Diego se sentó a ver Argentina-Bulgaria por televisión, pero sólo aguantó 25 minutos. Anímicamente destrozado, se marchó a llorar a su habitación…
Diego Armando Maradona había vuelto a sonreír. A los 33 años, después de un enorme esfuerzo físico para llegar al Mundial de Estados Unidos 1994, se sentía otra vez protagonista con la camiseta argentina. Había convertido un golazo ante Grecia y participado del triunfo frente a Nigeria. Pero el 28 de junio, apenas dos días después de aquella victoria, recibió una noticia que transformó su ilusión en una pesadilla: su control antidóping había dado positivo.
El periodista Daniel Arcucci reconstruyó para El Gráfico las horas más dolorosas del Diez. Aquella tarde, Maradona todavía repartía sonrisas en el entrenamiento y hasta bromeaba con los periodistas sobre su rendimiento. Sin embargo, cerca de las ocho de la noche, su representante Juan Marcos Franchi le comunicó el resultado del análisis. Diego abandonó la camilla donde lo atendía el masajista Salvatore Carmando y estalló: «¡Me rompí el c…!, ¿me entendés? ¡Me rompí el c… como nunca y ahora me viene a pasar esto!». Después llegó un llanto que, según la crónica, se extendió durante toda la noche.
Los análisis habían detectado efedrina, una sustancia prohibida por la FIFA. Las sospechas apuntaron a medicamentos que Maradona habría consumido sin consultar al cuerpo médico y al trabajo de Daniel Cerrini, su preparador físico personal. Mientras sus allegados intentaban encontrar una salida, Diego comprendía que su regreso al máximo nivel podía terminar de la peor manera. «¡Acá el que se hunde es Maradona!», gritó, antes de que Fernando Signorini, su histórico preparador físico, le recordara que quienes lo acompañaban también sufrirían las consecuencias.
La despedida de Maradona y la escena más triste del Mundial 94
El jueves 30 de junio, la Asociación del Fútbol Argentino anunció que retiraba a Maradona de la competencia. El Diez recibió la noticia como un abandono. «Me cortaron las piernas y encima no me dejan defenderme», les repetía a Franchi y Signorini, con la voz quebrada. Poco después, en una entrevista con Canal 13, sostuvo: «Yo no me drogué… Cualquiera que me haya visto entrenar sabe que yo no necesitaba droga para correr como corrí y para jugar como jugué».
Esa misma tarde, Argentina debía enfrentar a Bulgaria. Maradona, que hasta entonces había sido el capitán y símbolo del equipo, se sentó en el piso de una habitación del hotel frente a un televisor. Por primera vez en aquel Mundial, sus compañeros saldrían a la cancha sin él. Apenas soportó 25 minutos del partido. Se levantó, regresó a su cuarto y se quedó solo. Según relató Arcucci, allí volvió a llorar.
La imagen cerró de la manera más cruel su historia en los Mundiales. El futbolista que había llevado a Argentina a la gloria en México 1986 y a otra final en Italia 1990 se despedía sin poder pisar nuevamente una cancha. Entre la bronca y la tristeza, dejó una frase que reflejó su desesperación: «No sé… No sé qué voy a hacer con mi vida…». Detrás del ídolo, como escribió Arcucci, había un hombre herido que necesitaba ayuda más que nunca.
Fuente: Daniel Arcucci, enviado especial de El Gráfico al Mundial de Estados Unidos 1994.
Más de Maradona y El Gráfico
La primera noche del 10: las fotos inéditas del debut de Maradona con la diez de Argentina
Fue campeón del mundo, hizo historia en México y se fue entre lágrimas: los 17 años de Maradona en Argentina
Lo vendieron como «paquete» y terminó Dios: la increíble historia de Maradona en Napoli
El gol que Maradona quiso regalarle a Caniggia en su regreso a Boca y no pudo concretar
El día que Maradona firmó con Barcelona: la pelea por dinero, la camiseta que no se puso y el contrato histórico












