suman pinceladas al cuadro. Bullrich, que respaldó a Bolsonaro con un aporte solicitado en el final de la campaña, habría trasmitido prevenciones frente a la posibilidad de que el Gobierno saliera formalmente a cuestionar el resultado electoral. Milei guardó silencio durante el día posterior al balotaje.

    El domingo por la noche, se especulaba con que el impacto del triunfo electoral de Lula da Silva constituiría el tema principal de la reunión de Gabinete. El primer reflejo público fue el intento de restarle trascendencia al hecho. El saludo a un grupo de estudiantes desde un balcón de la Casa Rosada tuvo esa intención, aunque jugó en sentido inverso. Resultó llamativo el “six seven” que actuó el Presidente.

    Desde el Gobierno dijeron que el tema Brasil no fue tratado en la reunión. Y que la intervención de Milei apuntó exclusivamente a ratificar la política económica. El mensaje tuvo otra vez sentido interno, y no únicamente por el planteo público de Bullrich. Pero además, expuso el malestar sino el desconcierto por la derrota de Bolsonaro, después de días de trasmitir expectativas por su triunfo como continuidad y ampliación de los números de la primera vuelta electoral.

    La reacción de Donald Trump -que dejó frases descalificadoras de la elección, pero sin atacar a Lula da Silva- tampoco había gatillado hasta anoche un pronunciamiento de Milei o de la Cancillería. Se sumó el viraje en la posición inicial de Bolsonaro, según medios brasileños por falta de sostén para pedir la anulación de los comicios y por planteos de algunos aliados políticos, al punto que su propio espacio, el PL, reconoció el resultado. Para completar, presidentes de la región alineados con matices en la derecha -Chile, Paraguay, Colombia, Perú, Bolivia- expresaron sus saludos al presidente reelecto.

    En el frente local, se anotaron las celebraciones de la oposición dura y también los mensajes de aliados y dialoguistas. Fue el caso de Mauricio Macri y el PRO, de la UCR y de algunos provinciales. En ese contexto, las prevenciones de Bullrich añadieron un ingrediente interno frente al sacudón que provoca la diplomacia libertaria, absolutamente dominada por el factor ideológico sectario.

    Fuente: infobae/politica — ver publicación original.

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